Popayán crece desordenada, sin planeación y nadie responde

La planificación urbana no puede quedarse en conceptos, documentos y promesas de campaña. Su propósito debe ser ordenar el crecimiento de la ciudad, anticipar las necesidades de la población y garantizar que cada proyecto contribuya al bienestar colectivo. Para lograrlo, las normas urbanísticas deben cumplirse y hacerse cumplir. Cuando se ignoran o no se vigilan, el resultado es una ciudad desarticulada, con servicios e infraestructura insuficiente y sin proyección clara de futuro.
Desde el terremoto de 1983, Popayán ha crecido con rapidez. Sin embargo, ese crecimiento no ha estado acompañado de una planificación con las obras necesarias para conectar los nuevos desarrollos de la ciudad. La expansión de viviendas sin vías suficientes, espacio público nulo, equipamientos y servicios no representan el progreso integral que se espera y traslada sus costos a los residentes es decir a toda la ciudadanía. La situación más visible se encuentra en las zonas norte y occidental de la ciudad, donde la concentración de nuevas viviendas aumenta la presión sobre los corredores viales y según la experiencia que viven diariamente sus residentes, no responden adecuadamente a la demanda. En horas pico, que son la gran mayoría del día, por el gran número de vehículos y motos que circulan en trayectos relativamente cortos pueden tomarse entre una hora y hora y media en llegar a su destino. El embotellamiento vial no es un inconveniente aislado: es una señal de que el crecimiento urbano y la capacidad de la infraestructura no están avanzando de manera coordinada.
Ante esta realidad, la administración municipal mantiene silencio, no informa las medidas adoptadas, cuáles son los proyectos a ejecutar como: ampliación y mantenimiento de vías, construcción de puentes, habilitación de rutas alternas y mejoras en la movilidad, no se conocen criterios de priorización de obras etc. Las necesidades son conocidas, corresponde convertirlas en decisiones, aún sea más allá del periodo de gobierno. A la fecha no se conoce en la ciudad si existe banco de proyectos y de qué manera se pretende dar solución a este grave problema de movilidad que hoy es una realidad.
También llama la atención, el cumplimiento de las obligaciones urbanísticas. Las cesiones de suelo destinadas, en cumplimiento de la normatividad vigente, en Popayán son incontables los casos de constructores y urbanizadores hacen oídos sordos a la cesión de vías, espacio público y equipamientos que son parte esencial que deben aportarse en cada proyecto a la ciudad y el municipio no está atento a exigir el cumplimiento de esta obligación. La ciudadanía tiene derecho a conocer: ¿hay un inventario público y actualizado de las cesiones?, ¿se han formalizado y transferido al municipio?, ¿quién verifica su entrega, ubicación y destinación?, ¿qué mecanismo permite reportar posibles incumplimientos y obtener respuestas? Nadie da razón, el desconocimiento es total, se hace necesario que la oficina de Planeación rinda un informe que ha pasado en los últimos diez años alrededor de este tema de interés general.
Así mismo, en los últimos meses se han venido ofertando a través de las redes por lo menos 10 predios en zonas rurales con áreas entre 300 – 500 y 1000m mts, estando expresamente prohibidos estos metrajes, se han intensificado los anuncios de proyectos inmobiliarios en el centro de la ciudad que, según denuncias ciudadanas en redes, no cuentan con condiciones mínimas de construcción, con espacios súper reducidos aglutinando muchas personas en espacios pequeños, no contando con vías de acceso, parqueaderos etc… situaciones que deben ser verificadas, si es del caso investigadas y sancionadas por las autoridades del municipio, hay que adentrase en la publicidad engañosa para ejercer control oportuno.
La oficina municipal de planeación y las curadurías urbanas, tienen una responsabilidad con la ciudad debiendo actuar con rigor en la revisión de licencias y cumplimiento de las normas. La vigilancia no puede limitarse a expedir permisos: requiere seguimiento, coordinación, si se detectan incumplimientos, investigarse y aplicar las sanciones para estos casos. Popayán necesita pasar de una planificación declarativa y de buenas intenciones, a una gestión urbana que haga cumplir las reglas, anticipe el crecimiento y coordine las zonas de vivienda, comercio, movilidad, espacio público e infraestructura.
La pregunta ya no es, si la ciudad debe planificarse con la debida anticipación, hoy es una exigencia saber quién responde cuando las normas no se cumplen y la ciudadanía termina pagando las consecuencias. Gobernar la ciudad significa proteger el interés público y asegurar que cada nuevo desarrollo construya ciudad, en lugar de agravar sus problemas.
Precisamente, la ciudadanía al observar diariamente los atropellos que se cometen contra la ciudad sin que se tomen los correctivos oportunos manifiesta: Popayán crece desordenada, sin planeación y nadie responde.




