Pico y Placa - Popayán: 3 y 4 | Cali: 3 y 4
Miércoles, 21 de octubre de 2026

Vendedores callejeros, pesadilla de dificil despertar

VENDEDORES CALLEJEROS, PESADILLA DE DIFICIL DESPERTAR. Popayán, ciudad blanca de fachadas coloniales y discursos oficiales inmaculados, parece haber encontrado una...

VENDEDORES CALLEJEROS, PESADILLA DE DIFICIL DESPERTAR
VENDEDORES CALLEJEROS, PESADILLA DE DIFICIL DESPERTAR
VENDEDORES CALLEJEROS, PESADILLA DE DIFICIL DESPERTAR.

Álvaro Jesús Urbano Rojas

Popayán, ciudad blanca de fachadas coloniales y discursos oficiales inmaculados, parece haber encontrado una nueva vocación urbana: la invasión sistemática del espacio público como deporte extremo. Andenes convertidos en bodegas y tiendas de abarrotes, parques mutados en plazas de mercado improvisadas y esquinas que ya no son esquinas, sino microterminales de comercio informal sin orden ni control. Todo ocurre a plena luz del día, sin rubor, como si el desorden fuera una política pública no escrita, pero celosamente aplicada.

El peatón, especie en vía de extinción, debe sortear toldas, carretas, plásticos, cuerdas, ollas humeantes y parlantes estridentes con la agilidad de un atleta olímpico. Caminar por Popayán ya no es un derecho sino una prueba de supervivencia urbana. Y mientras tanto, el discurso oficial insiste en la “recuperación del espacio público”, una expresión tan repetida como vacía, tan decorativa como los informes que duermen en los escritorios de la Alcaldía.

La administración municipal parece haber adoptado una curiosa teoría de gobierno: si no se interviene, el problema tal vez se canse y se vaya solo. Una suerte de urbanismo contemplativo donde el alcalde observa, reflexiona y, sobre todo, no actúa. La inoperancia se disfraza de prudencia, la omisión se vende como diálogo y la ausencia de autoridad se presenta como sensibilidad social. Todo muy humano, muy comprensivo, pero profundamente irresponsable.

El secretario de Gobierno, por su parte, cumple un rol admirable en esta obra: el del funcionario invisible. Su presencia es tan sutil que solo se percibe cuando no está, es decir, siempre. Los operativos brillan por su ausencia, las decisiones se diluyen en mesas de trabajo eternas y la ley parece una sugerencia opcional. En Popayán, el espacio público no se protege: se negocia, se tolera y, finalmente, se entrega.

Pero si durante el año la situación es crítica, en las fiestas de fin de año el problema alcanza niveles épicos. Diciembre llega y, con él, la suspensión no declarada del orden urbano. El espacio público entra oficialmente en modo “feria libre total”. Andenes, calzadas y parques se transforman en un bazar interminable donde todo se vende y nada se controla. El peatón desaparece por completo y el tránsito se convierte en un recuerdo nostálgico. La ciudad colapsa, pero eso sí, con luces navideñas.

En estas fechas, la inacción administrativa se vuelve tradición. Mientras los ciudadanos hacen malabares para llegar a sus casas, la autoridad parece celebrar con silencio institucional. No hay planes de contingencia visibles, no hay controles sostenidos, no hay presencia efectiva del gobierno local. La ley se va de vacaciones y el desorden se queda de tiempo completo.

Lo irónico es que nadie discute la complejidad social del problema ni la necesidad de soluciones integrales. Pero entre la comprensión social y la renuncia absoluta a la autoridad hay una distancia enorme, que esta administración ha decidido recorrer autorizando maratones sucesivos que también invaden calles y avenidas de manera improvisada e interminable. El resultado es una ciudad secuestrada por el desorden, donde el ciudadano que cumple la norma es el verdadero excluido.

Así, Popayán avanza hacia un modelo urbano innovador: el del “sálvese quien pueda”, con andenes privatizados, diciembre como excusa permanente y autoridades en cómodo retiro administrativo. Tal vez algún día, cuando ya no quede un solo metro libre para caminar, alguien en el gobierno local se pregunte qué salió mal. Para entonces, el espacio público será solo un recuerdo… y la inoperancia, una marca registrada.

************************************

Lee otros artículos del autor aquí

Álvaro Jesús Urbano Rojas
logo_proclama_optimizado

Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

Le puede interesar

Pc

Proclama Radio

En Vivo

Lo Más Leído

Únete a nuestro canal

Recibe las noticias más importantes al instante por WhatsApp