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LAS FRANCISCANAS: 75 AÑOS EN EL CORAZÓN DE POPAYÁN

Paz y bien
Colegio Nuestra Señora del Carmen · 1951–2026

Imagen por:https://gemini.google.com/

Álvaro Jesus Urbano Rojas
Hay instituciones que no se limitan a ocupar un lugar en la geografía de una ciudad: terminan escribiendo su historia y consolidando memorias colectivas. Ese es el caso del Colegio Nuestra Señora del Carmen, conocido entrañablemente por generaciones de payaneses como «Las Franciscanas», que el 8 de octubre de 2026 cumple 75 años desde su solemne inauguración.
La creación del colegio fue el resultado de una antigua aspiración de contar en Popayán con una institución femenina orientada por las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada. El proyecto se concretó mediante el Decreto 102 de abril de 1951, siendo gobernador del Cauca el doctor Luis Fernando Paredes. Se desempeñaba como secretario de Educación el poeta guapireño Helcías Martán Góngora; la memoria histórica de las exalumnas también recuerda al secretario de Hacienda Luis Carlos Iragorri, al arzobispo Diego María Gómez y la gestión del doctor Rafael Velasco.
El 8 de octubre de 1951, a las nueve de la mañana, tuvo lugar la solemne inauguración. Seis religiosas constituyeron la primera comunidad franciscana en Popayán, con la Madre Victoria Bukler como superiora y la Madre Eutimia Mesa como secretaria. Las actividades escolares comenzaron en el antiguo convento de las Hermanas Carmelitas, en pleno centro histórico, con 112 estudiantes distribuidas entre cuarto y quinto de primaria y primero de bachillerato.
Decir que una joven «estudiaba en Las Franciscanas» adquirió gran significado en la sociedad payanesa. Era hablar de una educación exigente, de hábitos rigurosos y de una formación inspirada en el espíritu de San Francisco de Asís, resumido en el saludo de «Paz y Bien». Pero también era hablar de una institución que contribuyó a ampliar las oportunidades educativas de las mujeres caucanas, en una época en que su acceso a la educación media y superior todavía enfrentaba numerosas barreras.
En 1957 se graduaron las primeras 14 bachilleres. Mi madre, Ana Julia Rojas, conservaba una fotografía con el uniforme de gala: jumper azul oscuro sin mangas, que caía sobre las pantorrillas; blusa blanca de manga larga y cuello redondeado, cinturón, zapatos blancos y medias tobilleras del mismo color, complementado con una elegante boina blanca. Aquel uniforme, utilizado durante muchos años en actos solemnes e izadas de bandera, acompañaba también a las alumnas cuando salían a alumbrar en las procesiones de Semana Santa. Es una imagen sencilla, pero capaz de devolvernos de inmediato a la Popayán de aquellos años.
En 1958 nació la Asociación de Exalumnas Franciscanas, llamada a convertirse en un puente entre generaciones. Entre quienes han contribuido a mantener viva esa memoria institucional se destaca Lyda Teresita Guzmán Hoyos, exalumna y reconocida educadora vinculada a la historia del colegio. La Asociación ha permitido conservar recuerdos, fotografías y testimonios que hoy resultan indispensables para reconstruir la vida cotidiana de Las Franciscanas.
Décadas más tarde, el colegio alcanzaría reconocimientos académicos y deportivos, particularmente en baloncesto, disciplina en la que sus equipos tuvieron una destacada presencia intercolegial. De sus aulas han salido profesionales, educadoras, servidoras públicas, empresarias, artistas, deportistas, madres y líderes sociales que han llevado consigo una formación en la que los conocimientos y valores no han transitado por caminos separados.
Permanece igualmente la huella de religiosas y docentes recordadas con especial afecto por sus antiguas alumnas: la Madre Damascena, la Hna. Lourdes Arteaga, la Hna. Luz María Ojeda, la Hna. Luz Maureny Ruiz Tacué y Edelmira Gómez, así como las profesoras María Eugenia Martínez Cobo, Alicia Fernández y Ena Fernández. Son nombres que representan a muchas otras educadoras que dedicaron parte de su vida a formar generaciones de mujeres caucanas.
El terremoto del 31 de marzo de 1983 destruyó la planta física de la institución y obligó a dictar temporalmente las clases en espacios prestados por otros colegios. Sin embargo, aquella tragedia abrió una nueva etapa. En 1984 comenzó la construcción de una nueva sede y, dos años después, la comunidad educativa se instaló en La Estancia. Cambió el edificio, pero no se perdió el espíritu de Las Franciscanas.
Por eso, la conmemoración de los 75 años trasciende una ceremonia protocolaria. La efeméride merece celebrarse con una eucaristía solemne de acción de gracias, un encuentro de exalumnas de distintas generaciones y reconocimientos especiales a religiosas, rectoras, docentes y trabajadores que han construido esta historia. Será también una oportunidad para reunir fotografías, testimonios y recuerdos que permitan entregar a las nuevas generaciones la memoria de quienes abrieron camino desde 1951.
Con 75 años de presencia institucional, el Colegio Nuestra Señora del Carmen forma parte del patrimonio educativo y sentimental de Popayán. Su historia no se cuenta únicamente en promociones, diplomas o resultados académicos. Se cuenta también en las amistades que sobrevivieron al paso de los años, en el orgullo de sus exalumnas y en la huella que miles de mujeres han dejado en el Cauca y en Colombia.
Los edificios cambian, las generaciones pasan y las formas de enseñar evolucionan. Pero hay instituciones capaces de conservar una identidad por encima del tiempo. Las Franciscanas son una de ellas. Y quizá por eso, después de setenta y cinco años, dos palabras siguen resumiendo una parte entrañable de su historia: Paz y Bien.

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