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Domingo, 4 de octubre de 2026

VEN A NUESTRAS ALMAS.

VEN A NUESTRAS ALMAS.
VEN A NUESTRAS ALMAS.
Imagen: https://x.com/i/grok

Por JAIME CÁRDENAS

La cultura judeocristiana llegó a nuestra América para quedarse, desplazando la cosmovisión de las culturas prehispánicas. El cristianismo en su expresión, en sus rituales, en la forma de abordar la muerte se muestra sombrío, por ello los gitanos, canta Serrat, celebran al Cristo de la mar y no al del madero. Pero es lleno de vida el culto al nacimiento que se enmarca en el mito del niño dios. Por la celebración cristiana del nacimiento de Jesucristo el mes de diciembre se ilumina, como se iluminan los hogares con las luces de colores, y mediando el mes se da inicio a la novena de aguinaldos. Una repetición de oraciones cargadas de barroquismo que a nadie molesta, con intermedio de coplas y tonadas que nadie se toma el trabajo de averiguar que quieren decir, lo significativo es que esa fraternidad que introduce Jesucristo como verdadero militante del amor y que vendrían pasados los siglos a restituir desde una perspectiva teórica los jacobinos franceses y los bolcheviques rusos, esa fraternidad decimos, se asoma, así sea fugaz y tímidamente por estos días en el ritual de las novenas.

La novena viene a ser un merecido paréntesis para que las tribulaciones del día a día se olviden momentáneamente, para olvidar la mentira de la información que los poderosos, como si fuera arsénico, dan al menos en tres dosis, para olvidarse de los falsos predicadores, de las conclusiones que pasan por la mente como pájaros de mal agüero que muestran que este país está condenado a las mafias, a la violencia y al fracaso.

Los nueve días en los que se le reza al niño Jesús, son nueve días de manjares y comilonas y los que mejor lo hacen son los pobres, los menos tacaños, se las arreglan para que la bandeja buñuelera circule permanentemente y no se descuidan, cuando el fin de semana coincide, con la copita aguardientera. En todas partes se habla, se reza, aquí y allá las panderetas y la risa, se canta sin que nadie se haya ofrecido a interpretar esas enigmáticas estrofas nada fáciles de deletrear.

Tutaina tuturuma
Tutaina tuturumaina
Tutaina tuturuma turuma
Tutaina tuturumaina

(Se dice que viene del vasco, hay otros como el musicólogo y ortopedista Juan Díaz del Molino quien les da un origen africano, del yoruba, intraducible dice, en términos castos, quiere decir algo así como vamos, vamos pal monte…)

Los que más más les sacan jugo a las novenas son los funcionarios públicos y entre estos los de la rama judicial. Como se van de vacaciones el 18, empiezan prematuramente la novena. Vaya usted por estos días en la tarde a un juzgado y no encuentra a nadie, el notificador le dice que vaya al otro día por la mañana, va y ese día le toca al juzgado la novena y nadie le para bolas.

En los hospitales, es igual. Se sacan el tiempo para rezar, a lo lejos se oyen los sufrimientos de los lisiados, los gritos de las parturientas, pero en la novena no faltan los administrativos, los médicos, las enfermeras, todos alabando al niño, y al director. Y en los colegios, en los colegios antes de que se vayan de vacaciones rezan su novenita confraternizando entre colegas y aprovechando para darle una cepillada al rector. Las novenas de la Casa de Nariño, sea quien sea el huésped tienen el aire denso que proviene de la ambición y de la envidia.

Ahora que menciono a los médicos, en Pasto, el citado Juan Díaz del Molino, y Paquito Ruales, Fiscal, compusieron la Novena Montuna. Tuvo un éxito merecido, pero un final imprevisible e injusto. Se silenció cuando se les acusó de plagio, aún no termina el pleito, volvieron a sus huesos y a sus códigos, pero aún se escucha por los fanáticos salseros en recintos cerrados. Por su parte, acaso en el mejor relato escrito en Colombia, El Atravesado, Andrés Caicedo recuerda que al profesor Benito, célebre por el desaseo de sus pies se le compuso con música de ahí viene el niñito: “Ahí viene Don Benito cargado de olores y los estudiantes le gritan: ¡Pecueca! “Todo el curso se había comprometido a cantar las coplas, pero solo el Atravesado, Edgar Piedrahita lo hizo,

Las verdaderas novenas, las genuinas, como decían antes los que vendían electrodomésticos, son las familiares. La lectura de cada día que registra el peregrinar por tierra santa de la virgen y San José, las oraciones, son palabras que estrechan los vínculos consanguíneos, los afectos de los parientes y amigos, dan un lugar merecido a los niños y de paso sirven para comprobar que los malos profesores de hoy dejaron la buena enseñanza de la lectura.

En otro tiempo el humor afloraba con el recuerdo de que San José era el padre putativo de Jesús. En otro tiempo terminaba la novena y la pólvora cerraba la función. (El mago Wen Lung sabía hacer bellezas con la pólvora, nos cuenta Lezama Lima, sabía hacer la gran canasta de peras multicolores que se rompe en el cielo en lluvia de manecillas, guantes y estrellas).

Han cambiado los tiempos, pero las novenas siguen siendo un momento grato para “esta humanidad agobiada y doliente “, de lo mejor que ocurre en año, gracias a ellas sabemos que la infancia bien invocada funciona mejor que los libros de auto superación:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo los méritos de tu infancia y nada te será negado”.

No resta sino porfiar en que la súplica se haga realidad:

“Ábranse los cielos y llueva de lo alto, bienhechor rocío como riego santo».


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Jaime Cárdenas