Excelente recuento de una época inolvidable.

Macondo Libros y Tertulia Popayán 1987 – 2005 – Semblanza
Aunque el suscrito participaba en forma silenciosa, fue testigo de todo este acontecer, magistralmente evocado por el artífice de Macondo Libros, el filósofo, intelectual y escritor OMAR LASSO ECHAVARRÍA, quien sigue, desde sombra voluntaria, insinuando y estimulando ese mundo maravilloso, hoy perdido para el goce de la ciudad que ya no es blanca.
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En Macondo se entretejieron historias intelectuales, sociales, políticas y románticas. Recordamos cuatro épocas: La de Fundación, la Académica, la de los Poetas y la de la Asociación Caucana de Escritores.
La primera fue aventurera, de amistades viscerales, Tú, Claudia, el antropólogo Jairo Grijalba, los pintores Gustavo Hernández y Rodrigo Valencia Quijano, Mónica Vivas, Diego Tobar Fotógrafo, Gerald Amaker (suizo), la violinista Siboney, Rosabel, Liliana Arsayuz, la Paisita de la flauta, etc.
La académica estuvo dominada por profesores de Unicauca: El historiador Guido Barona, el poeta Giovanni Quessep, los filósofos Jorge Quintero, Pedro Posada y Diego Jaramillo Salgado, el literato Luciano Rivera, el antropólogo Herinaldi Gómez, El lingüista Eduardo Rosero, los humanistas Eduardo Gómez y Ricardo Quintero, el bibliotecario José Serrano, los juristas Julián Fernández, Gloria Arboleda, Juan Diego Castrillón, Roberto Rodríguez y una cohorte de librepensadores, amigas y amigos, como Luz María Vernaza, Jimena Lehmann, Tololón, Stella Jiménez, la Mona Biki, Rafael Albán, Sylvia León Castillo, María Lorena Orozco Vivas, Ana Betty Cerón, Piedad Silva Riviere, etc.
La de los Poetas la conformaron pupilos de Donaldo Mendoza, profesor del Inem y Giovanni Quessep, profesor de Unicauca. Fue muy activa en la promoción de la poesía a través de la revista Ophelia, encuentros de poesía y recitales, con resultados personales y grupales brillantes. Algunos son ya muy conocidos: Carlos Illera, Felipe García Quintero, Francisco Cantillo, Adriana Hernández, Eduardo Samboní, Edgar Alberto Caicedo Cuellar, Edith Murillo, Diego Fabián Arévalo Viveros, Marco Valencia, Valentina Lara, Manolo Zeta, Víctor Camayo, Gerardo Frey Tigre Campo Gómez, Fabio Holguín Marriaga, Luis Arleyo Cerón, Mario Erazo, Horacio Ayala, Yesenia Bernal, etc. En torno a ellos revoloteaban las musas, como enjambre de mariposas. En sus proyectos participaron editores, gestores, colaboradores (Felipe García, Frida Narváez, Ingrid Valentina Urbano Bolaños, Claudiña Valenchi, etc.), cineastas (Guillermo Pérez y Nelson F. Osorio), pintores (Ramiro Leyton, Alfonso Renza Campo, Adolfo León Torres Rodriguez y los ya nombrados Hernández y Valencia). Por supuesto, la música nunca faltó, en especial la de Eduardo Rosero, que nos regaló composiciones de homenaje. Sus encuentros poéticos organizados a través de su Fundación, Revista Ophelia, vincularon también a poetas de otras generaciones: Gloria Cepeda, Jorge López, Hilda Pardo, Elvio Cáceres, Matilde Eljach, Guido Enríquez, Diógenes Díaz, Tito C., Mario Reyes, etc.
Finalmente, le abrimos espacio a la Asociación Caucana de Escritores, que clausuró nuestra irreverente modernidad «patoja».
La nueva narración apenas comenzaba a afianzarse a través del periódico tabloide Trueque, que impulsó el cuento y editó la novela Oscuro por Claritas, de Marco Valencia, y la Revista Mandrágora, que reunió lo mejor de nuestra narrativa joven: Juan Carlos Pino, Mónica Chamorro, Rubén Varona, Carlos Mauricio Muñoz Bermeo, Jojann Rodríguez, etc. Hoy son autores con publicaciones en circulación. Manolo Gé, flotando entre la poesía y la narración, sorprendió con una especie de prosa cantada, en su libro Bariz Naranza.
El fugaz concurso de cuento de Unicauca nos reveló a un buen cuentista y crítico literario, Julio Cesar Espinosa, profesor de escuela, perdido en el Macizo colombiano. Diógenes Díaz, en novela, abría brecha persistentemente, Felipe Solarte (Pipe), también soltó su narrativa testimonial de los años setentas. Víctor Paz Otero, para quienes leímos La Eternidad y el Olvido (Plaza y Janés), fue un referente importante para tomarle el pulso a la novelística local. Por otras vías el antropólogo Hernán Torres hacía lo suyo en sus aproximaciones locales de Antropología Poética con publicaciones y concurridas disertaciones.
La picaresca de los «Caballeros de la luz» o «Cofradía del Garrote» (Rafaelito Chaux, Hernán Torres, Jorge Arboleda, Enrique Jordán, Rodrigo Martínez y Luciano Rivera) conjuraban las malas energías de los «Caballeros de la oscuridad» que se embriagaban y profanaban Espíritus en las juergas de Macondo.
Internet truncó nuestra historia. La mayor parte de los recuerdos se quedaron con la generación analógica, que no llegó a Facebook. Además, esos recuerdos se han desperdigado con la diáspora de nuestros amigos payaneses, residentes y raizales, anteriores protagonistas de la vida social e intelectual de Popayán, aislados también por la era digital, que nos abocó a una época sin historia. Tampoco pudimos librarnos de la leyenda negra, relacionada con la compra de un local y el suicidio de la única hija de la propietaria, en la famosa Heladería Baudilia. La tradicional y prudente Popayán suele poner un pesado silencio, aunque las conjeturas viajen por corrientes subterráneas y uno sea el último en enterarse. Finalmente, Muchos afectos se perdieron al pasar del emprendimiento a la escritura, teatro de otras guerras.
Macondo Libros y Tertulia dio brillo a la VIDA cultural del Centro Histórico de Popayán. Ya no hay fiesta de palabras, risas, brebajes y encantamientos.
¡Ay Claudia, Claudia! Tantos sueños y hambre infinita de elusivos gozos. Oh juventud divino tesoro!
Hicimos de Macondo Libros y Tertulia una fiesta de amistades y palabras. Nuestros libros y cócteles eran el pretexto para disfrutar de una plena humanidad con acercamientos personales.
El GLASNOST fue el cóctel más picaresco de todos (Uno, liberaba el verbo; dos liberaban el cuerpo; tres liberaban el alma; cuatro, más allá del bien y del mal; cinco, cita con Eros). El CARAJILLO, con su ritual y secreto, traía fortuna. El ECLIPSE DE LUNA, revelaba verdades sentimentales entre amantes. EXÓTICA, armonizaba el Ser. Finalmente, FIESTA, encendía el entusiasmo.
GRACIAS CLAUDITA, POR TENERNOS EN TUS BUENOS RECUERDOS.
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Las siguientes son fotografías de OMAR LASSO ECHAVARRÍA tomadas de su Facebook:








