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Miércoles, 14 de octubre de 2026

No hay evidencia seria para afirmar que la Presidencia ya esté definida

No hay evidencia seria para afirmar que la Presidencia ya esté definida

¿Por qué ganar encuestas no siempre es vencer?

Alfonso Luna Geller

Hoy no existe evidencia seria que nos permita afirmar que la próxima Presidencia esté definida.

Las últimas encuestas legalmente registradas muestran un fenómeno que desconcierta a buena parte de la opinión pública: Iván Cepeda Castro aparece liderando la intención de voto en primera vuelta, pero en varios escenarios pierde en segunda frente a Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella.

La pregunta es legítima: ¿Cómo puede encabezar la carrera quien después aparece derrotado?

La respuesta está en el comportamiento psicológico y político de los votantes cuando el escenario pasa de múltiples candidaturas a una confrontación binaria.

La primera vuelta permite votar por afinidad. El elector expresa identidad política, simpatía ideológica o cercanía emocional con un candidato específico. Mientras los sectores de centro y derecha llegan fragmentados, el progresismo se presenta cohesionado, lo que le garantiza a Cepeda la «medalla de oro» en la primera medición de fuerzas.

Pero, la segunda vuelta funciona de otra manera. Allí muchos ciudadanos dejan de votar “por” alguien y comienzan a votar “contra” alguien y ese cambio altera completamente el mapa.

Ocurren simultáneamente varios fenómenos:

  • La derecha deja de competir entre sí y se unifica. Además, habrá redistribución de apoyos: los votos de candidatos menores (Fajardo, López, Uribe Londoño, y otros) se inclinarán hacia Paloma o Abelardo. Es un fenómeno de «todos contra uno».
  • La campaña deja de ser programática y se vuelve completamente emocional. Es cuando entra a decidir el miedo que comienzan a infundir los poderes económicos y la narrativa de los medios en asuntos de economía, propiedad privada, seguridad, inversión extranjera, orden público…
  • Muchos ciudadanos que no votan en primera sí aparecen en segunda cuando los convencen de que “el país está en riesgo”.
  • El “voto en contra” pesa más que el “voto a favor”: una parte del centro colombiano históricamente termina votando contra el candidato que percibe como más disruptivo. Cepeda tiene altos niveles de rechazo en sectores urbanos y empresariales y enfrenta dificultades para atraer al centro moderado, según las mismas encuestas que lidera hoy.

Claro que matemáticamente Cepeda puede ganar en primera vuelta, pero requiere condiciones extremadamente difíciles:

  • Convertir la elección en plebiscito social logrando instalar la idea de élites contra ciudadanía, de privilegios históricos contra equidad, de continuidad de un modelo excluyente contra transformación real. Si esa narrativa prende con suficiente fuerza, el bloque progresista puede atraer votos que hoy no aparecen en ninguna encuesta porque pertenecen al abstencionismo histórico.
  • Reducir temores económicos pues muchos votos de segunda vuelta dependerán menos de simpatía ideológica y más de percepción de estabilidad. El candidato que logre convencer al ciudadano de ingresos medios de que su patrimonio y su empleo están más seguros con él que con el adversario, ese candidato gana. Cepeda tiene ahí su mayor desafío y su mayor oportunidad, porque la derecha no tiene una propuesta económica que inspire confianza en quienes más necesitan certezas.
  • Movilizar abstención urbana y popular, que es probablemente el mayor reservorio electoral del progresismo, especialmente en territorios como el Pacífico colombiano, y el voto rural que las encuestadoras urbanas subestiman sistemáticamente. Los territorios del Pacífico colombiano concentran una energía electoral reprimida que cuando se activa transforma los resultados. En 2022 lo demostró. En 2026 puede volver a demostrarlo, pero solo si la campaña llega a esos territorios con presencia real, no con pendones y promesas de última hora.

Hoy no existe evidencia seria para afirmar que la Presidencia esté definida. El 31 de mayo Cepeda puede ganar la batalla, pero si no logra romper su techo de cristal y seducir al centro, la segunda vuelta se convertirá en un laberinto del que difícilmente saldrá victorioso.

El Cauca y el país aguardan, entre la esperanza y el temor, el desenlace de esta partida de ajedrez político.


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