La trampa silenciosa de quienes ya gobernaron

La trampa silenciosa de quienes ya gobernaron
Por: Juan Camilo López Martínez.
En cada temporada electoral aparece un fenómeno tan repetido como subestimado: la tentación de algunos candidatos (especialmente quienes ya ocuparon cargos públicos) de convertir su campaña en una rendición de cuentas tardía. Es casi inevitable. Después de haber sido alcaldes, concejales, diputados o funcionarios, sienten que la mejor carta de presentación es recordar lo que hicieron. Pero en política, lo que parece lógico muchas veces resulta contraproducente. Y en el Cauca, hoy más que nunca.
A quienes aspiran a la Cámara o al Senado y han pasado por la administración pública les conviene escuchar este mensaje gratuito: no conviertan los próximos cuatro meses en un inventario de obras. Ese camino, aunque cómodo y fácil, está lleno de trampas.
La primera es evidente: para la ciudadanía nunca será suficiente. Vivimos un momento de frustración acumulada en el departamento. Hay crisis de seguridad, muchos casos de reclutamiento, comunidades afectadas por la guerra, decepción en la prestación del servicio de energía, escases de agua, municipios paralizados y una sensación generalizada de desconfianza. En ese ambiente, cualquier obra mostrada (grande o pequeña) activa en el imaginario colectivo la pregunta más desgastante de todas: “¿y por qué no hicieron más?”.
La segunda trampa es aún más compleja: cuando un candidato insiste en mostrar lo que hizo, abre la puerta para que la conversación pública se centre en lo que no hizo o en lo que hizo mal. La nostalgia es enemiga de las narrativas sólidas. Mientras un candidato exhibe una placa o un proyecto, los ciudadanos recuerdan retrasos, fallas o promesas incumplidas. Y ese es un debate que ningún aspirante controla.
Aun así, cada elección vemos aparecer campañas llenas de fotografías de obras, videos con cemento fresco y discursos en tono de “yo ya cumplí”. Es una mezcla de ingenuidad y ego. Pero la política no premia el pasado, premia la capacidad de leer el momento y con eso, construir el futuro.
Las campañas serias hoy deben interpretar el contexto: un departamento con miedo, y con cansancio. Las personas no están buscando quién hizo qué hace unos años; están buscando quién entiende lo que está pasando hoy y quién puede ofrecer un horizonte mínimo de tranquilidad para mañana.
La gente vota por esperanza, no por gratitud. Es una verdad incómoda, pero real. En un mundo ideal, la buena gestión sería recompensada automáticamente. En el mundo real, quien no se reinvente queda rezagado.
Por eso, un consejo sincero para los candidatos que ya gobernaron: no usen la campaña para justificarse, úsela para conectarse. No para recitar el pasado, sino para interpretar el presente. No para defender lo que hicieron, sino para ofrecer respuestas a lo que duele hoy en el Cauca.
El departamento pasa por demasiadas dificultades como para que el debate público se quede atrapado en obras viejas y discursos reciclados. Este no es el tiempo de los récords del ayer; es el tiempo de las soluciones del mañana.
Los ciudadanos lo saben. Ahora les toca a los candidatos entenderlo.



