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Viernes, 23 de octubre de 2026

POPAYÁN DEBE DEFENDER SU PATRIMONIO HISTÓRICO

Durante los últimos años, Popayán ha sido escenario de graves afectaciones contra su patrimonio histórico, cultural y arquitectónico. Frente a...

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POPAYÁN DEBE DEFENDER SU PATRIMONIO HISTÓRICO
POPAYÁN DEBE DEFENDER SU PATRIMONIO HISTÓRICO

MIGUEL EDUARDO MUÑOZ GUEVARA

Durante los últimos años, Popayán ha sido escenario de graves afectaciones contra su patrimonio histórico, cultural y arquitectónico. Frente a estos hechos, buena parte de la ciudadanía y de las instituciones han guardado un silencio preocupante, cuando estas actuaciones constituyen vandalismo, daño en bien ajeno, afectación de bienes públicos o vías de hecho.

Esta reflexión no pretende desconocer las heridas históricas, ni impedir que determinados sectores cuestionen los símbolos heredados del pasado. Por el contrario, una sociedad democrática debe estar dispuesta a revisar críticamente su historia. Pero cuestionar no significa destruir. Los monumentos, las iglesias y las construcciones antiguas pueden ser objeto de debate, pero no deben convertirse en blancos de violencia.

Uno de los episodios más representativos fue el derribamiento de la escultura de Sebastián de Belalcázar, ocurrido en septiembre de 2020 en el Morro de Tulcán, durante un juicio simbólico realizado por integrantes de una comunidad indígena, como acto de reivindicación frente a hechos de la conquista. La escultura, fue inaugurada en 1937, durante la conmemoración de los cuatrocientos años de la fundación de Popayán. Durante 83 años permaneció en la cima del Morro de Tulcán y se convirtió en uno de los referentes visuales y paisajísticos más reconocidos de la ciudad, presente en documentos históricos, culturales y turísticos nacionales e internacionales, así como el vivo recuerdo en la memoria de varias generaciones de payaneses. Su significado no depende exclusivamente del personaje, sino también de la obra, el momento en que fue instalada y la relación que construyó con el paisaje urbano de Popayán. Modificar de manera definitiva la ubicación de un monumento como consecuencia de un acto de fuerza deja un precedente preocupante. Significa aceptar que la violencia puede imponerse sobre las decisiones institucionales y la legislación cultural.

A estos hechos se suman los recientes ataques contra las paredes de la fachada y puerta de la Iglesia del Carmen, una de las construcciones religiosas y arquitectónicas más valiosas del sector histórico de Popayán. Este templo, vinculado desde el siglo XVII con la presencia de la comunidad carmelita, hace parte de la memoria espiritual, educativa y social de la ciudad. La Iglesia del Carmen no es únicamente un lugar de culto para quienes profesan la fe católica. Es también un testimonio material de los procesos históricos, arquitectónicos y culturales que han definido a Popayán durante varios siglos. Sus muros, puertas, obras y espacios conservan una memoria colectiva que trasciende las creencias individuales.

A lo largo del tiempo, este lugar ha acompañado procesos religiosos, formativos y comunitarios contribuyendo a la identidad del centro histórico. Atacar un templo patrimonial es una agresión contra un bien que pertenece culturalmente a toda la ciudad, incluidos quienes no comparten la fe católica. Dañar sus paredes y puertas implica deteriorar una obra, debilita el atractivo turístico de Popayán y afecta la memoria de las generaciones presentes y futuras.

Popayán no puede acostumbrarse a estos atropellos. Tampoco puede aceptar que el resentimiento, la inconformidad o la protesta se traduzcan en ataques contra los bienes históricos de la ciudad. Existen mecanismos legítimos para manifestarse, exigir derechos, cuestionar las instituciones, pero la destrucción del patrimonio no es uno de ellos.

La indiferencia facilita el abandono. Quien observa un daño y considera que no le corresponde actuar olvida que los bienes públicos nos pertenecen a todos. El centro histórico es la sala de nuestra ciudad: un espacio del cual debemos sentirnos orgullosos y cuya conservación exige sentido de pertenencia.

Popayán no puede continuar sumida en el abandono de sus principales atractivos históricos. Cada monumento destruido, cada fachada intervenida y cada espacio público deteriorado disminuye la capacidad de la ciudad para fortalecer su identidad, salvaguardar su legado histórico, transmitir su memoria y construir su futuro sin renunciar al patrimonio que le ha dado identidad ante Colombia y el mundo. Porque Quiero Mi Ciudad. Cuido A Popayán
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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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