El Holocausto del siglo XXI

El Holocausto del siglo XXI
Las cifras son insoportables, pero el mundo las traga sin angustia.
En octubre de 2025 se cumplirán dos años del inicio del genocidio en la Franja de Gaza, una masacre avalada por la pasividad de la llamada «comunidad internacional». También, casualmente, se cumplen los tiempos procesales que podrían blindar la impunidad de otro protagonista de impunidad nacional: Álvaro Uribe Vélez. Pero volvamos a Gaza.
Desde el 7 de octubre de 2023, la ofensiva israelí ha dejado cerca de 55.000 palestinos muertos, incluyendo al menos 15.000 niños, 124.693 heridos y 1.9 millones de desplazados. Son cifras del Ministerio de Sanidad gazatí, validadas como referencia por la ONU. Y, sin embargo, no parecen provocar ninguna acción real.
Esta mañana supe que la activista Greta Thunberg y otras 11 personas habían zarpado hacia Gaza a bordo de una flotilla. El grupo pretende llevar ayuda y aumentar la «conciencia internacional» sobre la situación en la Franja.
En Colombia, también han habido pronunciamientos importantes. Sin embargo, la tragedia, la devastación, el crimen contra la humanidad no se detiene.
El eufemismo de la ‘autodefensa’
¿Puede una supuesta operación de rescate justificar esta devastación? ¿Puede un Estado que afirma defenderse utilizar tanques Merkava, drones Hermes 900, bombas inteligentes y tecnología militar de cuarta potencia global contra una población sin ejército, sin aviación, sin escudos antiaéreos? Gaza no tiene ejército. Gaza tiene niños que escriben su nombre en las piernas para que los reconozcan entre los escombros. Tiene médicos que operan sin anestesia. Tiene madres que entierran a sus hijos en bolsas plásticas.
Genocidio con sello de impunidad internacional
El desequilibrio absoluto entre una potencia militar y un pueblo cercado ha sido denunciado por premios Nobel, juristas, relatores de la ONU y jefes de Estado de América Latina y África como genocidio. Los hechos son devastadores: ataques indiscriminados, destrucción de hospitales y escuelas, bombardeos sobre corredores humanitarios, y un asedio que convierte cada calle en una fosa común.
La ONU ha emitido 12 resoluciones «preocupadas» desde octubre. Pero no hay sanciones. Estados Unidos veta incluso la palabra “alto al fuego” mientras transfiere miles de millones en armas a Israel. Alemania reprime manifestaciones pro-Palestina y vende submarinos nucleares. España compra gas israelí extraído de aguas costeras bloqueadas.
¿Dónde está la comunidad internacional? «Monitorea», dicen. «Llama a la moderación», repiten. Mientras tanto, cada hora muere una familia en Gaza.
El diccionario del cinismo
«Estamos profundamente preocupados», repiten los diplomáticos. Como si observar fuese suficiente. Como si emitir comunicados en papel membretado sirviera para frenar el crimen. Gaza no necesita condolencias. Necesita sanciones reales, aislamiento diplomático y justicia penal internacional.
Netanyahu no frena por comunicados. Lo haría si los cimientos que lo sostienen —militar, económico, diplomático— comenzaran a desmoronarse. Pero no hay voluntad. Porque el mundo no quiere ver lo que es evidente: el genocidio avanza con complicidad global.
Los crímenes masivos de la historia
La humanidad ha registrado horrores similares:
La esclavitud transatlántica (siglos XVI–XIX): más de 12 millones de africanos deshumanizados y esclavizados.
El genocidio indígena en América: millones de víctimas por masacres, enfermedades, despojo y destrucción cultural.
El Holocausto (1933–1945): seis millones de judíos exterminados por el régimen nazi.
Las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki (1945): más de 200.000 muertos.
El genocidio armenio, el Holodomor ucraniano, Ruanda, Camboya, Congo belga, Srebrenica, entre otros.
Todos comparten un patrón: la deshumanización sistemática, la impunidad prolongada y la retórica vacía de las potencias mundiales.
Tengo derecho a pensar que a un pueblo que haya sido víctima del Holocausto, esa nefasta condición no lo exime de responsabilidad, es decir, no lo habilita para intentar repetirlo. La memoria del sufrimiento debe inspirar justicia, no justificar nuevos horrores. Miremos el siguiente mensaje de hace exactamente un año:
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