EL ÚLTIMO LINYERA

Por Jaime Cárdenas / Esos viajeros que llegaron a Argentina venían con sus bolsillos vacíos, venían huyendo de las guerras, de la pobreza, de la soledad, pero trajeron su idioma, sus recuerdos, la música; como lo recuerda Sábato un viejo bandoneón pudo ser la única valija con que un alemán llegó al Río de la Plata. (Buenos Aires y un bandoneón). No todos se integrarían al trabajo rural, en las estancias o en las fábricas, algunos habrían de quedar por fuera, junto con otros argentinos que no encontraron un destino convencional, su destino fue ser vagabundos, andar de aquí para allá, de polizontes en los trenes, andar con sus zapatos rotos, sabios en lluvias y caminos.
«Venían con los bolsillos vacíos, pero trajeron su idioma, sus recuerdos y la música».
Las palabras de aquellos inmigrantes, particularmente las de los italianos, enriquecieron el español porteño, se adaptaron a los cambios que en este mundo sureño sucedieron, y entonces surgieron nuevas palabras, algunas bellísimas en su fonética, poéticas en sus sugerencias. Una de ellas fue “linyera”, aquí el francés y el italiano se unieron para que ese vagabundo tuviera una voz nativa con que reconocerlo.
El tango que venía de los arrabales, un sentimiento triste que se baila, al decir de uno de sus grandes: Enrique Santos Discépolo, no podía dejar de cantar al linyera, si es que el tango también fue paria, desclasado, discriminado, si fue el mensajero del alma del arrabal como trinaba Gardel.
Poesía y libertad
«En muchos de los buenos poetas hay algo de vagabundo por su cercanía con la libertad».
Fue Ivo Pelay quien compuso la Canción del Linyera que, entre otros, la cantara el insustituible Armando Moreno en 1945, el mismo que llegó a cantar tango en el teatro Valencia de Popayán, tradicional centro de música clásica, solo que esta vez convocó en la ciudad blanca del verano a todo el malevaje de Alfonso López, Los Hoyos y la María.
“Cuando se asoma alegre el sol
Sobre los campos del talar
Junto a la vía
Van los linyeras
Llevando como el caracol
La casa a cuestas y el azar
Van los gitanos
Todos los días.
Ellos no saben del dolor
Y en cada boca hay un cantar
Que a gritos dicen
Sus alegrías.
Indiferentes al amor
Y en el eterno trajinar
Ellos desechan
Melancolía.
Cuando se asoma alegre el sol
Sobre los campos del talar
Van los linyeras
Todos los días
Y al pasar se oye un peón
Entonar esta canción:
Linyera soy
Corro el mundo y no sé a dónde voy
Linyera soy
Lo que gano lo gasto, lo doy.
No sé llorar
Ni en la vida deseo triunfar.
No tengo norte
No tengo guía
Para mí todo es igual.”
Saltando el tiempo viene el grupo Paté de Fuá y hace una versión formidable, acercándose a las fusiones musicales de hoy. Y cuando pensábamos que no era posible otro nivel, nos topamos con un viejo linyera que armado de clarinete cantaba su canción. Con un abrigo viejo y con sus zapatos viejos caminaba en la escena, cantaba acompañado de unos músicos talentosísimos. Se trataba en realidad de un roquero de los primeros, de esos de los legendarios tiempos de Sui Generis, de Charly García. Su nombre Daniel Melingo, que tocaba todos los instrumentos, quien fue despedido por los argentinos esta semana cuando inició su viaje al misterio, allá de donde poco se sabe tal y como recordaba ese otro gran argentino vidente, el ciego Borges.
Libros y viajes
«Cuando no viajamos con nuestros zapatos, buscamos que los libros nos concedan esa libertad».
Por supuesto, los poetas no podían olvidar al linyera, tal vez porque en los buenos, o en muchos de los buenos hay algo de vagabundo por su cercanía con la libertad. Serrat en una canción que sigue igual con su belleza y su desafío le canta a un titiritero que tiene por patria al mundo, que va de aldea en aldea con su arte de feria, “como un vagabundo va el titiritero”.
Por su parte el poeta Horacio Ferrer compuso la Balada para un Loco, y Piazzolla le puso música de lo cual salió una canción inmortal que bien parece un cuadro de Dalí en la cual no se olvida al linyera. Para ilustrarnos acerca de ese loco único de su balada nos dice el poeta que es “una mezcla rara del penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus”.
Desde aquella calurosa mañana en que en la ardiente África nuestro lejano antepasado decidió ir a vagabundear por tierras ignotas nunca hemos dejado de ir de aquí hasta allá, sea por felices o dolorosas razones; así hemos sido y así seremos siempre, y cuando no hemos ido con nuestros viejos zapatos por el mundo, buscamos que los libros, que las imágenes nos den esa libertad que en el fondo siempre añoramos, ese deseo perenne de la búsqueda del misterio, de encontrar otras realidades, aires nuevos.
Y a todas estas, ¿por dónde irá Daniel Melingo? Con honores ganados uno de los últimos linyeras, acaso sea un polizonte en un viaje inesperado a la galaxia donde la música es el reino de esos felices vagabundos.
Escuchar y conocer más
Todos los artículos de Jaime Cárdenas en Proclama del Pacífico:




