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Sábado, 10 de octubre de 2026

Un ancestral deseo…

Un ancestral deseo…
Un ancestral deseo…
Mary Grueso / Hilda Pardo

Un ancestral deseo… Entre la palabra y el silencio

“Vivir no es necesario; lo que es necesario es crear”.
Fernando Pessoa

El viaje en su misterio teje una canoa que arde en rezos, lo que viene es el vibrar de los tambores, esa canción que lleva en el viento semillas, ese grito que cura el dolor de quienes parten mientras la noche los conjura.

Así respiran, así cantan, es la exaltación del espíritu, cuando se nace entre hogueras y tempestades, entre candelabros y violines, cuando el Ser Interno despierta el lenguaje para crear melodías, ser navegante, ser caminante, y sentir que el atardecer es el mismo, pero quien se aleja es OTRO; son los encuentros quienes nos hilan, nos fortalecen y nos abrazan, porque la poesía como soñaba Rabindranath Tagore: “es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”.

¡Vengo a celebrar tu vuelo – poeta Mary Grueso!

Vengo a retumbar la embriaguez de la tierra, con un dios que sepa bailar, de la fe en los brazos de los pescadores que arrojan redes de batir, atrapando la luz de la luna, el ritual de la muerte cuando aparece la mariposa café, los manglares y sus raíces, los ancestros que vigilan las estrellas, y ese palpitar que todo lo ve y todo lo siente en la piel de la isla.

¡Vengo a celebrar tus manos – poeta Mary Grueso!

Una maestra que acaricia el oleaje, que guía los pasos de quien viene del Sol, aquella que le cuenta historias al Mar, como el baúl a la escuela, la niña en el espejo, para que los recuerdos perduren, cuando los ancestros llaman.

Pido la sanación de tu voz, y en esta noche apareces:

“Quise dejar atrás el pasado,
decidida, tomé el bastidor,
hilo, aguja y tela.

Y empecé a tejer ilusiones,
cansada de mis recuerdos,
de mis noches de desvelo,
donde no ha aparecido una palabra nueva,
un rayo de luna,
ni un te quiero”.

Así respiran, así cantan, cuando se nace entre hogueras y tempestades, entre candelabros y violines, cuando el Ser Interno despierta el lenguaje para crear melodías, ser navegante, ser caminante; son los encuentros quienes nos hilan, nos fortalecen y nos abrazan, porque como dice Roberto Juarroz: “No se trata de hablar, no se trata de callar: se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio”.

Dar a luz un ángel mientras la lluvia limpia la sangre de sus alas, tejer la herida del Arpa con la mirada puesta en el infinito, desnudar las semillas que no desean germinar en tierra, bautizar al espejo que nos seduce al agonizante respiro de las estatuas.

Y así te canto, poeta Hilda Pardo, una voz que me recuerda a un Gerifalte, pájaro blanco, decía que tu madre Juana, gran visionaria, fue la que impulsó tu arte a la sensibilidad de la noche y el arrullo de la naturaleza, como quien sabe por destino el lenguaje de los árboles y de los ríos, un esplendor mágico que describe de manera similar nuestro amado José Saramago cuando dice: “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir;(…) y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver”.

Es ahí que se forma el poeta, en el contacto primero con el cristal de las aves, en el olor oscuro de las plantas, en el plumaje de las cascadas, y las montañas sagradas donde los hombres danzan en resonancia circular. Por eso, bienaventurada Juana por hacer de ti un desbordante deseo que contempla la belleza de las simples cosas, como las nubes, las piedras y los ríos.

¡Vengo a celebrar tu vuelo, poeta Hilda Pardo!

Tras el nacimiento vendrían encuentros con hombres notables, como lo dice en el título del libro de George Gurdjieff. En ese espacio donde las pieles se erizan y se cubren los párpados con las manos de Baudelaire que susurra al oído: “¿Vienes del cielo profundo o surges del abismo, Oh, Belleza? Tu mirada infernal y divina, Vuelca confusamente el beneficio y el crimen, Y se puede, por eso, compararte con el vino”. Y hay que entregarse totalmente al himno, al láudano y a la espera de ser de la Noche.

Luego de tan afortunada visita, un hombre moribundo te habla desde su ventana, –César Vallejo se llama-, con sus últimas fuerzas, temblando, se confiesa solamente ante ti: “Yo nací un día que Dios estuvo enfermo, grave”; y de París viajas a Perú a dejar su semilla, porque no todos podemos escuchar lo que dice la Muerte desde una mirada.

¡Vengo a celebrar tus manos, poeta Hilda Pardo!

Y deseo que cantes y te manifiestes, y desde lo profundo de tu alma apareces:

“La noche que ocurrió en mis ojos viajeros
encontré tu luz dispersa en los cristales negros.

Esa misma noche se dibujaron signos extraños
en las aguas tranquilas de mi boca.

Desde entonces, la ciudad no duerme”.

Y así agradezco tu vida dedicada a la belleza, al cántico, a la naturaleza, a la melodía, al mundo interno que nos habla, a la magia Vestida de Deseo, A las Arenas de la Noche, en un Abril Violeta Claro, y sobre todo al amor y al espíritu.

Por ello, en honor a su trayectoria poética Mary Grueso e Hilda Pardo, celebramos este reconocimiento no solo a sus vidas sino a la CREACIÓN.

Fraternalmente,

Diego Román Konrad (*)
Popayán, 21 de octubre de 2020
Presentación POPAYÁN CIUDAD LIBRO 2020

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Un ancestral deseo…

(*) Escritor y docente de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales, Artes y de la Educación de Unicomfacauca. Docente del Plan Nacional de Lectura de Jornada Escolar Complementaria de Comfacauca. Miembro de la Asociación Caucana de Escritores. Miembro organizador de Popayán Ciudad Libro. Coordinador del Club de Cine Alejandra Borrero, y Club de Lectura Matilde Espinosa de Unicomfacauca.

One comment

  • Hilda Pardo

    lunes 2 noviembre, 2020 a las 12:32 pm at 12:32 pm

    Bello artículo y sentido artículo del poeta Diego Román. Es otro canto a la poesía hablando de dos mujeres.

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