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Lunes, 12 de octubre de 2026
domingo 6 diciembre, 2009 a las 8:31 pm

Cartas de Jamaica de los Quilichaos

Otoño 6 del año de gracia 2009

Centro de Memoria

Por Jesús Antonio Lozada Yule

El pasado 27 de noviembre se nombró la junta directiva del Centro Municipal de Memoria de Jamaica de los Quilichaos, que tendrá entre sus funciones salvaguardar y promover la recuperación y apropiación de los valores patrimoniales locales.

Durante la sesión adelantada en las instalaciones de la Universidad del Cauca, Amanda Moreno, profesora del colegio Fernández, manifestó su inconformidad por la construcción “del horroroso edificio de COMFACAUCA”, que se constituye en una especie de monstruo, que rompe con toda la estética de la arquitectura tradicional del centro de Quilichao, sin acogerse a las normas urbanísticas que la Oficina de Planeación Municipal está obligada a hacer cumplir, en cuanto a la preservación del patrimonio urbano y paisajístico, por encima de intereses particulares o políticos.

Esta queja inicial tuvo un gran respaldo por parte de los asistentes; incluso, el profesor Daniel Brunelesh manifestó su inquietud en igual sentido, ya que en la modificación del colegio Limbania Velasco, tampoco se tuvo en cuenta la preservación de la fachada republicana, que hacía parte de un conjunto muy armónico, al frente del parque lineal, que quizás, es una de las zonas más bellas de Jamaica de los Quilichaos.

De otra parte, se constituyeron tres comisiones de trabajo que abordarán las siguientes temáticas: Archivo de la Memoria Local, Recuperación de la Historia y Emprendimiento Cultural. Finalmente, los asistentes fueron convocados para la primera capacitación, que se efectuará el siete de diciembre en las instalaciones de UNICAUCA.

El comité directivo del Centro de Memoria Urbana, quedó conformado así: Director, Hardy Ambuila, Fundación Quilisamanes; Secretaria, María Victoria Villamil Sterling, Universidad del Cauca y Cristóbal González, por la Secretaría de Educación y Cultura Municipal. (Foto/Sandungerock).

REFRESCATE LA MEMORIA:

PERSONAJES URBANOS DE JAMAICA DE LOS QUILICHAOS

Fufú

A veces se mostraba como un ser amante de los vegetales del trópico, por su forma de consumirlos, su mirada rojiza y perdida y la repentina euforia que le causaban. Hasta se diría que era un man muy urbano y adelantado para su época. Tenía pinta de los años cincuenta, pero no era un rocanrollero, sino un pirobo de tierra caliente, caribeño: “Con ese tumbao que tienen los guapos al caminar”; se peinaba con una mota engominada como la de Elvis Presley; usaba yines apretados, camisas estrafalarias y zapatos apaches sin medias.

Las vecinas de Barrio Belén y El Rosario comentaban escandalizadas, que “era un marihuanero”, como el “Jefe” Daniel Santos o como Mick Jagger. ¿Qué más da? Igual de artista, con menos bombo. Cantaba las canciones del “Jefe” con mucho corazón y sentimiento, como quien carga con una pena muy honda que no lo deja vivir. Con la respiración entrecortada en vilo, como si fuera el ultimo suspiro, para que no se le saliera el humo: “Sale loco de contento con su cargamento para la ciudad, siii, para la ciudad; piensa remediar la situación…”

Lo cierto es que el tipo, si se castigaba el coco, pero era un ser inofensivo y bohemio que le gustaba la mata ciguaraya, sólo para subirse el ánimo y divertir a los vecinos con sus canciones de corte antillano.

Tenía buena voz e interpretaba también a Tito Cortés; dicen que en una ocasión, que visitó a Quilichao, escuchó a su imitador y quedó descrestado. Hasta le pareció que cantaba mejor que Daniel, y que él mismo, que era el representante del “Jefe” en Colombia. Por eso trató de incorporarlo a su grupo de músicos, pero parece que “Fufú”, tenía un compromiso ineludible con su parche de amigos, su estilo de vida pasional, acelerada, y con la eternidad.

Se bebió los años que le sobraban de un golpe, sin pedirle consentimiento a nadie; sin importarle que la fama le hacía guiños. Al final, en la vecindad, quedó sólo el eco melosos de sus canciones trágicas y adoloridas, retumbando en la “vieja esquina de mi barrio donde he dado el primer paso”…

Chao Quilichao

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lunes 5 octubre, 2009 a las 9:32 am

Cartas de Jamaica de los Quilichaos

Otoño 5 del año de gracia 1998

Los pecados de la justicia
En la época de doña Inés de Hinojosa

Por: Jesús Antonio Lozada Yule

Resulta que por disposición de los corregidores de la Real Audiencia de la muy noble “Patojilandia”, aquí en el Real de Minas de la parroquia de Quilichao; los súbditos, de la encomienda, sean criollos esclavos remisos o cimarrones en ciernes, no podrán entrar a las instalaciones del autodenominado ”palacio de justicia” en indumentarias como guayuco, bermudas y sandalias; so pena de ser detenidos por el vigilante.

Me excusarán de antemano sus señorías de las cortes, pero por la gracia que me concede Pacha Mama Santísima, os conmino, en primer lugar a aclarar, si el mencionado inmueble en decadencia puede nombrarse “Palacio” y de “Justicia”, sin faltar a la verdad.

Si es cierto como afirma vuestro inspirador, el criollo remiso, general Santander “que las leyes os darán la libertad”; resulta inexplicable que en este año de gracia del Señor de 1998, cuando hemos soñado con la independencia del Nuevo Reino de Granada, según los libros que ustedes mismos escriben, vuestras instituciones sigan siendo anacrónicas y excluyentes .

Los indios bautizados y los criollos de buen vivir y costumbres inmarcesibles, fieles a los partidos tradicionales, que incluso asistieron a la reciente coronación del virrey Carlos Lemos Simonds; por la gracia de Dios, y de nuestro bolsillo de contribuyente, se preguntan si nuestro ilustre Santanderista que ha proclamado con la sabiduría de su estirpe que él y sus súbditos “son costeños de Popayán”, podrá intervenir con sus buenos oficios y su audaz zalamería (Jorge Voto), ante sus excelencias de la adusta villa paramuna de Santafé de Bogotá, para que los gambianos con su minifalda ancestral azul, tengan la gracia de poder siquiera entrar a la casona que han dado denominar ‘palacio de justicia’.

Igualmente, los paeces que presten sus servicios a familias distinguidas de la parroquia, o que estén al amparo de algún encomendero de la zona, que no los azote ni los fusile, puedan entrar a dichas dependencias aunque estén muy mal vestidos y desnutridos, a causa, paradójicamente, de la injusticia ancestral que los cobija.

Tendrán también presente vuestras mercedes, que el clima en este infiernillo de Quilichao es inclemente, cual si fuéramos víctimas de las vilezas del judío errante. O si por ventura por vuestras solitarias y destrozadas calles, rondara la bella doña Inés de Hinojosa, (con todos sus adorables pecados encima) y nosotros, Caballeros del Santo Sepulcro, en razón a la verdad quisiéramos compartir con ella su dulce lecho; pero de ninguna manera, y el cielo nos oiga, sus intrigas contra el magnifico y para siempre recordado, bailarín de la corona don Jorge Voto, Payanés de ilustre prosapia artística.

En razón al respeto y la lealtad que os debe la encomienda de Quilichao, noble virrey don Carlos Lemos, os sugiero humildemente en nombre de los más elevados principios que rigen esta parroquia; que, ya que nuestros tributos a la corona os han pensionado de por vida y elevado a la gloria ex presidencial, intervengáis con vuestros magníficos oficios de sátiro comecallado, para que vuestras majestades de la Santa Inquisición, aclaren el lamentable asesinato de don Jorge Voto, que es lo que os requiero en serio. Poco me interesa que no me permitáis la entrada a vuestros dudosos palacios, si la justicia no existe y menos para los desaliñados.

Chao Quilichao.

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viernes 18 septiembre, 2009 a las 7:54 pm

Cartas de Jamaica de los Quilichaos

Otoño 5 del año solar 2009

Pa’ los Soneros

“Maestra vida camará
que da y que quita
que quita y que da”

Rubén Blades

Por: Jesús Antonio Lozada Yule

Un sábado cualquiera a la sombra de los samanes del parque lineal, arrullados por la brisa fresca de la tarde, empezaron a reunirse un grupo de amantes de la Música Afrolatina, en un ritual de alabanza y reencuentro con los recuerdos.

Para algunos, el Guaguancó, el Son Cubano, el Latín Jazz, las estrellas de la Fania y los ritmos caribeños son parte imprescindible de su vida . Otros no lo expresan abiertamente, pero tienen una visión cercana a la mística por estos asuntos.

Dicen que, “ser melómano es un estado de exaltación del alma. No es el hecho de tener unos discos viejos y grandotes que ya traquean mal, y guardarlos celosamente para que nadie los escuche. Sino ser un músico en potencia. Ser capaz de escudriñar y degustar con placer indescriptible cada nota, cada ritmo, cada intérprete; y transportarnos con él a otro plano de la existencia; a la poesía a la vibración transpersonal, planetaria, cósmica. Es un arrebato de locura y de sensibilidad sintonizada con los estados alfa de la mente, que nos acerca al sonido primigenio universal, origen de la vida”.

En cambio hay un sector más aterrizado, próximo al parque lineal, para el cual el asunto no es tan trascendental. Es más bien recuperar el tiempo con el placer de compartir unas notas. O, sólo es un destrabe de los sábados por la tarde, donde a veces se muere uno de aburrimiento en este pueblo.

Hay unos manes gordos, con mucho sancocho de pargo rojo encima y a los que ya les pintan las canas. Otros con ojos maliciosos y bigotes como los del Jefe Daniel Santos. “Bigote e gato es un gran sujeto”. Y está hasta el “Primo”, el “Chaman del río”, que se soya este parche con la alegría de un niño, que se ríe a solas.

Don Henry “Fiol” Florez y don Luis Hurtado –entre otros, los del invento- terminan de cuadrar el sonido bestial; en tanto que el ajedrecista Gabriel Jaramillo, “Gabo”, arregla los fierros de una carpa al frente de su negocio, que inicialmente fue el centro de convergencia de los “Soneros”.

Con el transcurso del tiempo, todos coinciden en reconocer el aporte imprescindible del paisa Jaramillo y de su sobrino Diego, para que este grupo tomara forma y llegara más adelante a tener apoyo oficial. Sobre todo ahora que estos amigos se han marchado para su tierra, después de vivir cerca de treinta años en Santander; dejando aquí la evocación de inolvidables momentos vividos en su presencia alegre, amable y servicial.


Transcurre la tarde, y los técnicos del sonido terminan de montar la audición.

De pronto, llega el profe “Nana” cansado de camellar. Se acomoda su cachucha de beisbolista y pide una “pola”. Se anima y contagia a todos de su buena onda.

_Entonces qué, Pacho

_Todo bien viejo Brother, aquí cumpliendo la cita con el feeling de los saturnianos. Le contesta un melenudo con pinta de rockero, que usa unas manillas metálicas con chuzos y una cadena gruesota entre unos yines desgastados, de muchas batallas. Algunos lo miran de ladito.

A primera vista el tipo desentona, entre estos soneros del ayer. Pero cuando avanza la tarde , cada cual hace su combito para compartir nostalgias acompañados de la voz cálida de Benny Moré: “Yo para querer no necesito una razón me sobra mucho pero mucho corazón”. Todos siguen en su salsa.

Luego entra en la escena un paisa. También peliblanco, con un maletín ejecutivo y unas gafas de marco grueso como de doctor de los años sesenta. Parece que anda más allá del quinto piso; pero bota más corriente que un transformador. Dice que es un godo de Sonsón, Antioquia, que se enamoró de este paisaje del Valle del Cauca y tiene el privilegio de sorprenderse a diario desde la ventana de su casa, con la luz que tiñe las montañas y explota contra el basto horizonte en un viaje multicolor.

Se saluda efusivamente con el profe Nana y el rockero y empiezan a rememorar…

Uno dice que escuchó por primera vez a Richi Ray, en un viejo radio Philips, en la tienda de su barrio. Cuando transmitían la Feria de Cali desde la caseta Matecaña. Después se convirtió en una obsesión que lo rondaba hasta en los sueños, ya que era vecino de patio del bailadero Tairona, en el Rosario. Y lo sorprendía la madrugada escuchando desde su cama las notas melosas y doloridas del bolero antillano y la salsa dura. “Yo soy Babalú, camino a rá rá, y con mi trabajo la tierra sembrá. Babalú conmigo anda”.

Cuenta que en la plazuela de El Rosario había una caseta de guadua y techo de hojas de caña. Era un sitio muy concurrido pero que apenas podía noveleriar a los bailarines los domingos por la tarde, a través de la esterilla, porque era muy niño. Lo que más recuerda es el incendio de la caseta. Fue todo un despelote de sirenas de bomberos y gente llena de pánico. Después fue a tirar visaje en la caseta de la piscina, frente al parque Bolívar. Luego de un chapuzón, uno empezaba a motivarse por los sensuales movimientos de cadera de las peladas caleñas que venían a pasear.

Pero llegaría el momento decisivo de lanzarse a la pista. ¡ Qué terror tan berraco ! Ya todos los amigos bailaban y chicaneaban con tirar mucho paso, y uno no se podía quedar atrás. Es que pa’ ser rumbero hay que ser valiente y acostumbrarse a vivir en vilo, al borde del goce pagano, del éxtasis de la vida que se nos escapa en cada nota.

El rokero dice que la salsa era un ritmo considerado de mala familia (como el reggetón ahora) y que al menos en Jamaica de los Quilichaos (también en Cali) la gente “decente” o picada de algo, no bailaba esa música de negros. En El Grillo, sólo ponían “guascas” de los Hispanos, Los Melódicos, Los Corraleros de Majagual y La Billos Caracas. Era una rumba muy elegante: muy tiesa y muy maja. En Cali el club San Fernando, nunca contrataba orquestas de salsa. Hasta que llegó Richi Ray y puso el desorden.

El ritual de los sábados era empintarse para iniciar un recorrido por los sitios de salsa dura. Se empezaba por Cafarnaum, luego por La Toscana y se terminaba en El Bogaloo, donde nos esperaba el flaco Pardo, miembro honorario de nuestro combo y quien además se desempeñaba como discómano en el negocio de su familia.

Era un lugar de estrenos permanentes porque su hermano que vivía en Nueva York, les enviaba las últimas producciones de La Fania y lo mejor de la salsa puertorriqueña, que se escuchaba en Brooklyn y en el Bronx. Al Bogaloo venía gente de Cali a tirar paso y también llevaban parte de esa música exclusiva, pa’ allà, pa’ después del puente, pa’ la capital de la salsa.

“Ave María morena”, canta Tito Rodríguez con voz sensual; mientras los melómanos continúan evocando épocas mejores. De pronto, alguien agarra el micrófono y después de una breve presentación repica en el aire el travieso Héctor Lavoe: “Todo tiene su final nada dura para siempre, tenemos que recordar que no existe eternidad”…

Chao Quilichao.

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lunes 24 agosto, 2009 a las 6:45 pm

Cartas de Jamaica de los Quilichaos

Verano 28 del año solar 2009
Los apodos: Pura mamadera de gallo


Por: Jesús Antonio Lozada Yule

El nuevo milenio todavía no ha desterrado la costumbre de llamar a la gente con apodos; por el contrario, la informática los ha incorporado a las direcciones electrónicas, y en un dudoso intento de preservar la identidad de los usuarios de la red, el servidor de Internet suele pedir un “nick” un nombre falso para los correos, o para chatear.

En nuestra parroquia, Jamaica de los Quilichaos, hasta hace algún tiempo los apodos eran parte de la picaresca del común de la gente: una seña de identidad con la cual se nombraba a personajes de la vida pública, para desmitificarlos un poco.

Algunos sobrenombres conocidos en el pasado siglo, en J/delosquilichaos:

‘Mis Espuelas’: Era una señora gorda rubia muy maquillada, que parecía sacada de un tango de arrabal. La precedían unas tetas enormes como melones, que a menudo se le salían por los bordes del escote, y que provocaban suspiros a los señores de la época. Conservaba un encanto otoñal que se le había quedado en la piel. Tenía algo de Marilyn Monroe y de diva decadente del cine mejicano. Entre otras virtudes, la acompañaba el pálpito y un ojo de águila vieja infalible, para determinar cuál de sus chicas podría complacer adecuadamente a sus clientes. Como si el dios Eros se lo hubiera revelado con anticipación en sus sueños.

Aunque ya parecía jubilada de su profesión (complacer a los desamparados) tenía suficiente madera como para provocar líos de faldas y matrimonios desavenidos, entre los parroquianos de la burocracia local, que se disputaba sus artes amatorias con algunos vaqueros de las haciendas cercanas, que frecuentaban su negocio a caballo; y a los cuales, ella, diligentemente les guardaba sus arreos de montar. Luego, cuando los tipos estaban vaciados y con una superrasca encima, antes de irse, le decían: “Mis espuelas, Nena, que viajo”. Y así se quedó la mona con esa chapa, que suena bien.

‘Peloeperro’: Cuando estudiaba en la Universidad del Valle, en Meléndez, hace unas décadas, tenía el aspecto de un “buen chico”: bien peinadito y formal, con una motica como la del “Mesías Referendus”, que le hizo “la madre que lo parió” (¡!) para enviarlo a la escuela, y que jamás se atreverá a cambiar por ningún motivo, como sus ideas cavernarias.

Más tarde, como la vida es dura, (nuestro Pelodecachorro) tuvo que incursionar, en contra de sus principios, en el desacreditado mundo de los políticos. Entonces, parece que guiado por unos perversos asesores de imagen que lo odiaban, cambio su “look”, y trató de parecerse a la fuerza al senador indígena Chucho Piñacué: se dejó una melena de jipi abandonado, con unos mechones al aire, se volvió liberal -era godo y asistía a la misa dominical-, le aconsejaron un eslogan que lo identifica con un ser de las cavernas: “A grandes pasos”, y finalmente, lo eligieron como alcalde de un municipio que fue devastado económicamente por la maldición de la pirámide, como si hubieran matado un cura (…). Sin embargo, sus amigos del parque Santander, siguen extrañando al chico del peinadito clásico, lambido de vaca, que se reía con los chistes malos de Diego Chontaduro y de su pana ‘Monserrate’, en las oscuras noches del pasado reciente.

‘La Pielroja’: Era una india con un porte – dejo sexi, encanto indescriptible, mejor dicho: putería, en el sentido bello, similar al de Amparo Grisales en sus primeros años (como la que vimos en la película La virgen y el fotógrafo).Trabajaba como copera en el Café Gloria, que quedaba en toda la esquina del parque Santander, donde hoy funciona una licorera. Una de las pocas diversiones de la época de los 70s, era ver jugar billar. Al tiempo se escuchaba la conversación de gente mayor, e ilustrada que frecuentaba el lugar. También los menores de edad que nos colábamos en aquel lugar, entre tango y tango, empezábamos a guindar las minifaldas de “La Pielroja”, y a emocionarnos con su caminado de potranca fina; a detallar su coquetería y sus gestos provocadores, de hembra sin prejuicios. Luego nos tocaba reconocer, que la india nos movía el piso a casi todos los del parche, y que nos despertaba pasiones solitarias.

‘La Vietnamita’: Usaba unas gafitas redondas, como las de John Lennon. Tenía los ojos rasgados, cabello lacio y un aspecto oriental. Parecía que un misterio la rondaba, pero se veía alegre y denotaba inteligencia. Era desenvuelta y le pegaba bien su pinta de hippie. Probablemente estudiaba en alguna universidad en Cali. Siempre me la encontraba en el parque Bolívar, leyendo algún libro. Yo vivía cerca. Cuando ella me saludaba me ponía colorado y las palpitaciones me duraban el resto del día; como si me hubiera encontrado con un ángel y yo fuera un simple pecador, que cargaba la culpa de cursar sólo quinto de primaria en la escuela Francisco de Paula Santander.

‘Yorby’: Es un bacán de andar plácido y mirada inocente. Sin embargo, años atrás lo llamábamos a los corrillos del parque Santander, para que hiciera gala de una curiosa habilidad: narrar cuentos de sexo. Tiene una gracia única para contarlos, es todo un artista. Lo mejor del asunto es que eran experiencias reales, porque Yorby trabajaba en un hotel como camarero de piso y era el encargado de entregar las llaves de las habitaciones.

Las parejas entraban allí con toda confianza, para realizar sus batallas de amor, sin saber que por una hendija las estaban espiando y gravando hasta el más mínimo detalle. El resultado: nos reíamos como locos con los relatos de las aventuras eróticas de ‘Yorby, el voyeurista’.

‘Guillotina’: Trabajaba con el poder judicial como Juez. Era macizo, de barriga prominente, nariz aguileña y un bigote de pistolero mejicano. Le hacia honor a su apodo porque se decía que era implacable en sus sentencias. Fue noticia de primera página en todos los periódicos del país porque llamó a declarar al famoso músico y compositor Jorge Villamil, a causa de unos contactos que hubo en su finca, cerca de Neiva, para pagar el rescate de un secuestro que había hecho las Farc, en Tacueyó, al ciudadano canadiense Eric Leupin, quien según versiones de prensa, estaba deforestando la parte alta del río Tominió con su empresa maderera sin la debida licencia. Este incidente inspiro a Jorge Villamil a componer un bambuco en el que se habla del juez Guillotina y del secuestrado.

‘Avispón’: Tenia el aspecto de un personaje bíblico. Es el loco más alto que he conocido, al punto de que cuando me enseñaban historia sagrada, me imaginaba a Goliat con la misma pinta de ‘Avispón’. Andaba apenas con un taparrabo y un par de chivas por todo el pueblo, vendiendo leche. Era de morena tez, musculatura prominente y una barba de profeta que le llegaba al pecho. Sus ojos saltones y brotados causaban impresión. Los adultos habían tejido todo un mito en torno a él. Cuando no obedecíamos o nos portábamos mal, nos amenazaban con entregarnos a ‘Avispón’ para que nos llevara a vivir a su cueva, junto con las chivas. En realidad era un tipo pacífico, que también prestaba servicios publicitarios. Los días sábados se paraba en la esquina del barrio, con una bocina de lata y gritaba con su vozarrón: «OIDOOOOO… El señor alcalde avisa que recojan agua porque el domingo la van a quitar todo el día. El padre Rendón avisa que no habrá misa de cinco de la mañana el próximo martes porque tiene que viajar a Popayán. El teatro Paz invita al estreno de la gran película Lo que el viento se llevó. Llegó un gran surtido de sedas japonesas y paños ingleses al almacén de la señorita Limbania Velasco…»

‘Polvorita’: Era un peluquero de un genio volado. El pobre era neurótico y la gente le sacaba gusto. Cuando alguien recién llegado necesitaba peluquearse y se le ocurría preguntar por un lugar donde lo atendieran bien y que no lo fueran a trasquilar, lo mandaban para donde el gruñón, con la advertencia de que preguntara por el señor ‘Polvorita’, que era la clave para entablar amistad y hasta le rebajaran en el corte de pelo. Se le decía a la víctima que ese era un sobrenombre que le habían colocado en la guerra del Perú, por su heroísmo, y que por tanto a él le fascinaba que lo llamarán así. Uno se quedaba mirando escondido en un zaguán, y al momento pasaba ‘Polvorita’ con una barbera en la mano persiguiendo al ingenuo y gritándole todo tipo de insultos, en los que incluía a los vagos del pueblo que eran los que propiciaban la situación.

Su apodo:

Busque su apodo entre los siguientes, o sino invénteselo, porque corre el riesgo de estar fuera de onda. Sobre todo a la hora de interactuar con las nuevas tecnologías de punta. Como terapia contra el mal genio, lea en voz alta las chapas más notables de sus coterráneos, además de los que conocemos todos por tradición, se destaca el aporte, que con mucha chispa quilichagueña, me ha enviado el señor Julio ‘Meca’, quien me hace un comentario muy jocoso a través de la edición diaria de PROCLAMA en Internet, sobre el profesor Khether y sus aliados. Igualmente, me gustaría reproducir los comentarios de mi vecino, El Bacam de Barrio Belem, que sigue muy sintonizado con la inspiradora mata ziguaraya, que escandaliza a muchos (autodenominados “periodistas”), que me han hecho comentarios desobligantes. Nadie tiene la culpa que esa matica tenga poder ¿Si o qué?, Bacam de Barrio Belem. Contésteles usted, vecino de los viajes interestelares y la energía cuántica; que nos hace Ser y No Ser al mismo tiempo en todas las dimensiones no soñadas: /no es pa caballos/.

Pero en fin, aquí va la lista:

La Bicicleta, El profesor Cuajada, Chuzo, Pitillo, Barberita, Maciste, Pipas, Carroloco, José Verga, Narciso, Rescoldo, Peinaito, Tecapo, Radiobemba, Las Tortugas, Pipo, Chomelo, El Profesor Kether, Taladro, Don Pala, La Mariposa sin Rumbo, Chocolate, Mundoviejo, Avispón, Pirulo, El Conde, Chicoloco, Palomera, Pectoral, Barrilito, Ruso, Chontaduro, Pajarito, Polvodeoro, Viejoné, Terciopelo, Agustínchatarra, Chucho Guetia, Argentino, La Negra Marina, Plomito, José Petacas, Julio Mecato, Corbatín, El Príncipe, El Vampiro del Kumis, Jaime Kumis, Mario Brujo, Chaqueta, Machete, Tumbacocos, Frijolito, Pinocho, La Sesenta y Nueve, La Licuadora, La Ardilla, El Dólar, Guitarraloca, Maní, Satanás, Burrito, Ñengo, El Divino Rostro, Camándula, Ringo Viejo, Mono Astoria, El Palomo, Gavilo, Nana, Chorito, Sancocho, La Cutufita, Newton, El Ticher, Jaime Chola, Seto, Tribilín, Anjoviro, Mayonesa. Miss Jagger, Yayita, Micomía, La Mimí.Salvaje, Mantequilla, Jirafales, Aguapanela, Malasuerte, Camafloja, Kilómetro, Pacho Casetas, Muñeca de pan. Las gelatinas, Chacho, Cañagueca, Mantecada, Caremonja, Cuchas, Pirrongo, Rellena, Panblanco, Bimbo, Harold Salsa, Pambilín, Chivonegro, Carepalo, Tripamarga, Caremoneda, Julio Chicha, Gurula, Ranchoepaja, Barrigaeponche, Cabeza de totumo, Barriga de Yegua, Potra chilena, Mamertoideo, Pulga arrecha, Ya vengo, La vida me ha engañado, La Panochudita, Patacón, Sal de nitro, Come cuando hay, Jorge jaber, La Virancha, Culatazo, El pollo Espinosa, Juan eeerree Cordova, Núñez, Ancisar, Corocito, Papayuela, Care cocada, Zapatote, Agualongo, Dálmata, Chorolo, Cabeza de Quiosco, Palmicha, Galería, Raúlpereque, Huevo tibio, Chapul, Merengue, Culoeleche, Batidora, Cacanegra, Moradito, Melcocha, Fito, Todos los días, Pomponio, Zaperoco, Chucholoco, Pastusita, Boliqueso, Pisahuevo, Patojito, Chancaca, El paque vuelva, Motel barato, Vacanegra, Tucunare, Aguamona, Papasudada, Paso feo, Mono loco, Fufú, Talego, Calambrini, Pato Lucas, Bulova, Cabeza de Novillo, Cigueñal, Caldo north, La Chucha, Mincho, Sietemujeres, Panbendito, La Pelusa, Tribilín, Mambo loco, Carepuño, Pata-agria, Renegrido, Perico, Huesito, Mallarino, Chiflamicas, Pluma blanca, La Nena, Tortilla, Burrito, El Mocho Cabrera, Bimbo, Don Bala, Maravilla, El Cabezón Navia, Licha, Manoecacho, Patebela, Cococho, Memato, Oreja, Tresminutos, Pedalio, Melcochita, Tilapiahumada, Coyabro, Peterpan, Carmen la médica, El Pipí Fantasma, Botellita, Bucheplomo, Barbazul, Mandrake, Cemento, Pitojui, Tuso, Tarzán, Pomorroso, La Araña, Pescuezo de Gallo, Aguelulo, Poncho, Pacholule, Caeta, Zumbambico,

Más adelante, habría que escribir el perfil de cada uno de estos personajes, con sus principales características. Por ahora, me gustaría que los lectores me colaboraran enviándome nuevos apodos, a fin de ampliar la base de datos.

Chao Quilichao.

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viernes 24 julio, 2009 a las 8:42 pm

Cartas de Jamaica de los Quilichaos

Verano 26 del año solar 2009

El Regreso del Profesor Khether

Por Jesús Antonio Lozada Yule

Por allá, a finales de los años ochenta del pasado siglo, en un pueblo pequeño y tranquilo donde todo mundo se conocía y se saludaba con amabilidad, existía un mago que parecía sacado de un cuento de ficción: Era el renombrado enigmático profesor Khether. Un punto aparte “non plus ultra” (más allá del bien y del mal) y muy cerca de la bacanería.

En ese momento crucial para el planeta -donde había crisis económica, de valores, una guerra anunciada, y la desesperanza con que se siempre se gobierna aquí, en estas repúblicas bananeras- el mago fue nuestro consejero espiritual; y con el creciente descrédito de la psiquiatría y la sicología, los conflictos de las sectas y las religiones, se convirtió en un punto de referencia para una generación de jóvenes que nunca creyó en los partidos políticos, ni en ninguna de sus patrañas electorales. Sin embargo, las profecías de los santones anunciaban que pese a nuestra incredulidad: “un Mesías habría de llegar décadas más tarde, para gobernarnos con vara de hierro a nombre del Imperio del Norte, por los siglos de los siglos…”.

No es exageración, pero el profesor Khether ya trascendió está dimensión y algunos pensamos que se está haciendo el muerto y que en cualquier momento podría regresar. Cuando estuvo entre nosotros, los mortales, para dar testimonio de su mensaje, su afición principal era invitar a los amigos a su entierro. Nadie le creía, pero el día que lo acompañamos al cementerio, en serio, el sol se puso de un color rojo intenso y se resistió a ocultarse por unos minutos detrás del cerro Garrapatero. Esos arreboles fueron premonitorios para Quilichao. Como si enterráramos la fantasía, el humor, la genialidad la locura, y llegara la barbarie y el llanto para quedarse indefinidamente, sin que nadie la invitara.

Era un ser de otra galaxia, un vagabundo de la vía láctea que por esos avatares del destino cósmico, aterrizó en un olvidado lugar de provincia; para impresionarnos con sus dotes maravillosas de ilusionista; para inspirar nuevos géneros de literatura fantástica y desatar una nueva mitología en torno a su leyenda, que está por escribirse, y de la cual biógrafos tan ilustrados como don Diego Chontaduro, ya han empezado a relatar sus gestas, con un primer volumen que saldrá a la luz pública próximamente en Madrid, España.

Un personaje de estos quilates, que trasciende toda la racionalidad pueblerina y académica, puede emerger de improviso en cualquier género literario: tomar forma en la novela gótica como el archí-vampiro que era, y resurgir más tarde en las tiras cómicas. O por el contrario, desconcertarnos de pronto, materializándose en nuestra realidad formal, bajo la apariencia de un vecino de barrio.

El profe, no pasó desapercibido en los medios de comunicación de su época: tenía una columna permanente el periódico El Crisol de Cali, desde la cual aconsejaba a los lectores sobre amores difíciles, negocios, suerte y viajes astrales; también publicaba el horóscopo diario. Con el tiempo, se convirtió en el pionero del periodismo gratuito. En Quilichao, fundó la Gacetilla Kheterológicos, con la cual fustigaba a los alcaldes de la época y a los funcionarios públicos por sus malas actuaciones (como debieran hacerlo hoy los periódicos locales) pero la publicidad oficial los tiene destinados a dar sólo cepillo o desaparecer.

La belleza no era su fuerte, pero el profe “K” supo trascender en el corazón de sus amigos. No hubiera sido difícil describirlo: impredecible, frágil, de corta estatura y con una cabeza de bebé mal acostado: plana por un lado y terminada en una punta, como para atornillarle una corona. Con una nariz fenomenal, como la de Cirano de Bergerag, que interpretó Gerard Depardiu para el cine. Con una boca generosa, como si hubiera sido dibujada aprisa, donde se adivinaba un diente de oro, como el de Pedrito Navaja.

Tenía una gracia especial para hacer reír a la gente, con sus dotes de mago que se tomaba muy en serio. En sus presentaciones habituales, usaba un turbante verde, con una piedra magnífica y desconocida en el sistema solar; un pantalón de raso y una camisa estrafalaria o psicodélica, para la época, que combinaba con una capa roja. Además se maquillaba como un mimo, con sus oscuras ojeras naturales y las pestañas saturadas de marvellini. Tenía una estampa que envidiarían algunos payasitos rokeros, como la Márylin Manson, que intentaban asustar a los chicos light, con su pinta postiza de zombi decadente.

Como todo solterón empedernido, el profesor Khether, vivía solo en una casa de varias habitaciones; que era el refugio de los desocupados del pueblo y de algunas niñitas bellas y despistadas, que el profesor adoptaba por temporadas, y que luego incorporaba a sus fantasías amorosas; como las princesas perdidas, que le ocasionaban una vida pasional marcada por la decepción y el desengaño.

Estos personajes multidimensionales son tan desproporcionados, que sus gestas necesitarían ser narradas en muchos volúmenes y por diversos investigadores, desde disciplinas científicas que todavía no se han inventado. Por ahora, los devotos del kheterianismo filosófico, seguimos esperando su regreso, como está profetizado, en una noche de verano y luna llena. Mientras tanto, nos declaramos incapaces de renunciar a sus postulados trascendentes: «Nadie se salva de la rumba, a cualquiera lo lleva hasta la tumba».

Chao Quilichao.

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lunes 1 junio, 2009 a las 11:50 pm

Cartas de Jamaica de los Quilichaos

Primavera 1 del año solar 2009

Colombia me embruja

“Te dejo a Madrid sin mi”

Por Jesús Antonio Lozada Yule

Dice Paulo Coelho, que todas las personas saben exactamente cómo debemos vivir nuestra vida, pero nunca tienen idea de cómo deben vivir sus propias vidas. Y si no somos cómo ellas esperan que seamos, se molestan. Algo parecido me sucede con un amigo cada que me ve me presiona, de una manera indiscreta, para que yo regrese a España, a Europa, a la civilización (por quinta vez); como si uno no viviera encantado, hipnotizado, con los cables cruzados, maravillado en el país del Sagrado Corazón.

El tipo me adula diciendo que soy una figura de las letras; (no sabe cuánto trabajo tenemos los periodistas para escribir un texto, casi “como poner un huevo diario”). En fin, dice que Paris y el barrio bohemio esperan mi regreso; que Barcelona no es lo mismo sin mi presencia; que en Viena me ponen falta en todos los conciertos; que el portero del museo del Prado, en Madrid, me tiene como un visitante ilustre; que las palomas de la plazuela de San Marcos, en Venecia, están tristes porque no les volví a llevar maíz; que en Holanda la marimba Golden Corinto ha bajado de precio, que los amigos de la puerta de Brandeburgo, en Berlín, me están buscando por Facebook; que me vine sin pagar una cuenta en un casino de Montecarlo; que unas strptiseras muy bellas del club “Molino Rojo” en Ámsterdam, me extrañan, y que me perdí el concierto de los Rollign Stones el verano pasado en Madrid.

Sin embargo, vaya locura, prefiero que me extrañen en el parque de Quilichao los días sábados por la noche. Nada de eso me trama, me resisto a creerlo. Me embruja un país como el nuestro: civilizado, culto, pacífico, sin marcadas diferencias sociales, con un elevado nivel de vida, donde el Estado se anticipa a las necesidades de los ciudadanos. Tanto, que cuando un emigrante (ecuatoriano o venezolano o de cualquier país) pisa el suelo patrio, inmediatamente es afiliado a la seguridad social; y si no tiene donde vivir, la Cruz Roja o cualquier entidad de ayuda humanitaria lo provee de albergue temporal con todos los servicios, mientras le buscan un trabajo.

Me gusta mucho Colombia también, porque uno sale a la calle con toda tranquilidad, a cualquier hora. Las ciudades son ordenadas y limpias, los pueblos tienen muchas calles peatonales y se respeta al peatón por sobre todas las cosas: si alguien se para sobre las líneas de la cebra, inmediatamente todo el tráfico se detiene ordenadamente, para permitir que pase. Tampoco hay motos, o muy pocas, porque prefieren los carros de ultima generación que utilizan hidrógeno líquido, para no contaminar el ambiente.

Hay todo tipo de ventajas y derechos ciudadanos, que han sido conquistados por la vías democráticas. Los jóvenes tienen elevados subsidios para educación, viajes de vacaciones y vivienda. La gente es indiferente con la vida de los demás, respeta su vida privada. Nadie pone equipos de sonido a todo volumen, para hacerse notar, porque no es nuestra cultura. Además si algún extraño rompe está norma, cualquier persona puede llamar a la Guardia Civil, que es una institución muy querida y respetada conformada por personas de bien, para que con toda la decencia del caso, le digan al ciudadano que está contrariando una norma: El derecho al silencio !

Por todas estas cosas y muchas más prefiero a Colombia. En cambio en España, viven en un caos total: parece que en asuntos de política quieren repetir la dolorosa experiencia del dictador Franco, o Rojas Pinilla, no recuerdo el nombre; que lo quieren reeligir de por vida con la alianza de la Iglesia Católica, el Opus Dei y otros sectores neoconservadores, liderados por José María Aznar. El caso, es que el mandatario de turno, vive defendiéndose, en vivo y en directo de incontables acusaciones. Y lo peor, es que casi todo el Congreso está preso en una cárcel de Mellilla, en Marruecos.

Por otra parte, los niños de los colegios andan armados; son crueles con los animales, y si un profesor o un particular les cae mal, podrían agredirlo. No crean que la madre Patria es como la pintan. Es una vieja pelionera y mala vecina. En la televisión no pasan sino novelas, que son apología de la violencia. Los noticieros y los medios de comunicación están controlados (chuzados), poco se puede opinar, o se hace corriendo un gran riesgo, por la intolerancia que viene “de lo alto”.

Por eso me encanta Colombia, donde nunca pasa nada. En uno de tantos diarios nacionales gratuitos que hay, vi hace unos días la información que una señora inglesa podría ser llevada a la cárcel, porque se le olvida darle de comer a unos perros, que tiene en su finca. Ella es una persona mayor, aclara el diario, y cuando viaja a la ciudad en su coche abandona sus obligaciones, por lo tanto sus vecinos la han acusado ante las honorables autoridades provinciales de maltrato con los animales. Esto demuestra que aquí no pasa nada, y que ni siquiera hay noticias importantes para destacar. También que hay un gran aprecio por los animales y la vida en general.

Son cosas de la civilización que pueden parecer aburridas, pero que uno las añora cuando sale de su país. Por eso, aunque el amigo de marras y otras (…) quieren que me vaya para Europa, no los voy a complacer por ahora, me quedo en Colombia, y si ellos no pueden viajar a ese continente tan violento e inseguro, pues por algo será. Además tienen que obedecer al gobierno que recientemente declaró a España y Europa, como sitios no apropiados para la seguridad de los ciudadanos colombianos. O ¿será que estoy equivocado y estoy escribiendo de nuevo al revés? Voy a cambiar de marca de café, por que a veces me siento embrujado aquí.

Chao Quilichao.


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lunes 11 mayo, 2009 a las 12:44 pm

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Primavera 11 del año solar 2009

“ Renuncio a la Alcaldía Ecológica de Barrio Belén”

Por Jesús Antonio Lozada Yule

Acá en barrio Belén, al lado del Polideportivo, algunos vecinos que tienen la “fortuna” de vivir frente a un hermoso lote abandonado, que contaba con muchos árboles: ahora les ha dado la manía de cortarlos, quemarlos, volverlos leña y borrarlos del mapa. Quizá con la ilusión de que algún día la Alcaldía Municipal, adquiera el lote, lo pavimente y pueda llenarse de vendedores de minutos, fotógrafos, desplazados, puticas, palomas, carritos y bicicletas …

En cambio, yo prefiero las chuchas, los halcones, las lechuzas, los azulejos, las brujas y hasta las serpientes, que todavía rondan por aquí, detrás del Instituto Técnico. A veces creo que los vecinos cortan los árboles y le echan candela al monte, no solo por su obsesión de pirómanos desocupados, sino para hacerse notar, para decir que existen en esta dimensión, para sacarme la piedra (y lograr que vuelva a escribir) como se hacía con los loquitos que defendían causas perdidas en épocas pasadas.

Y claro, a veces lo logran, entonces salgo de mi platanera –que queda al frente del lote- y les hablo del calentamiento global, de la prohibición de las autoridades ambientales de cortar los árboles, del crimen de los incendios forestales, de que es cierto que ya no tenemos un planeta vivible, de que hasta la iglesia Católica ya no usa hogueras físicas, sino argumentos morales contra los herejes.

Pero no, siento que pierdo el tiempo. En alguna ocasión alguien me dio una razón desconcertante para talar los árboles; mientras empuñaba un hacha sobre un frondoso árbol de mamoncillo dijo: “usted es un problemático, es que en ese árbol se suben los mariguaneros a fumar, y yo tengo unas hijas para educar”. Me quedé sin palabras (…) Es que ahora esos mancitos buscan los lugares más insólitos para comunicarse con la Madre Naturaleza, pensé.

Otro día llegó el Alcalde de los grandes pasos, Juan José, a la vecindad a autorizar que tumbaran a motosierra un gualanday casi centenario (ver Proclama No. 124), y el mal ejemplo del funcionario alentó el espíritu depredador de los vecinos: en pocos minutos llegaron varios con hachas y machetes, para acabar con el resto de árboles que tenían a la mano.

En mi blog de Internet -todo ocioso tiene un blog- de la Fundación Ambiental Agua Viva, tengo muchas fotografías y videos, de las talas de árboles de nuestra querida “Ciudad de los Samanes”. Sé que para el desarrollo neoliberal salvaje, los árboles, como los indios son incómodos; pero me desconsuela la sevicia con que la gente, que al parecer ha venido del monte, corta los árboles aquí en el pueblo, como si fueran sus enemigos, como si les estorbaran.

Aunque es cierto que a causa del abandono de los organismos competentes, la Administración Municipal, CRC, Emquilichao, muchos árboles incluyendo los samanes que según me cuentan un abuelo mío ayudo a sembrar, se están cayendo a pedazos por falta de mantenimiento, lo cual es más imprescindible que esas lobísimas (y carísimas) luces verdes que alteran el habitat natural de las numerosas especies de aves, que solían anidar y dormir en sus frondosas ramas.

Nuestros símbolos y signos de ciudad ecológica y civilizada, debería ser objeto de un censo y un seguimiento riguroso, para controlar su estado de salud. Los samanes del barrio El Rosario, ubicados a la orilla del río, están a punto de colapsar, porque las plantas parásitas los tienen acabados.

Algunas palmas y árboles de gualanday del parque Santander han tenido que ser derribados para que no le caigan encima de tantos desocupados que mantiene allí, incluyendo a los funcionarios públicos. Alguna vez un árbol casi se nos lleva a Pectoral, personaje muy típico de este sitio; pero como la naturaleza es sabia, el aludido lo interpretó como un aviso del “más allá”, para que nunca volviera a aspirar al Concejo Municipal.

Según el controvertido libro Santander Historia Presente y Futuro (y de todo un poco), editado, lamentablemente, por el profesor Cuajada; del cual sus autores afirman que lo tienen debajo del colchón para que las visitas no lo vean, según el fallido esfuerzo editorial, la clasificación del gualanday la hizo Alejandro Von Humbolt en 1802 cuando lo descubrió en Quilichao. Ese detalle tan trascendental debería tenerse en cuenta para elaborar un plan de manejo y conservación de esta especie nativa, al igual que los samanes, que al parecer son africanos.

Pero afortunadamente, en el barrio Belén no solo tumban árboles de gualanday, mamoncillos, guásimos; también hay vecinos como un señor de Cali, que en lugar de cortar unas palmeras que habían crecido demasiado en su antejardín, le pagó a una persona para que las sacaran de raíz y las hizo sembrar al lado del colegio Técnico, en la zona verde. La gente de la carrera sexta, y de las gradas tiene un jardín bonito al frente de su casa; también una vecina de la tienda, en la bajada al río Quilichao, le da de comer a los azulejos y a muchos pájaros que adornan con sus cantos y su presencia este sector.

El vecino Rodrigo Medina Abella, director de El Panfleto, de quien soy un asiduo lector, es un ardiente defensor del patrimonio paisajístico y ecológico de Quilichao, y aún sin consultarle, me atrevo a nominarlo como nuevo Alcalde Ecológico de barrio Belén. Porque yo, definitivamente renuncio a auto postularme para estas causas perdidas, antes de que me salgan más canas que al Mesías Paisa, o a Papá Noel. Los filósofos desde Nietzsche, hasta el cantautor Facundo Cabral a más del sentido común, aconsejan que es imposible luchar contra un ejercito de necios (el 80%), son demasiados y uno puede terminar aplastado por estas mayorías: Renuncio!!

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