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Jueves, 15 de octubre de 2026

Dichas, dichos, gozos y nostalgias de un viejo gladiador

Dichas, dichos, gozos y nostalgias de un viejo gladiador 1

 


EXORDIO

Por Edgar Francisco Astudillo Vásquez 74 años de sobrevivenciaHay coincidencias que parecen simples caprichos del calendario y otras que, con el paso de los años, terminan pareciéndose a esos misteriosos hilos con los que la vida enlaza destinos. Edgar Francisco Astudillo Vásquez y yo nacimos el mismo día: 22 de agosto. A veces bromeo con que debimos nacer hasta a la misma hora, porque nuestras trayectorias han acumulado demasiados puntos de encuentro.

Somos caucanos de nacimiento, periodistas por vocación y compañeros de luchas. A ambos el oficio nos llevó por distintos caminos y territorios del país; a ambos nos alcanzaron, de distintas maneras, las heridas del conflicto armado; y ambos, al arribar a los 74 años, seguimos cargando proyectos, ilusiones y esa terquedad maravillosa de quienes se resisten a considerar terminado el camino.

Hace pocos días publiqué mis propias impresiones al llegar a esta edad (https://proclamadelpacifico.com/se-me-olvido-envejecer/). Hoy es Edgar Francisco quien abre su memoria y hace balance. Lo hace desde las cálidas tierras del Sinú, donde reside actualmente, después de una vida profesional que él mismo resume en 55 años de actividad periodística, atravesados por la radio, la televisión, la prensa, el servicio público, el trabajo comunitario y la construcción de paz. También recuerda el despojo, el desplazamiento y el exilio, pero sin permitir que esas heridas definan por completo su historia.

Su columna tiene mucho de inventario vital, pero sobre todo de gratitud. Edgar mira hacia atrás sin negar las dificultades y reafirma una convicción que compartimos desde hace décadas: que el periodismo, antes que privilegio o tribuna, es una herramienta para servir a la sociedad, defender las libertades, la pluralidad democrática y los derechos fundamentales.

Desde Santander de Quilichao, Cauca, Proclama del Pacífico publica estas palabras escritas en Montería, Córdoba, como un abrazo entre dos geografías y también entre dos viejos compañeros de oficio que, por una extraña y hermosa coincidencia, volvemos a encontrarnos este 22 de agosto en el mismo piso de la vida.

Edgar se define como un “viejo gladiador” que se niega todavía a abandonar los micrófonos porque conserva causas y objetivos por cumplir. Y quizá esa sea otra de nuestras coincidencias: a los 74 años seguimos pensando más en lo que falta por hacer que en lo ya realizado.

Hoy dejo que sea él quien tome la palabra.

Alfonso Luna Geller
Director de Proclama del Pacífico


Por Edgar Francisco Astudillo Vásquez

74 años de sobrevivencia

Dichas, dichos, gozos y nostalgias de un viejo gladiador

Hola, permítanme saludarles con un matiz de nostalgia y un canto de gozo al cumplir hoy mis primeros 74 años de sobrevivencia terrenal. Cuando desperté con un acariciador calambre en la pierna izquierda, me dije: Pacho, la vejez, el cansancio y la falta de vitamina D, te están pasando factura. Recuerda que hoy llegas al piso 74 y ya no eres el atleta que fuiste hace 60 años. Me dio la extraña sensación que doña Armida, mi aguerrida madre, me estuviera pellizcando duro el tibial, como si quisiera despertarme temprano.

Fue precisamente doña Armida, la maestra de escuela, la que me enseñó que uno debe saludar y darle gracias a Dios por la vida, apenas abre los ojos cada amanecer. Desde hace 68 años sigo al pie de la letra esa sagrada orientación.

Hoy, le doy gracias a Dios por permitirme llegar a estas instancias. Las fuerzas superiores del universo han sido magnánimas conmigo. Me han perdonado muchos desafueros y me han librado de múltiples peligros. El Supremo Creador sabe que no he actuado con alevosía, que no albergo odios y que he guardado su ley, hasta donde mis debilidades lo han permitido. No tengo en mi haber pecados capitales, salvo aquellos que el amor y la sublime pasión, nos inducen a cometer. Confieso que soy un pecador común. No le deseo mal al prójimo, no soy idólatra de la violencia, no practico la avaricia ni envidio la riqueza. Les solicito, perdonen estas líneas de elemental egolatría. Diría que mi falta mayúscula es tener un apego irrenunciable a la pobreza. Soy una especie de asceta, que me he declarado ciudadano del mundo. No gusto de la xenofobia radical, menos de la aporofobia que está de moda. Ahora vivo sudando desasosiegos sedentarios y envejecido en las cálidas tierras del Sinú. Cuando paramilitares rapaces me despojaron de la vivienda y los pocos bienes que tenía, no me hicieron daño; dejaron en la ruina a mi familia que, como el ave fénix, sobrevivió y salió airosa al amparo del Señor.

Dichas, dichos, gozos y nostalgias de un viejo gladiador

Hoy es día de expresar mi múltiple gratitud:  Gracias a Dios por todo lo que soy y no soy, por la inmensa indulgencia y magnificencia de dejarme vivir todo este tiempo. Gracias a mi noble, resiliente y aguerrida familia; a mis seis hijos y a mis nietos, a quienes les pido perdón por mis extravíos y debilidades. Gracias a todos los conocidos, amigos, compañeros y colegas que han soportado mis astudilladas. Gracias a aquellos que a lo largo de estos 55 años de actividad locucional y periodística, se han constituido en accionistas silenciosos de mis mejores momentos y también de los peores. Gracias a todos los que integran ese mundo anónimo de simpatizantes, detractores y contradictores. Gracias a quienes me han expresado su odio gratuito, así como aquellos que me han entregado sus mejores dones de aprecio y valoración. Gracias a quienes me han dado oportunidades laborales. Gracias a quienes me dieron la oportunidad de conocer y quedarme en esta tierra prodigiosa y de gentes nobles y bondadosas. A quienes han valorado mi trabajo y a quienes lo han soslayado. A quienes consideran que he sido un desarraigado gladiador que se ha aferrado a una vida humilde, pero digna. Gracias a quienes han respetado la noble vocación de periodista, vocación a la que amo como el primer día. A quienes han entendido que tengo la convicción de buscar mediante el oficio, enaltecer la vida, las libertades, la pluralidad democrática, la defensa del ser y sus derechos fundamentales.

A diario me ocurre que me encuentro con viejos conocidos, viejos amores, viejos colegas. Nos hablamos en silencio. La vida nos ha pasado, sin tomar conciencia. Hemos dejado de ser los protagonistas del escenario, y ahora estamos sentados en alguna fila como espectadores. Gracias a aquellos que me han dado la oportunidad de cumplir con el deber de servir desde el periodismo. Hace 55 años, aprendí que el periodismo es una herramienta vital para servir a la sociedad de diferentes maneras. En el inventario actual no hay saldo en rojo. Hemos cumplido de diversa manera.

Dichas, dichos, gozos y nostalgias de un viejo gladiador
Édgar Astudillo, Premio Gladiador y Pregonero Ciénaga de Oro

Esto amerita una gratitud multidimensional porque nos permite concluir que hemos sido un instrumento para hacer el bien. Gracias Dios. Gracias a todos por ser accionistas, distantes unos; silenciosos otros. Muchos indiferentes a estos 74 años que cumple este irrenunciable viejo periodista, que se niega a dejar por ahora los micrófonos, porque hay obligaciones, causas matusalénicas y objetivos por cumplir. Gracias por compartir estas caprichosas y agradecidas líneas. Bendiciones a todos.

En gratificante coincidencia con esta cronología acumulada de años, el Premio de Periodismo Cultural “Guillermo Valencia Salgado”, versión 2025, me concedió la distinción “Gladiador”, resumiendo las batallas que desde niño-vendedor de buñuelos y voceador de prensa- he librado en los 74 años.

Génesis que comenzó como la voz de trueno del colegio, presentador de los actos culturales, animador de manifestaciones, declamador, actor de teatro y poeta neonadaista.

En un segundo ciclo, locutor deportivo, periodista en ocho emisoras, corresponsal nacional de Prego Televisión, consejero nacional de televisión, dirigente comunal, reportero en dos periódicos y jefe de prensa de la gobernación de Córdoba.

En un tercer ciclo, concejal de Montería, víctima del conflicto, desplazado, exiliado y retornado. Finalmente, en un cuarto ciclo, director de Multinoticias Colombia, fundador Premio Departamental de Paz, gestor y consejero departamental de paz, director de Esplendor Noticias y Enlace País. Un dinosaurio de variadas actividades, polifacética labor y una irrenunciable vocación de vida y trabajo. Gracias Padre celestial porque me has permitido una vida prolífica y multifacética hasta estos 74 años. Padre celestial: Permíteme mantenerme sano, vigoroso y bendecido hasta que cumpla mis propósitos familiares y sociales. Llámame cuando lo consideres o cuando sea inservible en este mundo. Amén.

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