Por: Juan Carlos López Castrillón.
Alain Badiou es un filósofo y pensador francés que, a sus 89 años, sigue escribiendo, influyendo y, por supuesto, polemizando. Hoy quiero hacer una breve reflexión a partir de dos ideas que ha desarrollado a lo largo de sus escritos.
La primera, parte de una afirmación suya que dice: “No se debe hacer política cuando no se tiene nada que decir”. Dicho en positivo, significa que la política debería ejercerse solo cuando existen ideas, propuestas, convicciones o causas que defender.
Y esto aplica a tantas personas que, sin un propósito claro ni una propuesta de fondo, deciden presentarse a una elección, muchas veces impulsadas más por el ego que por una verdadera vocación de servicio. El problema se vuelve dramático cuando, por alguna circunstancia, resultan elegidas y luego no saben qué hacer, sencillamente porque nunca tuvieron claro para qué querían llegar al poder. Ahí comienza la debacle.
Esto ocurre con frecuencia en el esquema cada vez más personalista de la política colombiana, donde prácticamente cualquiera puede llegar a un cargo de elección popular sin la preparación, la experiencia o el equipo necesarios para asumirlo. De ahí la importancia de fortalecer y modernizar los partidos políticos: ellos tienen también la responsabilidad de responder por los candidatos que avalan, por su formación y, sobre todo, por las propuestas que presentan a los ciudadanos.
La segunda idea de Badiou es que la verdadera política se construye alrededor de acontecimientos capaces de transformar una sociedad; lo demás es solo gestión.
El estallido social de 2021 es un ejemplo. Para bien o para mal, produjo consecuencias políticas profundas y contribuyó a transformar el escenario electoral que llevó a Gustavo Petro a la Presidencia y a la izquierda al poder en Colombia. Otros acontecimientos determinantes de nuestra historia reciente han sido la Constitución de 1991, los asesinatos de Luis Carlos Galán y Jorge Eliécer Gaitán, las guerrillas, el narcotrafico y el Frente Nacional.
Incluso algunos fenómenos naturales pueden convertirse en acontecimientos transformadores cuando sus consecuencias obligan a una sociedad y a sus gobernantes a tomar decisiones que cambian la vida de sus ciudadanos. El terremoto del pasado 10 de agosto es un ejemplo cercano. También lo es el fenómeno de El Niño que comienza a hacerse sentir y que, según algunas previsiones, podría tener una intensidad excepcional.
Son hechos trascendentales porque, más allá de sus circunstancias, tienen la capacidad de modificar prioridades, generar decisiones y transformar la manera en que una sociedad enfrenta su futuro.
Traer estas dos ideas de Badiou al presente, a cualquier municipio o departamento de nuestra geografía, ayuda a entender algunos de los fracasos de mandatarios que llegan al poder impulsados por una emoción colectiva, por una gran cantidad de dinero o por una maquinaria electoral, pero sin un proyecto sólido detrás.
Por supuesto, hay excepciones. Pero los ejemplos de improvisación son demasiados para ignorarlos.
De ahí el riesgo de los llamados outsiders: personas que vienen de otros mundos, se presentan como la alternativa frente a “los políticos de siempre” y prometen romper con todo lo establecido. A veces pueden representar una renovación necesaria; pero en la mayoría de los casos terminan demostrando que el remedio improvisado puede resultar más costoso que la enfermedad que pretendía curar.
Por eso creo que la política debe hacerse alrededor de las ideas de quienes tengan la capacidad, la preparación y la responsabilidad de llevarlas adelante. Y mucho mejor cuando detrás de esos liderazgos existen partidos serios, modernos y estructurados, capaces de responder ante la ciudadanía por quienes avalan.
De ahí también la importancia de avanzar hacia listas cerradas para las corporaciones públicas y de fortalecer mecanismos democráticos, como las elecciones primarias, que permitan a los ciudadanos y a los partidos participar realmente en la definición de sus candidatos y en la construcción de sus equipos.
Ese es, en mi opinión, uno de los grandes retos de la modernización de nuestra institucionalidad política.
Posdata: profunda tristeza ha causado en Popayán el fallecimiento de nuestro amigo y empresario Luis Gerardo Heredia Caicedo, un hombre excepcional, de esos que siempre tenían una palabra amable y una conversación inteligente para acercarse a los demás.
A su esposa, a sus hijos, a toda su familia y a sus amigos, un abrazo solidario y lleno de cariño.