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Lunes, 12 de octubre de 2026

Un jardín de versos y colores en Tunía

Un jardín de versos y colores en Tunía

Un jardín de versos y colores en Tunía:
Gonzalo Delgado López

Por Alfonso Luna Geller / El sábado 28 de junio, cuando la tarde comenzaba a extender sus sombras doradas sobre Tunía, en Piendamó, Cauca, algo vibró en el aire de la Fundación Casa de la Cultura “José María Vivas Balcázar”.

Bajo la batuta de Phánor Terán Cabrera, un espacio se abrió para que la palabra y el color de un hombre, el abogado caucano Gonzalo Delgado López, inundaran el recinto.

Los que allí se congregaron, amantes de la poesía y del arte, sintieron la ráfaga de autenticidad, de esa que tanto escasea a veces.

Un jardín de versos y colores en Tunía

Gonzalo, con ese aire de quien ha vivido cada minuto a plenitud, presentó su poemario, «En el Jardín de la Vida«. Sesenta y cuatro poemas, compilados con la delicadeza de Antonio Alarcón Reina, donde se entretejen los hilos de una existencia vasta y, si me permiten, deliciosamente dionisíaca. Allí están las tribulaciones y los alborozos que lo han acompañado desde mediados del siglo XX hasta hoy. Son una inmersión en sus pensamientos, en sus amores, en esas agonías y esas alegrías que esculpen el alma.

Pero no solo fue poesía. La palabra se vio abrazada por el color. Una exposición de sus pinturas acompañaba el viaje. Lienzos que son ventanas a su deambular por el arte, por la vida misma. Allí se reencontraría con las almas que han cruzado su camino en este azaroso siglo XXI. Y es que el arte de Gonzalo, me atrevo a decir, es un reflejo de su propia existencia, de sus encuentros y desencuentros.

Gonzalo Enrique Delgado López

Un jardín de versos y colores en Tunía

Nació en Silvia, Cauca, el 13 de julio de 1952. Desde niño, en Cali, la pluma y el pincel fueron sus cómplices. El declamador, el soñador. Luego, el Liceo Nacional de Popayán. Y aquí, la vida le dio un giro, o más bien, él le dio un giro a la vida. Eran tiempos de ebullición social, de luchas. Y Gonzalo se sumergió de cabeza en las causas populares. Con «Tuto», «Tololón», Elmer Guevara, el «Negro» Ayala, Álvaro Negret, el «profe» Solís, el «Tuerto» Ramos, Lucho Calderón… Juntos, si, juntos, tumbaron al gobernador Rodrigo Velasco Arboleda, «El Hombre Caballo».

Un jardín de versos y colores en Tunía

La Universidad del Cauca lo vio crecer. Representante estudiantil, consejero. Pero el arte, siempre el arte, lo llamaba. En la Facultad de Humanidades, bajo la tutela de Renzo Fajardo y Ever Astudillo, desentrañó los secretos del diseño y la pintura, plasmando en sus obras los horrores de un régimen que él, sin duda, desafiaba con cada trazo.

Hizo posgrados en Derecho, sí, pero lo suyo era el latido del pincel, la cadencia del verso. Vivió y estudió en Nueva York, zambulléndose en la Literatura Latinoamericana y el Comercio Internacional. Y volvió a Popayán, a la ciudad que lo vio formar familia, construir un bufete prestigioso, de esos que dejan huella. Asesor jurídico de la Clínica La Estancia por años. Una vida, parece, perfectamente trazada.

Un jardín de versos y colores en Tunía

Pero la vida, ya lo sabemos, tiene sus propios guiones. Un trágico accidente de tránsito. Una fractura que lo obligó a dejar la toga y refugiarse en el campo. Y fue precisamente en Tunía donde encontró su puerto. Siete años lleva fascinado con este lugar. Miembro de la Casa de la Cultura de Tunía, donde encontró el abrazo de almas maravillosas como la del maestro Phánor Terán. Aquí sigue, en su refugio, dejando su «testimonio vital» en lienzos. Abstractos figurativos, realistas, sociales. Caballos que galopan, la belleza femenina que inspira, las luchas juveniles y étnicas que arden. Todo, en una explosión de color y fantasía.

En ese lanzamiento de «En el Jardín de la Vida», Gonzalo lo dijo con esa voz pausada pero firme, la de quien ha sopesado cada palabra: «Me he dado a la tarea de compartir mis escritos, notas, poemas, amores, sueños y nostalgias, con inteligencias atípicas que rondan la alucinación de vivir eternamente sorprendido». Y luego, como si nos invitara a un rito ancestral, evocó un «maravilloso convite de duendecillos del talento, de diosas de porcelana almibarada, de fantasmas embrujados de noche, de juglares taciturnos abrumados por auroras multicolores y perfectas».

Un jardín de versos y colores en Tunía

Y para rematar, una estampa casi pictórica: «Llegan a este magnífico convite, alucinados por chicha de totuma o por delirantes licores madurados en vasijas de arcilla milenaria o por historias deslumbrantes y poemas, amigos míos, cuya epidermis tatuada por nevados y volcanes llevan el sabor de acemas y pambazos, de ñapangas y alpargatas, de otobos, robles y mortiños». Una prosa que evoca el alma del Cauca, la esencia de su gente.

La obra de Gonzalo Delgado López es un recordatorio de que, incluso ante la adversidad, el arte y la palabra son faros que guían, voces que no se apagan. Y en el Cauca, ¡ah, en este Cauca que a veces nos duele tanto!, saber que hay vidas así, vibrantes, poéticas, combativas, nos devuelve la fe. Nos recuerda que no estamos desahuciados. Jamás.


Imágenes: https://www.facebook.com/gonzaloenrique.delgadolopez.5