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Domingo, 4 de octubre de 2026

EL CAMINO ES LARGO.

El camino es largo

Imagen por: https://chatgpt.com/

Por: JAIME CÁRDENAS.

Pueblo con hambre no vota, se organiza y lucha. Esta fue una consigna de un sector de la izquierda de otro tiempo que tuvo notable aceptación en variados círculos del movimiento estudiantil, sindical y campesino. No venía propiamente de la insurgencia y, tal como se deduce por su semántica, había total desprecio por las elecciones y controvertirla era una grave herejía.
Lo cierto es que el pueblo con hambre siguió votando, incluso el organizado y el luchador. Tradicionalmente la abstención en Colombia ha sido bastante alta, pero no es posible ni ayer ni hoy atribuirla a una posición política contestataria, al resultado de una conciencia que llega a esa conclusión luego de percatarse de la farsa electoral, como se decía en esos tiempos, refiriéndose al proceso electoral, con relativa razón, puesto que la expresión peyorativa partía de evidencias que eran irrefutables, tan es así que el actual presidente y sus amigos promovieron otra consigna totalmente antielectorera: con el pueblo, con las armas, al poder. Llegaron a él con los votos y oportunamente, con sensatez, se arrepintieron de las armas.
A juzgar por los índices de desnutrición infantil el hambre no es cuestión del pasado, como en China, donde las hambrunas periódicas significaban la muerte de miles de sus habitantes. Pero los colombianos, incluyendo a los hambrientos, siguen votando, sea por plata, puesto, amistad, conveniencia o por convicción.
Así ocurre cuando se trata de elegir alcaldes, para elegirlos la farsa aún está en su apogeo, y en menor grado cuando se elige a gobernadores y congresistas. Claro que hay notables excepciones, como ocurrió en el Putumayo en donde por fin, por vez primera un representante a la Cámara, – Miguel A. Rubio-, verdaderamente ligado a sus problemas ha sido electo. Pero la regla general lleva a que sea la degradación de la política la que prime en esos casos.
Con la elección a presidente hay variaciones. Aquí el voto está menos condicionado, fenómeno reciente, puesto que la manada votaba ayer con los ojos cerrados por rojos y azules. Qué lamentable que estos colores que Van Gogh y Kandinsky enaltecieran fueran el distintivo de colectivos decadentes como los de liberales y de conservadores. En todo caso, esta elección, las elecciones en general están blindadas con un mecanismo institucional totalmente eficiente.
Ficción o realidad, cada cual se siente poderoso, -lo sea o sea paria- cuando va y cumple con todo el ritual del voto que no deja siempre de seducirlo. Es como si la identidad se reafirmara cuando ve su nombre, cuando se lo atiende con amabilidad, cosa rara hoy, cuando constata que su presencia en las urnas vale. Finalmente marca el tarjetón de su candidato o candidata de preferencia y es entonces como si disfrutara de un pequeño orgasmo, siente el elector una felicidad fugaz pero intensa, incomprensible para los abstencionistas, sale todavía empoderado, como dicen los sociólogos dispuesto a celebrar..
Por eso, aquella izquierda que proclamaba la abstención no triunfó en sus propósitos, exigirlo era martirizar al pueblo, algo así como se suele hacer con el desesperado alcohólico al que le prohíben una sola gota de su bebida preferida, sabiéndose que le encanta. El caso es que incluso el alto mando eleno en el presente no insiste en que no se debe votar, expresamente comunica que respeta la decisión ciudadana para que lo haga o no lo haga. A estas alturas sería un absurdo, una censurable contradicción en el seno del pueblo mantener el veto al voto.
Es posible, al menos es nuestro criterio, que el voto para la presidencia se haya cualificado, es decir, que sea más consciente, más reflexivo, menos manipulado, lo que no quiere decir que el camino no sea largo, sinuoso y culebrero para llegar a un voto dentro de una auténtica democracia. Pero aquí hay que echarle mano al verso de Machado, tantas veces machacado: caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Así las cosas, es también posible que llegue el día en que la consigna sea: pueblo sin hambre, se organiza, lucha y vota, pero también cabe: pueblo sin hambre, se organiza, vota y lucha. Todo depende de quién de línea.
¡Qué bien desayunados votemos contra la oscuridad y el terror!


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Jaime Cárdenas

 

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