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Lunes, 5 de octubre de 2026

Teresa

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Gloria Cepeda Vargas

El 23 de abril, Día del Idioma y aniversario del fallecimiento de Cervantes, murió Ana Teresa Parra Sanojo, mejor conocida como Teresa de la Parra, considerada con Rómulo Gallegos, la novelista más importante de la primera mitad del siglo XX en Venezuela.

Ana Terersa Parra Sanojo

Sería menester largo espacio para hacer justicia a una personalidad que marcó territorio en el provinciano ambiente literario de entonces mediante dos novelas escritas antes de cumplir 26 años. Proveniente de una familia aristocrática, descendiente de Bolívar y Soublette por el lado materno, su padre se desempeñaba como cónsul de Venezuela en Berlín. De ahí su nacimiento casi accidental en París. Con apenas dos años de edad regresó a Caracas para iniciar un periplo vital de 46 años desglosado entre Europa y Venezuela. La Caracas de 1919 acogió sus crónicas y cuentos publicados en revistas parisinas y venezolanas. El éxito logrado la llevó a pergeñar “Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba”. Nuevamente París en 1923 para un año después, con el seudónimo de Teresa de la Parra, escribir su primera y más famosa novela: “Ifigenia”, publicada simultáneamente en francés y español, con la que obtuvo el Primer Premio en un Concurso Literario de gran prestigio. La aparición de este libro fue un acontecimiento de primera magnitud en los exigentes escenarios literarios de la Europa de entonces. Su nombre corrió de boca en boca convirtiéndose, con su amiga Gabriela Mistral, en la escritora más destacada de Latinoamérica. En 1929 publicó su segunda novela: “Memorias de mamá Blanca”, considerada como un clásico de la literatura hispanoamericana.

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Escritura nacida en un momento álgido de la modernidad literaria al término de la primera guerra mundial, “Ifigenia” marca la madurez novelística en Venezuela. Expresa la inconformidad de una joven en un mundo que según sus propias palabras “Es un festín de hombres solos”. Las costumbres de la Caracas aldeana de la época con descripción de la vida familiar e íntima del venezolano, descritas con un lenguaje ajeno al costumbrismo y solo tomado como pretexto para contar historias, la señalan como pionera de la disidencia femenina en un ambiente que le exige silencio, matrimonio y sometimiento. “Pensar y tener iniciativa no es bien visto en una señorita decente” –dice- La novela es una crítica mordaz a las formas de vida de la aristocracia criolla y síntesis del drama vivido por la mujer venezolana de principios del siglo XX en un momento de crisis y cambios transformadores en el mundo. Su personalidad rebelde, hija de la dictadura gomecista y marcada por la influencia europea, produce sin embargo una narrativa entrañablemente caraqueña. “Ifigenia” es con “Ana Isabel, una niña decente” de la escritora venezolana Antonia Palacios, la primera voz cuestionadora en un ambiente patriarcal donde fue calificada por los críticos más conservadores de su país, como “Volteriana, pérfida y peligrosísima en manos de las señoritas contemporáneas”. El 23 de abril de 1936 falleció víctima de la tuberculosis en el sanatorio español de Fuen Fría a los 46 años de edad. Sus restos reposan en Caracas en el Panteón Nacional.