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Viernes, 2 de octubre de 2026
viernes 27 mayo, 2011 a las 3:19 pm

SACAR LA BASURA

Reinel Gutiérrez
Todos los seres humanos quieren cumplir labores honrosas, de prestigio, agradables, y también fáciles, desechando todo lo que no represente buen gusto o bienestar.
Un político goza de felicidad cuando triunfa en las elecciones. Ver la posesión del presidente, del gobernador, del ministro o del Nuncio Apostólico, es observar el ego repotenciado de estas personas.
Firmar un importante documento, como sentencias, decretos, ordenanzas o leyes, es una acción que mueve el orgullo de quien lo hace.
Una reina recién coronada está rebosante de alegría y no se cambia por otra personas, y su vanidad se ve altamente complacida.
Graduarse de modelo es el clímax para una joven que tiene anhelos de figurar.
Hacer el gol con que se alcanza el campeonato coloca en el pedestal hasta al más humilde morocho que tenga esa oportunidad.
Un profesor se siente realizado al lograr que su cátedra sea aceptada.
Y qué tal el estado anímico de quienes logran ser reelegidos, ¡y pueden perpetuarse en el poder!
Todas esas cosas son importantes, demasiado trascendentes para quienes las realizan, por lo cual el resto puede parecer superficial, elemental, rechazable y no complace los afectos.
Sacar la basura es un trabajo que pocos lo hacen, porque es prestarle atención a los desperdicios, y dejarse ver de los vecinos portando la bolsa o el recipiente, alerta el «qué dirán» y cunde la hecatombe de críticas. Pero hacer esto tiene su gran importancia, porque si no se realiza, pasada una, dos o 15 semanas con el acumulado de basuras, sí es muy perjudicial. Entonces, sacar la basura, es tan importante como decretar la emergencia económica para un país. Se entiende que es duro para un magistrado, un monarca, o una reina, un día tener que hacer este molestoso oficio.
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