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Viernes, 2 de octubre de 2026
domingo 15 mayo, 2011 a las 8:53 pm

Corazón, Hígado y Estómago

Por: Luís Barrera
Conversé con un grupo de pensionados y amigos en una de las bancas del parque principal Los Fundadores de Puerto Tejada, cosa que poco o casi nunca suelo hacer, pero esta vez me abordaron al salir de Misa Dominical para conocer mis inquietudes sobre el ineludible tema de la contienda electoral de Octubre.
Solo atiné a comentarles que mi propósito como militante y hombre de disciplina partidista sería votar a la gobernación por quien el Partido Liberal en una encuesta decidiera y lo propio haría por convencimiento por el candidato del Liberalismo para la Alcaldía, el abogado Lenin Eugenio Gómez Muñoz, aunque estos dos cargos parecieran con tantos aspirantes, más disputados que una vacante de celador en la gobernación del Cauca.
Escuchando los apasionados comentarios y observaciones de los amenos e inquietantes ciudadanos por el tema electoral y sus “calificadas” opiniones de lo que dicen y andan diciendo… de tantos candidatos, mi conclusión final es que se sigue votando con corazón, hígado y estómago.
No hay una sola explicación para el voto de la gran mayoría de sufragantes y cuál es la verdadera y poderosa razón la que mueve al elector para votar por zutano o fulano.
En nuestro medio logramos seguir moviendo a los electores hacia las urnas gracias a una serie de elementos, que se potencian cuando se cuenta con una estrategia electoral correcta y unas bien aceitadas maquinarias, pues el voto de opinión es muy poco y prácticamente no existe la cultura electoral, así se guste de opinar mucho de política como en el caso de Puerto Tejada y otras poblaciones nortecaucanas, para no ir muy lejos.
Las elecciones no son concursos de merecimientos. En muchas ocasiones, pierden los comicios candidatos más capaces, correctos y eficientes que otros. Esto es difícil de entender desde un discurso de la lógica popular. “Para donde va la gente, pues para donde va Vicente…”.
En muchos municipios del Cauca, por no decir la mayoría, cuando la gente vota no lo hace analizando la trayectoria y ejecutorias de los aspirantes, y en muchos casos ni siquiera buscando su bienestar.
Se orienta por otros sentimientos. Este comportamiento suele contrariar a lo defendido por los teóricos de viejo cuño que quisieran que los votantes tengan actitudes menos sentimentales. Los electores contemporáneos, en especial los jóvenes, se ríen del poder y de la comunicación política tradicional, aburrida, con banderitas, vivas, buses, trago y lechona, señores con caras adustas, programas aburridos y frases grandilocuentes.
Ahora todo eso ahuyenta al votante común. Actualmente los candidatos son mas humanos, bailan, lloran, tocan la guitarra, saltan, recurren a toda clase de simbologías pedagógicas, reparten volantes, abrazan en las plazas de mercado y hacen cosas graciosas inimaginables en la vida de los viejos caudillos.
Los votantes indecisos no votan por ideas. En general, ni las entienden, ni les interesa hacer un esfuerzo para hacerlo. Quienes dicen que votan con la cabeza son los intelectuales, empresarios independientes y comerciantes que ni le va ni les viene la política, soñadores y militantes decididos, que usan las ideologías para racionalizar pasiones y posiciones que han adoptado ante la vida y la política.
El votante indeciso se mueve ante todo por el corazón. Siente antipatía o simpatía por el candidato. Le cae bien o mal. Le parece que es una persona en la que se puede creer o que es un mentiroso. Tiene sentimientos hacia el candidato y por eso vota de determinada manera. Si un candidato le cae mal, usted nunca lee el programa para ver si lo apoya. Simplemente no vota por él. Las hamburguesas no se venden por odios. Los electores no quieren gerentes, sino líderes que expresan sentimientos. La gente vota con el hígado, movida por el resentimiento rechazando a alguien o algo.
Y finalmente hay quienes votan con el estómago. El elector vota por candidatos que pueden satisfacer sus necesidades. Aprecian al candidato que siendo autoridad ha hecho obra y votan por él si creen que va a hacer algo más por ellos, pero las necesidades son insaciables. Mientras más tienen, más necesitan y más demandan. Si tienen alcantarillado, quieren luz, si tienen ambas cosas, quieren parques, calles pavimentadas tienen las cuatro cosas, quieren una universidad en el barrio, puesto para la hija recién graduada, el yerno varado, los materiales para arreglarle la casa a la suegra y obviamente la liguita para envolatar el mercado y atender bien los invitados con cédula en mano el día de las elecciones.
La pobreza es la ambición de tener lo que no se tiene, y siempre se puede querer algo más. Pero también votan vendiendo su voto, su conciencia y entrega su derecho a reclamarle al candidato electo porque ya su voto fue pagado y para ello existen ahora los líderes prepago.
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