El tiburón vegano y la política

A Ferran Torres, delantero de la selección española, hace unos años le pusieron un apodo que sonaba intimidante: el Tiburón. Durante una buena temporada fue un atacante temido por las defensas rivales. Pero luego llegó la sequía goleadora y, como suele ocurrir en el fútbol, el ingenio de los hinchas fue más rápido que su olfato de gol. Al sobrenombre le agregaron un apellido: el Tiburón Vegano. Es decir, un tiburón que ya no mordía a nadie; algo así como una vaca submarina.
Sin embargo, el talento seguía ahí, latente. Solo necesitaba una oportunidad. Y la tuvo. El entrenador de la selección decidió convocarlo, sostenerlo y aguantar las críticas. En Colombia diríamos que fue por rosca o empresario; en el fútbol se llama confiar en un jugador.
Y el domingo pasado esa confianza dio frutos. Ferran saltó del banco en el momento más importante del partido y marcó el gol de la victoria. En cuestión de minutos pasó de ser motivo de memes a convertirse en héroe nacional. Se quitó la sal de encima y viajó del purgatorio al cielo futbolero. La moraleja es sencilla: hay oportunidades que solo aparecen una vez y hay que estar listo para aprovecharlas.
Pero la gloria deportiva duró poco. Menos de una semana después, Ferran volvió a ser tendencia, esta vez por unas fotografías de vacaciones en Ibiza junto a Marcos Llorente, compañero de selección, con quien —según las redes y la prensa del corazón— mantendría una relación sentimental. Frente a eso solo cabe el respeto. Lo que sí no faltó fue el humor español: más de uno remató diciendo que Ferran no solo era un tiburón vegano en la cancha, sino también con las mujeres.
Hasta ahí el fútbol.
Porque tiburones veganos también hay en la política.
Son esos gobernantes que llegan al poder convencidos de que el océano les pertenece y empiezan a devorar, veganamente por supuesto, cuanto contrato, nombramiento o cuota burocrática pasa frente a sus fauces. Algunos incluso condimentan el menú con amenazas, presiones y una pizca de extorsión.
El problema llega cuando descubren que el período se va a acabar. Entonces entran en pánico. Comprenden que muy pronto dejarán el acuario del poder y volverán al mar abierto, donde los esperan los pescadores de aletas, los organismos de control y otros depredadores bastante más feroces que ellos.
A Ferran hoy hasta sus críticos más recalcitrantes le perdonan casi todo, porque los goles tienen esa extraña capacidad de reconciliar al mundo. A los tiburones veganos de la política, esos que creen que, si rezan y pecan, empatan, no hay campeonato que los salve.
Posdata local: ahora que parece que sí habrá posesión presidencial en Popayán, sería bueno que la alcaldía aprovechara para tapar la colección de huecos y chambonadas que han dejado varias obras sobre las vías pavimentadas. No vaya a ser que el rey de la España campeona meta una pierna real en uno de ellos y termine lesionándose un tobillo. “Por primera vez” sería un incidente diplomático causado por un cráter municipal.



