Casi 30 millones de personas se subieron a un avión con destino nacional entre enero y noviembre de 2024. La cifra representó un salto del 13,9% frente al mismo período de 2023, según la Aeronáutica Civil. Leído con calma, el dato revela algo más que una recuperación pospandemia: los colombianos están eligiendo recorrer su propio territorio con una intensidad inédita.
Las cifras del turismo doméstico
Los 29.753.219 pasajeros movilizados en vuelos nacionales regulares no son una anomalía estadística. Según la Encuesta de Gasto Interno en Turismo del DANE, el 11,3% de las personas de 10 años y más realizaron al menos un viaje turístico dentro del país durante 2024. Bogotá encabezó la recepción de pasajeros nacionales, seguida por Rionegro (Antioquia) y Cartagena. Pero lo llamativo está en otra parte: el crecimiento sostenido de aeropuertos secundarios, terminales terrestres de ciudades intermedias y corredores viales que antes nadie miraba como rutas turísticas.
La ANIF registró un incremento del 4,7% en el gasto turístico interior. Los rubros con mayor dinamismo fueron los servicios culturales y recreativos, que crecieron 13,3%, seguidos por alimentos (7,5%) y alojamiento (6,6%). El viajero colombiano no solo se mueve más: gasta distinto, con una inclinación marcada hacia experiencias que van más allá del hotel y la piscina.
Qué está empujando a los colombianos a viajar por su país

Convergen tres fuerzas. La primera es estructural: la competencia entre aerolíneas transformó el mapa de conectividad aérea. La segunda es política: el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo canalizó recursos hacia destinos emergentes bajo la sombrilla del turismo sostenible. La tercera es cultural, y quizá la más difícil de revertir: la pandemia alteró las prioridades de viaje. Muchos colombianos descubrieron que a pocas horas de vuelo —o por carretera— existían paisajes, cocinas y comunidades que nunca habían pisado.
Nuevas rutas y tarifas accesibles

La entrada de operadores aéreos y la ampliación de frecuencias a ciudades como Bucaramanga, Nuquí, Armenia y Quibdó rompieron un cuello de botella histórico. Familias de ingresos medios que antes consideraban el avión un lujo encontraron en los vuelos a bajo costo una alternativa real frente al bus de doce horas. La descentralización del tráfico aéreo no es menor: aeropuertos que hace cinco años recibían dos frecuencias diarias ahora operan con cuatro o cinco, y las ocupaciones superan el 80% en temporadas altas.
Ese fenómeno tiene efecto cascada. Cuando un destino se conecta por aire, llegan hoteles, restaurantes, operadores de turismo de naturaleza. Santander es un caso emblemático: el crecimiento de su oferta de deportes extremos y senderismo coincidió con más frecuencias de vuelos a Bucaramanga. El Eje Cafetero consolidó su posición como destino rural gracias a una dinámica parecida.
Turismo sostenible y política pública
ProColombia y el Ministerio de Comercio enfocaron su estrategia en posicionar destinos con potencial de naturaleza y patrimonio cultural. Colombia recibió 14 galardones en los World Travel Awards, incluyendo reconocimientos como Destino Verde Líder y Destino Turístico Juvenil Líder. Más allá de los premios, hay programas de capacitación a comunidades locales y lineamientos para reducir el impacto ambiental del turismo masivo, aunque su implementación sigue siendo desigual dependiendo de la región.
El impacto económico en las regiones

El sector turístico generó 899.204 empleos directos en 2024, un crecimiento del 8,4% respecto al año anterior. Los servicios de alojamiento y comida concentraron el 60% de esa ocupación. Para territorios con altas tasas de informalidad y desempleo, esos números no son abstractos: representan ingresos concretos para familias que dependían exclusivamente de la agricultura o la pesca.
El Pacífico colombiano: de territorio olvidado a destino emergente
Pocas regiones ilustran mejor esta transformación. El Pacífico, históricamente marginado de los circuitos turísticos nacionales, empieza a recibir viajeros atraídos por el avistamiento de ballenas, la gastronomía afrocolombiana y la biodiversidad de sus selvas húmedas. Pero el crecimiento trae tensiones. La infraestructura hotelera es limitada, los servicios básicos en muchos municipios siguen siendo precarios y existe el riesgo de que el turismo desordenado deteriore ecosistemas frágiles. El desafío es mayúsculo: capitalizar el interés sin repetir los errores de sobreexplotación que golpearon destinos del Caribe.
Qué buscan los viajeros colombianos

El perfil del turista nacional cambió. Aquel crecimiento del 13,3% en servicios culturales y recreativos señala una tendencia clara: hay preferencia por vivencias con identidad territorial. Rutas de cacao en Santander, talleres de cocina tradicional en Tumaco, caminatas por bosques de niebla en Salento. El turismo gastronómico y de naturaleza desplazaron al modelo convencional de sol, playa y todo incluido.
Lo que falta por resolver
El turismo representó el 2,16% del valor agregado nacional en 2024. Antes de la pandemia, ese indicador promediaba 2,64%. La brecha indica que la recuperación, aunque robusta, sigue incompleta. A eso se suman deficiencias de infraestructura vial en zonas rurales, la informalidad de una porción significativa de la oferta hotelera y gastronómica, y los problemas de seguridad que persisten en corredores de regiones apartadas. La formalización del empleo turístico sigue siendo una deuda pendiente.
Un fenómeno que apenas comienza

Las señales apuntan a que la tendencia se sostendrá. La apertura de nuevas rutas aéreas no se ha detenido, el interés por destinos con sello de sostenibilidad sigue al alza y hay una generación de viajeros jóvenes que prioriza lo local sobre lo internacional. Que ese crecimiento sea equitativo dependerá de decisiones concretas: inversión en infraestructura para destinos emergentes, regulación ambiental efectiva y políticas que aseguren que los beneficios económicos lleguen a las comunidades que sostienen la experiencia turística. Colombia tiene el territorio. La pregunta es si tendrá la capacidad institucional para administrar su propio redescubrimiento.