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Jueves, 1 de octubre de 2026
sábado 11 octubre, 2014 a las 9:00 am

EL COMIENZO – Un 12 de octubre de 1492

Paul Disnard

¡Oh, navegar en canoa por los ríos!
W. Whitman

Paul Disnard
PAUL DISNARD / Octubre del 2014

Han pasado siglos desde que salieran de las ignominiosas cárceles, absueltos de torturas y grilletes, disparados al azar por la locura de un ladrón de sueños escapado de las vikingas galeras, forzosamente encalladas por las tormentas de nieve y hielo, en los álgidos refugios del norte. Perseguidos por sus sueños e inalcanzables aventuras siguen buscando, en la inmensidad de los océanos, un pedazo de tierra donde los exiliados de la muerte puedan ser felices. Saben que nada ni nadie es eterno, que serán siempre las mujeres y los niños los guardianes de las risas espontáneas y de la vida.

Entre las sombras avanzan sin brújula, con el corazón en la estrella, como una espiral que nace en el vórtice del huracán. En un crucial e inesperado movimiento cede su virtual ascenso, tal parece que el día se apaga y amainan los vientos. Un alboroto de gaviotas rompe la calma chicha. Júbilo en la canasta del vigía.

Habrá siempre Marías dispuestas a celebrar la aurora, crecerán como llama votiva los hombres entre sus brazos. Festejaran los prófugos las arenas y rocas de los acantilados, en los improvisados puertos aun brilla el sol poniente sobre la línea horizontal que aparta el cielo de la tierra.

Manuela Beltran

Proscrito el amor en los tugurios de los reclutamientos obligados de su pasado con ellos desembarcan las cadenas y las ignominiosas cárceles redivivas como pestilencias de su sangre, la codicia, las pústulas y las bajas pasiones de los inframundos de ultramar. Con ellos se perdió el paraíso dentro de los socavones de las minas.

Vejadas dejaron de ser ángeles y reinas las mujeres, dejaron también de ser libres los hombres de la tierra prometida. Los gritos y el brazo armado fueron sus banderas. La venganza arde con la lentitud de una mecha en un barril de pólvora. ¡Santa Bárbara bendita! Los sueños se hicieron maldición y pesadilla. Siguen aun activos los volcanes. El silencio parece el afilado cuchillo de un carnicero. ¡Reventará la tierra! ¡Humilladas y ofendidas por la carroña serán nuevamente diosas e invencibles combatientes las mujeres! Cuando llegue la hora ¡aquí estarán! Hermosas y vibrantes como el despertar de un clarín de guerra. ¡Habrá otro amanecer! ¡Otra aurora!