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jueves 11 julio, 2013 a las 6:47 pm

El peor problema del Cauca: solo ofertas y anuncios, nada de ejecuciones

Alfonso J. Luna Geller

Alfonso J. Luna GellerPor Alfonso J. Luna Geller

Yo creo que todos los caucanos estamos “mamados” de que nos restrieguen todos los días las estadísticas oficiales que nos certifican como el pueblo más miserable de este país y también “supercansados” de escuchar las mismas justificaciones de nuestras desgracias en boca de los mandatarios regionales que infortunadamente nos correspondieron y que han logrado conducir a toda esta sociedad al estado de postración social en que se encuentra como resultado de sus gestiones.

Me imagino por qué la gente no entiende, o no acepta fácilmente, que los únicos responsables son aquellos que se comprometen a brindar educación, cultura, salud, progreso, a invertir bien las riquezas públicas, pero que al final parte de éstas terminan en sus inescrupulosos bolsillos y en los de los otros ‘doctores’ amigos, sin importarles la miseria que viene heredando y padeciendo esta colonizada comarca de costa a cordillera, de valle a macizo colombiano, gobierno tras gobierno, soportando por partida doble, a quienes les queda gustando y que abusando de la ignorancia de las llamadas mayorías, repiten “administración”.

Aprovechándose de esta característica del pueblo caucano (la ignorancia en que deben permanecer sumidas las sumisas mayorías, el poco discernimiento, el conformismo), añadida a una bien cultivada fragilidad de memoria, todos los días les anuncian que ahora sí les llegó el momento, entonces sacan planes y proyectos, algunos calificados como los mejores del país, lo cual confirma que vivimos de cuentos, ofrecen presupuestos billonarios para solucionar todo, firman convenios y contratos, nombran burócratas que posan de libertadores, se gastan los recursos, acaban los períodos y ahí dejan el cascarón peor que antes, con los entes de control viendo un chispero porque hacen parte del juego, para contribuir a las estadísticas que nos legitiman como los míseros caucanos. Por eso, el Cauca ha estado enrumbado hacia la violencia y la desigualdad de oportunidades.

En los últimos tiempos los gobernantes se han inventado la estrategia de ser proveedores de argumentos paliativos, de ilusiones, de esperanzas de mejorar que hacen olvidar el verdadero potencial para su propio desarrollo, no ejecutan o realizan cosas de beneficio general que se puedan inaugurar, pero sí manipulan para que no se comprenda la realidad, para que se desconozca información vital, con lo cual la sociedad cada vez se margina más. El mal es tan grave que no lo ve desde adentro; las mayorías populares están perdidas en su propio mundo, y por eso no faltan quienes marginan, reprimen, persiguen, amenazan, a aquellos que poseen conocimiento que esclarece y a los que honorablemente quisieran de verdad hacer algo que comience a superar la marginación y la miseria. Esa es nuestra paradójica rutina, la histórica fiesta de los astutos que, inclusive, reciben el aplauso de quienes padecen el flagelo.

Recuerdo, por ejemplo, que entre 2002 y 2010 el presidente Álvaro Uribe hizo 10 consejos comunales en el Cauca en cada uno prometiendo cosas en salud y trabajo, vivienda, infraestructura vial y medios de transporte, en desarrollo agropecuario, que no se cumplieron a pesar de los abrazos y fotos que todos querían conservar tras los ilusorios anuncios. Igual las predicciones de quienes siendo candidatos consiguen los votos de los candidotes para incumplir lo que les prometen en sus famosos planes de desarrollo o de gobierno.

Y cuando se logra concretar algo, por ejemplo, el Contrato Plan para el Norte del Cauca, con el que nos anunciaron más de 620 mil millones de pesos hace ya un año, fuera de los presupuestos propios y otros recursos, digamos, de regalías, se enredan haciendo más planes y proyectos que costarán un gran porcentaje de los recursos adjudicados –que es lo importante para los administradores- y así enredan la ejecución de las obras, cada responsable pasándole el balón al otro hasta que el partido acaba por cansancio o por olvido. Al final, en estos cuentos terminarán los actuales mandatos y los únicos damnificados serán los mismos de siempre, los de los votos, que deberán preparar sus oídos para las nuevas fábulas que llegarán con las nuevas elecciones. Ojalá me equivoque, y que entonces comience la nueva historia del Cauca, y que al fin el sumario histórico regional que nos previene de cómo terminan las grandes inversiones en el Cauca, llegue a su final.

Lo último, ya en la desesperanza de los guapireños, el gobernador del Cauca se compromete, otra vez, a realizar la pavimentación de la vía que conecta el aeropuerto con el hospital, al mantenimiento y ampliación del Coliseo y la adecuación, diseño y construcción del estadio municipal, a gestionar pavimentos en las vías principales de la cabecera municipal, al mejoramiento de los escenarios deportivos, aunque dejó en claro que los servicios públicos de acueducto y alcantarillado y el manejo de los residuos sólidos corresponde a otras instancias.

Mas anuncios cuya ejecución también está por verse, porque la costa del Pacífico caucano es muestra palmaria del ancestral abandono estatal y de la indefensión comunitaria. “Por eso todos los violentos, los mafiosos, los ilegales, los corruptos han andado regocijados en estos hermosos territorios. Todo es propicio a sus fechorías. En Guapi debemos dejar de improvisar. Eso es irresponsable. La gente buena quiere apostarle a la construcción colectiva de un Guapi para la gente excluida, para el crecimiento humano integral, para el beneficio colectivo de sus inmensas riquezas, para la cultura. En fin, aunque algunos piensen que cada pueblo merece los gobernantes que elige, Guapi necesita medidas ortodoxas, como suspender toda la administración municipal, y debatir con las comunidades organizadas una forma de gobierno ciudadano con escogencia de los mejores hijos de Guapi que presten sus servicios, para lo cual el Gobierno Departamental debe disponer toda la asistencia técnica, mientras avanzan las investigaciones que deben ser prontas y eficaces. Guapi no aguanta tanta barbaridad. Y se actúa ahora o ratificaremos nuestras incapacidades…” clama un sentido habitante de ese municipio, en el 2013, lo mismo que lo hacían sus abuelos en el siglo pasado.

Pero siguen las promesas, no las ejecuciones: se anunció esta semana un documento CONPES con 209.053 millones de pesos más para el Cauca destinados a restitución de tierras, legalización de predios, ordenamiento territorial y vivienda rural; más de 40.000 millones de pesos para aumento del pie de fuerza de Policía y Ejército, 41.383 millones de pesos para el funcionamiento de un punto de atención a víctimas en el municipio del Patía, dos centros de atención regional ubicados en los municipios de Popayán y Santander de Quilichao, el diseño y la implementación de un plan de reparación colectivo para el cabildo Kitek Kiwe y para dos comunidades afrocolombianas en San Miguel y Lomitas, al norte del Cauca. Hay más: 939.457 millones de pesos para el mejoramiento del aeropuerto Guillermo León Valencia de la ciudad de Popayán y vías; 2.000 millones de pesos para un fondo especial de cuota de fomento de gas natural y la asesoría para la seguridad y formalización de la minería en la región del Pacífico caucano. Además, 45 mil millones en tecnologías y sistemas de información…

Mejor departamento y gobernantes, ¿dónde?, me preguntarán, pero si han leído bien, todo será para el futuro, como las incontables ofertas de Uribe en sus 10 consejos comunitarios realizados en el Cauca con todos sus ministros y gerentes, y ¡ay, de aquel que en su momento le hubiera dicho que estaba hablando paja! ¡Habría quedado en la foto oficial, pero en aquella que le ponen un número sobre el pecho al insolente!