La Corporación de Periodistas del Pacífico exige que las investigaciones no involucren al conductor del programa Llegó la Hora,
quien le dio el micrófono al funcionario asesinado un día antes de su muerte.
Un crimen sacudió esta semana a Santander de Quilichao y dejó en el centro de una tormenta a uno de los periodistas más reconocidos del norte del Cauca. Milton Penagos Enríquez, funcionario de Emquilichao E.S.P., fue asesinado el miércoles 22 de abril de 2026. El día anterior, el martes 21, había participado como entrevistado en el programa radial Llegó la Hora, conducido por Diego Luis Carabalí Carabalí, un comunicador con más de treinta años de trayectoria en la región.
La coincidencia de fechas —una entrevista, un asesinato al día siguiente— desató lo que el gremio periodístico describe como conjeturas delicadas contra quien simplemente cumplió su labor.
El periodista solo hizo su trabajo
Según el comunicado emitido por la Corporación de Periodistas del Pacífico, afiliada a la Federación Colombiana de Periodistas (FECOLPER), los hechos son contundentes: Penagos Enríquez solicitó un espacio de réplica para referirse públicamente a asuntos relacionados con su cargo en Emquilichao E.S.P. Carabalí Carabalí atendió esa solicitud conforme a la ley y a los principios éticos del periodismo: concedió el espacio, dio la voz y cumplió su función.
«Ningún elemento en ese acto puede interpretarse con alguna relación de causalidad con la muerte violenta del entrevistado», señala la organización en su pronunciamiento dirigido a la FLIP, a Reporteros Sin Fronteras, a la Federación Internacional de Periodistas y a la opinión pública nacional e internacional.
La legislación colombiana y los estándares internacionales de libertad de prensa son claros al respecto: garantizar el derecho de réplica no es una opción, es una obligación. Y esa obligación legal no puede convertirse en fuente de estigmatización para quien la cumple.
Treinta años de oficio como respaldo
Diego Luis Carabalí Carabalí no es un nombre desconocido en el norte del Cauca. Su carrera periodística, construida durante más de tres décadas de ejercicio transparente en Santander de Quilichao y la región, es, según sus colegas, el mejor aval de su integridad.
La Corporación de Periodistas del Pacífico sostiene que su obra, su conducta y su historial profesional son incompatibles con cualquier intento de relacionarlo con hechos ajenos al cumplimiento de su deber. En ese mismo sentido, la organización convoca a la sociedad quilichagueña y caucana —que ha sido testigo de su trabajo a lo largo de los años— a no permitir que anuncios de mala fe empañen la trayectoria de un periodista comprometido con la defensa de las causas justas y el bienestar colectivo.
Exigencias al Estado y a la sociedad
La Corporación de Periodistas del Pacífico exige a las autoridades competentes investigar con rigor e independencia el asesinato de Penagos Enríquez, sin que las líneas de investigación apunten, directa ni indirectamente, hacia el periodista que le cedió la palabra en ejercicio de su función legal.
Asimismo, hace un llamado a medios de comunicación, instituciones y ciudadanía para que se abstengan de insinuar o sugerir vínculos entre el trabajo periodístico y la tragedia ocurrida. «Facilitar un micrófono para una réplica o denuncia es una obligación constitucional, no un acto de mala fe ni una toma de partido en conflictos ajenos», advierte la organización.
Una alerta más amplia
Para la Corporación de Periodistas del Pacífico, lo ocurrido refleja la situación de extrema vulnerabilidad en que ejercen su oficio los comunicadores del periodismo regional. En territorios como el norte del Cauca, el periodismo es ya de por sí una labor de alto riesgo. Cualquier señalamiento infundado agrava ese riesgo y desalienta el ejercicio libre de la prensa.
Por ello, la organización solicita a la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) y a los organismos de derechos humanos realizar un seguimiento preventivo a la situación de los periodistas en Santander de Quilichao, con una advertencia directa: el silencio no puede ser la única opción de seguridad para la prensa regional.
El principio en juego
Más allá del caso particular, el gremio reclama que se respete un principio fundamental de la democracia: el periodismo existe para dar la voz, registrar la realidad y facilitar el debate público. Esa función implica, inevitablemente, darles espacio a personas que en ocasiones se convierten después en protagonistas de hechos que nadie pudo anticipar. Confundir esa circunstancia con responsabilidad, concluye la Corporación, es un error que ninguna sociedad democrática puede permitirse.