Paralelo del Domingo: Editorial El Tiempo – Columna de Alfredo Molano en El Espectador
Editorial: Reforestar, reforestar y reforestar
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM
La tierra nos espera.
«Si no reforestamos no sobrevivimos en este departamento de montañas», dijo el gobernador de Cundinamarca, Andrés González, con motivo del lanzamiento, el jueves pasado, del programa ‘Cundinamarca, potencia forestal’. La iniciativa, que tiene raíces en la Gobernación, la Agencia de Desarrollo regional y la Fundación Natura, busca reforestar inicialmente unas 3.600 hectáreas.
Un millón de árboles serán plantados durante el 2011. Esa es una gran noticia. Reforestar es una urgencia nacional, más cuando cada año se pierden 384.000 hectáreas de bosques. Algo así como si taláramos un área equivalente al departamento del Atlántico. Aunque más vale tarde que nunca, reforestar es la exigencia ante las duras lecciones que nos ha dado la naturaleza a grandes costos.
No es llover sobre mojado, pero sirvan las tremendas cifras para reflexionar sobre la necesidad de prevenir, de devolverle a la tierra mucho de lo que le hemos quitado, especialmente en selvas y sus especies nativas. Ya son casi tres millones de afectados severamente por las lluvias, 448 personas han muerto y son incalculables las pérdidas económicas en cultivos y viviendas. Van 12.138 casas destruidas.
Aparte de dragar ríos, de recuperar los humedales, de rehabilitar los páramos, hay que sembrar árboles. La deforestación causa erosión y esta, derrumbes y desastres. Por eso, no es exagerado decir con el gobernador que si no reforestamos no sobrevivimos. Esta es la más exitosa forma de evitar las tragedias por causa del invierno. Hay que aplaudir y respaldar esta iniciativa. Que debe ser reproducida en el país y complementada con compromiso de las alcaldías, pedagogía y sanciones para quienes talen y quemen. Ahí tiene que estar el compromiso de las desprestigiadas CAR.
Y no es solo un deber oficial, sino general. Está bien que, como se piensa hacer en Cundinamarca, la empresa privada aporte mediante incentivos tributarios. O aun sin ellos. En este programa que germina se invertirán inicialmente 5.000 millones de pesos, pero se requieren unos 15.000 millones. En esto es mejor no ser cicateros. Restaurar el ecosistema tiene que ser una obligación a todo costa. De lo contrario, seguiremos padeciendo estos dramas, cada vez mayores. Así que la tierra nos espera.
15 Mayo 2011 – 1:00 am
¿A quién le importa Juan Ceballos?
Por: Alfredo Molano Bravo
EN MAYO —MES DE LAS FLORES, MES de María—, la empresa Prima Colombia Hardwood ha comenzado a tumbar árboles en Bahía Solano para exportar a China, con la que tiene firmados ya 17 contratos sobre 7.000 metros cúbicos de las maderas más finas del Chocó: algarrobo, sande, cedro amargo, bálsamo, caimito, chanul y virola.
La tal empresa no es cualquiera. Es dueña de REM Forest Products, del billonario canadiense Frank Giustra, un corsario financiero que hizo puente con Álvaro Uribe y obtuvo una licencia de aprovechamiento forestal otorgada por Codechocó en 2006 (Resolución 2293) para explotar durante 15 años más de cinco millones de metros cúbicos de madera; unos US$1.500 millones. Estas compañías tienen a su vez vínculos financieros con Pacific Rubiales Energy, Medoro Resources, Alange Corp, Gran Colombia Gold. Es decir, se trata de un proyecto de envergadura: madera, oro y petróleo. La Prima-REM ha instalado en la playa de Huaca un campamento con una docena de empleados canadienses, otros tantos colombianos, 80 ciudadanos nativos de las comunidades negras e indígenas y dos helicópteros. Pero las primeras trozas de prueba eran tan grandes y pesadas, que los aparatos no pudieron levantarlas. Ahora, ya en forma, con todo tipo de patentes, la empresa se dispone a cortar su primer millón de metros cúbicos en 44.596 hectáreas, todas dentro del Consejo Comunitario de Los Delfines, autorizado por la Ley 70 de 1993 y creado en 1999. Este territorio colectivo —inembargable, inalienable, imprescriptible— se extiende entre Bahía Solano y Juradó, el Pacífico y la Serranía del Baudó, y ocupa una superficie de 67.327 hectáreas donde viven 18 comunidades, 1.329 familias y 5.846 personas. Es decir, el 70% de la superficie del Consejo Comunitario será controlado por la empresa. La madera que se explotará en los próximos años costaría US$280 millones, de los cuales la compañía reconocerá al Consejo Comunitario el 10%.
Los directivos actuales de Los Delfines hicieron el negocio, pese a que en 2005 el consejo se opuso a la Ley Forestal —felizmente rechazada por la Corte Constitucional—, por considerar que con ella se “facilitarían transacciones y el aprovechamiento con ánimo de lucro de los bosques nativos y plantados en las principales zonas del Pacífico y de la Amazonia”. Desde luego se trata de un nuevo consejo que llamó a una consulta previa entre la comunidad para poder autorizar el negocio. La consulta otorgó la licencia, Codechocó dio el visto bueno y el Ministerio de Medio Ambiente aplaudió el logro. El mecanismo de la consulta previa —dice el Convenio 169 de la OIT— busca que las decisiones de las comunidades sean democráticas y por tanto defiendan sus formas de vida y sus derechos sobre tierras y territorios. El Consejo Comunitario de Mecana, donde se ha construido el campamento de Prima Colombia Hardwood, considera amañada y tramposa la consulta y corrupto el Consejo de Los Delfines. Muchos consejos comunitarios se han vuelto una vía legal para permitir que los recursos —madera, oro, petróleo— sean explotados a cambio de miserables dádivas. Algunas consultas previas están siendo realizadas de manera tramposa por autoridades locales y, de hecho, compradas por empresas interesadas en una determinada explotación. Está a punto de imponerse un clientelismo feroz en las comunidades negras e indígenas para dirigir la consulta previa en una dirección: la de las locomotoras.
Para protestar contra la tala de una de las selvas más preciosas del planeta, y lo que puede suceder en el Chocó no sólo con la madera y su oro, sino con su misma gente, se encadenó tres días a un árbol de Bahía Solano Juan Ceballos. Pero, a estas horas de grandes desfalcos y robos en el Distrito y en las EPS, ¿a quién puede importarle la suerte de un ciudadano amarrado a un árbol sin haber sido secuestrado por la guerrilla?
Elespectador.com
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