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miércoles 7 octubre, 2015 a las 10:18 am

Un día como hoy se libra la batalla de Lepanto

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Diana uribe
La Casa de la Historia de Diana Uribe / [email protected]

Un 7 de octubre como hoy en 1571, tiene lugar la batalla de Lepanto entre la Liga Santa y el Imperio otomano.

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7 de octubre de 1571: En pleno siglo XVI el imperio otomano se encontraba en ascenso y se había convertido en una seria amenaza para los europeos. Tras la conquista de Constantinopla, en 1453, los turcos habían ocupado el trecho más corto que tenían los europeos para llegar al Oriente además de lograr posicionarse de forma decisiva en el Mediterráneo. Ante la posibilidad de que los otomanos ocupasen la totalidad del “mar interior” europeo, el papa convocó a una liga de naciones cristianas y católicas para que hiciese frente a esta amenaza. Como resultado, el 7 de octubre de 1571, una alianza conformada por el Reino de España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya se enfrentó a las naves del sultán Selim II en el golfo de Corinto, cerca de una ciudad griega llamada Naupacto, pero conocida por los españoles e italianos como Lepanto. Los cristianos llegaron a la batalla con más de 400 embarcaciones y 98 mil hombres. Los turcos, por su parte, plantaron cara a los europeos con cerca de 300 naves repartidas entre galeras, galeotas y fustas en las cuales se ubicaron 120 mil hombres. La batalla ha sido catalogada como una de las más sangrientas que haya visto la guerra naval. Cerca de 40 mil hombres murieron en el campo de batalla. Incontables fueron los heridos, amputados y lisiados de por vida que dejó el enfrentamiento, entre ellos uno muy conocido para los hispanoparlantes: Miguel de Cervantes Saavedra, quien hizo parte de las huestes españolas que afrontaron la batalla. Allí se originó su sobrenombre del “Manco de Lepanto”.

Al final la Liga Santa, es decir, la alianza convocada por el papa, obtuvo una victoria contundente al destrozar 190 naves otomanas y dar de baja a más de 30 mil turcos. Los cristianos apenas vieron destruidas 12 galeras y sacrificaron a 7600 hombres, números mucho más bajos que las pérdidas otomanas. Se ha apuntado a que el triunfo de los cristianos se basó en un uso muy efectivo de la artillería y especialmente la adopción de filas de cañones en algunas de sus embarcaciones. La victoria detuvo el avance de los turcos en el Mediterráneo, recuperó para los cristianos la isla de Chipre y disminuyó por algunas décadas a los piratas aliados con los otomanos. No obstante, Selim II describió la batalla a un embajador cristiano con la siguiente frase: “Al destruir vosotros mi escuadra me habéis afeitado las barbas, pero las barbas afeitadas vuelven a crecer con más fuerza”. El Imperio otomano siguió siendo determinante en el destino de Europa, hasta que desapareció con el final de la Primera Guerra Mundial.