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viernes 27 mayo, 2011 a las 3:32 pm

ELLA, FLOR DEL CAMPO

Ana Milena López de Vélez*
Dedicado a la Juez Gloria Constanza Gaona Rodríguez,
asesinada en Saravena, Arauca, el 23 de marzo del 2011
Tiene 16 años. Vive en el campo y baja a la ciudad a estudiar. Escucha música estridente, le gustan todas las películas de terror, casi se transforma en vampiro leyendo las sagas de Crepúsculo, se pinta las uñas de morado oscuro.
Cada día, cuando llega, salen a saludarla los perros. Le embarran la minifalda del colegio y las medias blancas a la rodilla. Se arrodilla para acariciarlos sin importarle su tamaño imponente, sus garras y sus colmillos, pues son perros de finca. Guardianes de la noche y del día. Topetea especialmente al perro chiquitín, pues siempre hay nuevas camadas que llenan de alegría todos los amplios espacios. Los revisa con ojos expertos para ver si tienen garrapatas, y no presta atención a las pulgas que de vez en cuando cambian de huésped.
Es su cuarto de princesa la sala-cuna de los gatos. Debajo de la biblioteca está la sala de partos. Aprende veterinaria en vivo y en directo; ya sabe que la columna vertebral de los felinos se va conectando poco a poco, de las vertebras cervicales a las extremidades inferiores, y que no es que hayan nacido paralíticos. Sabe cuál es la cantidad de sangre que se vierte en un nacimiento y no se altera ante el blanco tapete manchado.
En este aislamiento ermitaño, cual joven eremita de los tiempos del ayer, cultiva cualidades del ahora. Chatea por internet tan pronto se despierta y no se detiene antes de la media noche, no importa cuántas veces se le pregunte si ha de estudiar: primero está el intercambio con su red de amigos. Se comunican para ir a todos los conciertos de reggaetón, de bachata, de vallenato, de salsa, de música de despecho… Canta en inglés como si hubiese nacido en el Central Park y habla por celular tanto tiempo como el que se demora el ordeño de cien vacas dos veces al día.
Recibe paseos completos de amigos con la venia de toda su familia, para evitar que esa Flor del Campo se sienta nostálgica del bullicio de la ciudad. Pasean a caballo por desfiladeros buscando las cascadas del río, se bañan en los charcos que podrían arrebatarles la vida y las zarzas se le enredan en sus cabellos de oro y miel. Aprendió a ensillar y desensillar, a cuidar de las yeguas y sus potrillos; sabe ordeñar con dos manitas que parecen flores de loto, se ha constituido en protectora de todas las serpientes de los alrededores y de los toros de casta. Todo vibra a su alrededor.
Ahora se apronta para comenzar una nueva vida. Va para la Universidad. Estudiará algo Ambiental para descontaminar el planeta y diseñar nuestra adaptación al Cambio Climático. No desea estudiar Filosofía, no quiere estudiar Literatura. ¿Se inclinará hacia las personas, los individuos, sus organizaciones sociales? O ¿se ensimismará observando una puesta del sol, cuando el cielo enrojecido sirve de fondo donde se recortan las montañas oscuras?
Allá la están esperando nuestros contemporáneos, hombres y mujeres de 30, 40, 50, 60, 70, 80 años. Esos hombres y mujeres que comulgan desde siempre con la parte corrupta de su naturaleza y no se ponen cortafuegos. Por el contrario, avivan el incendio que los consume a ellos y a todos los que orbitan a su alrededor. Allá la están esperando para arrebatarle sus sueños de Siglo 21, su autonomía. Para arrebatarle su parte de recursos en este planeta, en esta generosa naturaleza que Dios nos ha regalado.
Ahora que estamos descubriendo las cifras que maneja la corrupción y que los carruseles de la contratación giran al ritmo de la música loca, ella, Flor del Campo, se prepara para entrar al sistema. A las multinacionales, a las transnacionales, a las transfronterizas, a la empresa privada, a los gremios, al servicio público, al Gobierno.
Por todo eso, está en el corazón de los jóvenes el futuro de la humanidad. Ellos decidirán. Ellos han de dirigir el cambio de enfoque en calidad de vida.
Y compete a los adultos que sean capaces, abrirles con valentía el camino para que no caigan antes de su tiempo. Es tiempo de héroes…
*Ingeniera Agrónoma, Universidad Nacional de Colombia. Mestre Agrónoma, Universidade Federal da Bahia, Brasil.
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