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Jueves, 8 de octubre de 2026

FIRMES POR LA PLATA

FIRMES POR LA PLATA

Por Jaime Cárdenas

Con la fuerza del caudal del río Paraná, con la potencia que tuvieron las centrales sindicales, con la entrega de Evita Perón para sus “descamisados”, con la entereza patria con que exhibieron el letrero defendiendo Las Malvinas, la selección de futbol de la Argentina salió a jugar contra Inglaterra. Nada menos que con los creadores del futbol, viejos veteranos en las lides del balompié, equipo que empezó ganando y terminó derrotado de manera limpia, contribuyendo a forjar la leyenda de los argentinos que son un ejemplo de guerreros en ese campo de combate, el futbol, que, con todas sus lacras, el mundo de hoy reverencia como el de ayer los combates en las arenas romanas.

En el otro extremo, la selección Colombia. Salieron a perder y lograron su objetivo. Es que los acompaña una suerte de memoria filogenética que aloja el recuerdo de sus antepasados, esclavos de minas arrodillados a sus amos, peones de haciendas, sacristanes de parroquia.

El oro que hoy poseen no los ha liberado de ese pasado y produce indignación verlos tan solícitos adulando al poder, silenciosos integrantes del rebaño que deliberadamente ignora las masacres, las huellas que la pobreza deja en el mundo de donde provienen.

No se trata de que los futbolistas del equipo colombiano estén alineados en determinada ideología, es un asunto de dignidad, de comprender que hay valores que van más allá de la plata. Y aquí vale una digresión. Ningún reproche por sus bolsillos llenos. Ya en su momento García Márquez zanjó la discusión proverbialmente. Cuando se intentó reprocharle por su fortuna replicó serenamente que lo que tenía lo había conseguido con una máquina de escribir. De manera que nada de resentimientos. Las cosas se deben ver con otro prisma, acercándose a la necesidad de forjar nuevos deportistas que vayan más allá de sus intereses propios de los esclavos del dinero, que tengan claro qué significa representar a un país.

Teófilo Stevenson varias veces medalla de oro en los olímpicos, campeón mundial como peso pesado del boxeo, dijo no a la descomunal oferta en dólares para que dejara Cuba y enfrentara al gran Cassius Clay, – otro gigante de la dignidad, de la defensa de sus hermanos afrodescendientes, de la rebeldía-, Stevenson, sin altisonancias dijo no, regresó a su mundo antillano donde encontró el reconocimiento y el amor de su pueblo, amor por su pueblo que no tienen estos pobres diablos de la selección Colombia, todavía viendo al europeo como a los blancos dueños del mundo.

Cuando fuimos niños coleccionar las figuras del mundial de futbol era una pasión y una aventura. Íbamos frente al Teatro Alcázar, donde confluían incluso rufianes, para comprar los sobres con la esperanza de que saliera Pelé. Nunca salió, pero en el colegio intercambiaba los caramelos, a espaldas del gordiflón Papa Rota de cursos superiores que sin mediar palabra los hacía suyos. Esos días se llenaron de gran alegría llenando el álbum. Brasil era nuestro equipo, sus jugadores nuestros ídolos, conocíamos sus nombres de memoria y de paso escuchábamos historias como las del arquero Yasin de Rusia, de quien se decía tenía un revolver detrás de la portería por si cometía un grave error. Pasado el tiempo, en esa aventura del vivir llegamos al Guainía y allá, una alegre abogada monteriana me refirió que su pequeño hijo solo pensaba en llenar el álbum de este mundial 2026 y que soñaba con ver, – no digo nuestra-  a la selección Colombia en la final. Después me refirió del desconsuelo del niño por la derrota ante Suiza y la consecuente eliminación.

Estos sujetos que fueron en representación de Colombia les deben unas excusas, – que nunca darán-, a los niños, a los niños que creyeron en ellos y fueron defraudados, niños que en su edad no conocen lo que pesa el tener mentalidad de esclavo, de peón de hacienda, de sacristán.

Siempre estaremos con los derrotados, pero no con todos, puesto que hay indefectiblemente que diferenciar, Nietzsche ilumina este camino.

El que es derrotado, cuando su misión era ser digno, altivo, cuando se convierte en traidor, no merece ninguna conmiseración, cuando alardea de defender su patria, su pueblo, su camiseta y termina envuelto en la abyección, en la idolatría de su propio yo debe ser ignorado.

El viejo de Greiff, el maestro de la palabra, el noctambulo ácrata, rebelde y libre, bien los retrata:

Villa De La Candelaria

Vano el motivo
Desta prosa:
Nada…
Cosas de todo el día
Sucesos banales
Gente necia, local y chata y roma.
Gran tráfico en el marco de la plaza.
Chismes,
catolicismo
Y una total inopia en los cerebros…
Cual si todo
se fincara en la riqueza
en menjurjes bursátiles
y en un mayor volumen de la panza.


Imagen destacada es una ilustrativa creada con IA.
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