Un festival que le devolvió el alma al Cauca

Un festival que le devolvió el alma al Cauca. El XXXV Festival Internacional de Música Clásica de Santander de Quilichao y otros municipios del Cauca concluyó el 20 de abril con un mensaje que trascendió los auditorios y parroquias: la cultura sigue viva, sigue resistiendo y continúa construyendo caminos de reconciliación en medio de la adversidad.

La edición de 2025, celebrada durante la Semana Santa bajo el lema Música para la Reconciliación y la Paz, comenzó el 11 de abril en el Teatro Municipal Guillermo Valencia de Popayán. Allí, la Banda Departamental del Valle del Cauca, dirigida por el maestro Miguel Santiago López, ofreció un concierto junto al bajo barítono Valeriano Lanchas, una de las voces más reconocidas del país. Esta presentación inaugural fue posible gracias al respaldo de instituciones como la Gobernación del Cauca, la Secretaría de Educación y Cultura, la Alcaldía de Popayán, la Universidad del Cauca, la Compañía Energética de Occidente y la Industria Licorera del Cauca.

Ese impulso musical se trasladó al día siguiente al corregimiento de Mondomo, donde el guitarrista Giuseppe Gallo, reconocido como el mejor requintista de Suramérica, presentó su espectáculo “Un concierto para el mundo” ante un público que colmó la Parroquia Nuestra Señora del Carmen.

El Domingo de Ramos, 13 de abril, la música se escuchó en el Auditorio del Instituto Técnico de Santander de Quilichao, con el concierto del contratenor Asael Cuesta y su agrupación. El artista describió la experiencia como una de las más memorables de su carrera, agradeciendo a quienes acompañaron y compartieron lo que calificó como un momento irrepetible.

Aunque el festival ha llegado en ediciones anteriores a más de una decena de municipios caucanos, esta vez —sin el respaldo del Gobierno Nacional ni del Ministerio de Cultura— solo fue posible realizarlo en Popayán, Santander de Quilichao, Caloto y Silvia. A pesar de las limitaciones presupuestales, los escenarios se mantuvieron firmes, y el público respondió con una presencia masiva.

El Miércoles Santo, la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia se presentó nuevamente en Quilichao. En medio del clima de tensión que ha afectado al norte del Cauca, los jóvenes músicos ofrecieron un repertorio cargado de sensibilidad, convocando a cientos de asistentes. Fue una noche para escuchar y recordar que el arte también es resistencia. Emith Montilla Echavarría, directora del festival, lo expresó con claridad: “La música es un bálsamo espiritual: nos eleva, nos reconcilia, nos permite perdonar. Hoy, después de tanto daño, decidimos unirnos, tomarnos de las manos y soñar con paz en medio de la violencia”.

El Viernes Santo, la Iglesia de la Virgen de Guadalupe acogió la presentación del ensamble de violines y el Coro Quilimusic, en una velada que reafirmó el poder transformador de la música en contextos de dolor. Ese mismo día, en Caloto, bajo la dirección del alcalde Óscar Cifuentes, se reiteró el compromiso con la educación, el arte y el turismo como motores de convivencia.

El cierre del festival tuvo lugar el Sábado Santo 19 de abril en el Polideportivo Los Guásimos, con un concierto gratuito que marcó el punto más alto de asistencia. El evento inició con el tributo de Chiky Banda Quilimusic a la Fania All Star Live en África y culminó con “Nuestro Juramento”, homenaje al Ruiseñor de América Julio Jaramillo, interpretado por el Cuarteto 4/4. Cientos de familias celebraron, cantaron y se abrazaron al ritmo de boleros y pasillos que evocaron tiempos de memoria compartida.

Cada uno de los conciertos fue un acto de reafirmación de la vida. Cada nota interpretada en plazas, auditorios, parroquias y polideportivos fue una forma de decir que el arte aún tiene espacio, incluso en medio del dolor. Y que el Cauca, más que víctima del abandono, es una tierra de creatividad, resistencia y dignidad.
En su edición número treinta y cinco, el festival no solo celebró la música clásica: celebró la persistencia de quienes creen que un violín, una voz o una guitarra pueden abrir caminos donde otros levantan muros. El Cauca cantó, el Cauca resistió y el Cauca recordó que el alma de un pueblo también se escribe en pentagramas.



