Por: Juan Camilo López Martínez.
La constituyente no es una opción para el momento político de Colombia y, ver en la constituyente, un mecanismo de agitar el debate político y marcar la ruta de un gobierno (en caso de victoria) o la oposición a un gobierno (en caso de derrota), es un camino muy peligroso para el país y que no entiende la esencia de una constitución.
Actualmente, un sector político, está en búsqueda de significar una constituyente en nuestro país. No obstante, para fortalecer el debate político es importante señalar dos puntos que permitan ahondar la reflexión sobre lo que podría significar esto en la actualidad, a partir de dos referencias históricas puntuales:
Lo primero, es la asamblea nacional constituyente que existió para dar origen a la constitución de 1991. Tal constitución se genera en el marco de consensos entre los diferentes sectores políticos, los cuales ocurrieron desde el conservador Álvaro Gómez Hurtado, hasta la representación de la AD-M19 con Antonio Navarro Wolf, sin dejar de lado figuras liberales como Horacio Serpa. Esto, para representar que una constituyente, implica acuerdos políticos entre todos los sectores de un país, no confrontación política para agitar bases electorales.
Lo segundo, es que la constituyente no puede ser vista como un discurso de campaña, pues por el contrario debe representar unidad, no banderas electoreras, que está demostrado siempre termina mal. La muestra más inmediata, es el proceso que culminó en el plebiscito constitucional en Chile en al año 2022, el cual evidenció las dificultades de construir acuerdos amplios en escenarios de fragmentación política. Aun con un proceso participativo, la falta de consensos suficientes condujo al rechazo de la propuesta.
Esto, tiene como esencia, que las constituciones no pueden ser banderas de un sector político, deben representar una visión de unidad de país, que no existe ni se necesita en este momento social de Colombia.
En ese escenario, aparece la figura de una constituyente, no como una propuesta abierta de Iván Cepeda, pero sí como un mecanismo que tienen listo para agitar el debate político y para el cual se encargan de recolectar firmas como lo hicieron en el reciente evento político de Medellín. Aunque intenten rodearse de figuras como Juan Fernando Cristo, con el objetivo de tranquilizar a la ciudadanía, las acciones complementarias que hacen llenan de incertidumbre, sobre si una asamblea nacional constituyente será lo primero que realice un gobierno liderado por Iván Cepeda.
Lo importante, más allá de las preferencias electorales, es que establezcamos un acuerdo claro: Colombia no necesita una asamblea nacional constituyente. Colombia necesita dialogo, resultados, unión y avanzar hacia propósitos comunes, todos posibles en el marco de la actual constitución de 1991 que tenemos el deber de defender y proteger, pues de ahí, nacen muchos derechos, nacen muchos mecanismos jurídicos que han cuidado a las personas y nace la voz de todos los sectores del país.