Pico y Placa - Popayán: 7 y 8 | Cali: 7 y 8
Viernes, 23 de octubre de 2026

VENEZUELA INTERVENIDA Y COLOMBIA EN CAMPAÑA

La política regional entró en una fase inédita. A la salida definitiva de Nicolás Maduro del poder y su judicialización...

Compartir:

Facebook
WhatsApp
VENEZUELA INTERVENIDA Y COLOMBIA EN CAMPAÑA
Imagen de referencia diseñada por IA: https://x.com/i/grok
VENEZUELA INTERVENIDA Y COLOMBIA EN CAMPAÑA
Imagen de referencia diseñada por IA: https://x.com/i/grok

Alvaro J Urbano R

La política regional entró en una fase inédita. A la salida definitiva de Nicolás Maduro del poder y su judicialización en Nueva York, se suma una afirmación que reordena el tablero latinoamericano: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha señalado que Venezuela será gobernada transitoriamente bajo administración estadounidense. El fantasma ideológico se disipa; emerge una realidad geopolítica dura. Y Colombia, en vísperas de 2026, no puede mirar hacia otro lado.

Durante años, la política colombiana vivió del “espantajo venezolano”. El argumento “si gana X, seremos Venezuela” ordenó campañas, justificó alianzas y simplificó debates. Hoy, con Maduro fuera y el país vecino bajo tutela externa, ese recurso se agota. Ya no hay régimen que invocar como amenaza inmediata, sino un Estado colapsado en transición. La discusión deja de ser ideológica y se vuelve administrativa, jurídica y regional: migración, frontera, seguridad y economía.

En este nuevo escenario, la postura del presidente Gustavo Petro adquiere una relevancia central. Petro ha sido consistente en su rechazo a cualquier intervención extranjera y en la defensa de la autodeterminación. Doctrinariamente, su posición es clara y previsible. El problema es el contexto: la tutela internacional llega después de años de autoritarismo, corrupción y erosión institucional. Condenar la intervención sin enfrentar esa causa de fondo puede leerse como evasión.

El costo político es evidente. Para la derecha, la posición de Petro sirve para reactivar la narrativa de la cercanía ideológica con proyectos fracasados, aun cuando ya no gobiernen. Para el centro, refuerza la imagen de un liderazgo cómodo en lo simbólico y reticente a ofrecer soluciones pragmáticas. Y para la izquierda, abre una grieta incómoda: ¿cómo defender la soberanía sin justificar regímenes que la vaciaron desde dentro?

La paradoja es clara: el silencio frente al autoritarismo terminó abriendo la puerta a la tutela externa. Esa lección pesa en Colombia. De cara a 2026, la coherencia ideológica será evaluada junto con su utilidad práctica. El electorado pedirá respuestas concretas: ¿cómo manejar la transición migratoria?, ¿qué política fronteriza adoptar?, ¿cómo aprovechar una eventual estabilización regional?, ¿qué límites reales al poder garantizan que no se repita el colapso?

La derecha, por su parte, también enfrenta un desafío. Celebrar la caída del chavismo y la tutela extranjera tensiona su propio discurso de soberanía. Sin el comodín del miedo importado, deberá demostrar que tiene propuestas para la inseguridad, la inflación y la institucionalidad internas.

En el fondo, Venezuela intervenida cierra un ciclo para la política colombiana. Se acaba el atajo del fantasma externo. Comienza el tiempo de la responsabilidad democrática. En 2026 no se votará contra un espejo roto, sino a favor —o en contra— de proyectos capaces de gobernar una realidad compleja. Y en esa realidad, cada palabra cuenta, pero las soluciones cuentan más.


Otros artículos de Álvaro Jesús Urbano Rojas publicados en Proclama del Pacífico, aquí:

Álvaro Jesús Urbano Rojas
logo_proclama_optimizado

Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

Le puede interesar

Pc

Proclama Radio

En Vivo

Lo Más Leído