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Martes, 27 de octubre de 2026

POR FIN, TODOS EMPUJANDO PARA EL MISMO LADO

Durante muchos años, los payaneses parecíamos condenados a vivir la misma paradoja: cada vez que Popayán se preparaba para mostrarle al país y al mundo lo mejor de sí, aparecía sobre la carretera Panamericana la amenaza de un bloqueo. Semana...

Representantes de comunidades dialogan junto a la vía Panamericana mientras circulan vehículos
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Álvaro Jesus Urbano Rojas

Durante muchos años, los payaneses parecíamos condenados a vivir la misma paradoja: cada vez que Popayán se preparaba para mostrarle al país y al mundo lo mejor de sí, aparecía sobre la carretera Panamericana la amenaza de un bloqueo. Semana Santa, festivales, temporadas turísticas, encuentros culturales y acontecimientos importantes terminaban acompañados por la misma pregunta angustiosa: ¿se tomarán nuevamente la vía?

Hoy podemos celebrar algo que debería ser absolutamente normal, pero que después de tantos años se ha convertido casi en noticia extraordinaria: la Panamericana permanece abierta cuando Popayán se prepara para uno de sus grandes acontecimientos.

Después de cerca de 16 años de cierres recurrentes, protestas y bloqueos que han golpeado duramente la economía regional, resulta alentador comprobar que es posible encontrar caminos distintos a la confrontación y al cierre de las vías.

No estamos simplemente frente a la ausencia de un bloqueo. Estamos ante una demostración de que cuando las autoridades, los actores sociales, los gremios económicos, las organizaciones comunitarias y el Consejo Regional Indígena del Cauca —CRIC— entienden que el bienestar de la región debe estar por encima de las diferencias, los problemas pueden enfrentarse mediante el diálogo y la concertación.

Durante demasiado tiempo hemos vivido bajo la equivocada idea de que en el Cauca todo desacuerdo tenía que terminar sobre el pavimento de la Panamericana. Como si para ser escuchado fuera indispensable detener el tránsito, cerrar el departamento y producir pérdidas económicas a comerciantes, transportadores, pequeños empresarios, trabajadores, campesinos y ciudadanos que nada tienen que ver con el origen de los conflictos. Esta vez parece imponerse otra lógica: hablar antes de bloquear, concertar antes de confrontar y buscar soluciones antes de perjudicar a toda una región.

Las autoridades tienen el deber de escuchar, anticiparse a los conflictos, gestionar soluciones y hacer cumplir los acuerdos; los sectores sociales tienen pleno derecho a plantear sus reivindicaciones; los gremios representan una economía regional que necesita estabilidad para producir empleo y oportunidades, y organizaciones como el CRIC poseen una enorme capacidad de representación y responsabilidad social para movilizar comunidades dentro del Cauca.

Cuando todos los actores se solidarizan y se sientan alrededor de una mesa con voluntad real de entendimiento, las diferencias no desaparecen, pero dejan de convertirse necesariamente en crisis. Eso es construir región.

La Panamericana no es solamente una carretera; es la arteria económica y social del departamento. Por ella circulan alimentos, combustibles, turistas, mercancías, pacientes, estudiantes y trabajadores; cerrarla significa afectar indiscriminadamente a cientos de miles de personas. Por ello, mantenerla abierta mediante acuerdos y concertación constituye una victoria colectiva.

El Festival Gastronómico representa una extraordinaria oportunidad para Popayán: hoteles, restaurantes, transportadores, artesanos, comerciantes y emprendedores dependen en buena medida de que los visitantes puedan llegar tranquilamente a la ciudad. Lo mismo sucede con nuestra Semana Santa, patrimonio cultural y religioso que proyecta a Popayán ante Colombia y el mundo. Al fin entendimos que una ciudad turística necesita una condición elemental: que se pueda llegar a ella.

Este momento histórico deja una enseñanza aún más profunda: el Cauca no está condenado al conflicto permanente. Cuando cada sector abandona por un momento sus posiciones irreductibles y comprende que existe un interés superior llamado región, aparecen las soluciones. Las autoridades cumpliendo su responsabilidad, los gremios aportando su capacidad de gestión, los sectores sociales expresando legítimamente y con responsabilidad social sus necesidades, las organizaciones indígenas participando en escenarios de concertación y la ciudadanía respaldando el diálogo y rechazando la violencia. Todos empujando para el mismo lado. Esa es la fórmula.

No se trata de negar las enormes dificultades sociales del Cauca ni de silenciar las reclamaciones de sus comunidades. Se trata de demostrar que es posible defender derechos sin destruir la economía regional y que también es posible ejercer autoridad sin cerrar las puertas al diálogo. Si esta experiencia logra mantenerse, habremos dado un paso enorme.

Porque quizás la mejor noticia no sea únicamente que esta vez no se cerró la Panamericana; la verdadera noticia es haber comprobado que cuando autoridades, comunidades, gremios, organizaciones sociales y el CRIC deciden construir en lugar de confrontar, el Cauca puede encontrar soluciones favorables para todos.

Después de tantos años de división y desencuentros, esa sí sería una transformación digna de celebrarse. Que no sea solamente una tregua para un festival, que sea el comienzo de una nueva manera de resolver nuestros problemas. Cuando todos empujamos para el mismo lado, el Cauca avanza.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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