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Viernes, 23 de octubre de 2026

“En un mundo globalizado y capitalista, que ha mundializado la estupidez, la poesía no significa nada”: Alzate Valencia

Entrevista con el poeta Conrado Alzate Valencia El poeta habla con sus versos, sin embargo habla desde su poética, de...

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  • Entrevista con el poeta Conrado Alzate Valencia
  • El poeta habla con sus versos, sin embargo habla desde su poética, de allí que se hace importante algunas pinceladas sobre cómo piensa un poeta. Aquí un intento con el poeta Conrado Alzate de Valencia, de Riosucio, Caldas.
Diógenes Díaz Carabalí – Conrado Alzate Valencia

¿Quién es Conrado Alzate Valencia?

Esta es una magnífica pregunta filosófica que he tratado de responder con algunos textos poéticos: “Soy polvo, un filamento de tierra / enredado en la urdimbre de la noche”. “Soy arcilla rumorosa, cuyo lenguaje / es un destello intermitente de luciérnaga” (Semblanza). Pero siendo más práctico, digamos que soy lector, poeta y ensayista, autor entre otros de los siguientes libros publicados: Paraísos inexistentes, Canción de Ahasverus, Sílabas humanas, Escrito en el viento: versos de amor y desamor, Memoria de la sangre, Apología de los dragones, Cantos para anunciar la luz: (antología personal) y Poemas ecológicos.

¿Cuál es el significado de la palabra poesía para estos tiempos de informalidad, desmemoria y mediatismo?

La poesía es una palabra metafórica, sagrada, indescifrable y rehabilitadora. Pero en un mundo globalizado y capitalista como el nuestro, que ha mundializado la estupidez y desmundializado la inteligencia, que ha borrado la identidad de los pueblos, que ha profanado las cosas sagradas y que le rinde culto al antiarte y a la antiestética, la poesía no significa nada, no tiene ningún valor. Puede que posea importancia en un mundo diferente, construido por altos espíritus, pero aquí no. De eso estoy seguro. La poesía es trascendental para algunas personas, pero no para las mayorías. Por eso Octavio Paz enseña que: “La acción del poeta contemporáneo sólo se puede ejercer sobre individuos y grupos”.

Una pregunta obligatoria. ¿No los motivos de inspiración; más bien, las temáticas de su trabajo poético?    

Los temas que manejo en mi obra poética son: el amor, la filosofía, la antropología, el esoterismo y la ecología. El esoterismo me ayuda a ponerle la cuota de misterio al poema. Y trabajo la ecología porque considero que el creador también debe tener un compromiso con nuestro planeta.

Ayuda a los muchachos. ¿Sus lecturas? ¿Sus poetas favoritos?

Yo soy tallerista de arte y promotor de lectura en instituciones educativas y centros culturales; y esta labor me permite estar cerca de los muchachos, conocer sus sueños, sus problemas y ayudarles a construirse desde la lecto-escritura.

Por otra parte, leo novela, cuento, ensayo y mucha poesía. También me gusta la filosofía y los temas esotéricos.

Hay autores que recomiendo con frecuencia, especialmente a los que empiezan a escribir poesía: Homero, Omar Khayyam, Serguéi Yesenin, Georg Trakl, Federico Hölderlin, Rubén Darío, César Vallejo, Amado Nervo, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Alejandra Pizarnik, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Antonio Machado. Los poetas franceses y por supuesto los colombianos, a quienes no voy a nombrar por amor a la brevedad.

La poesía ha dado respuestas en diversos aspectos de la vida: el amor, la ciencia, la muerte, la belleza, la fe. ¿A qué responde su trabajo poético?

Escribo porque es un mandato de mi alma y de mi sangre, porque es una manera de vencer la muerte y el olvido; porque deseo dejar una huella en el papel de mi paso por este plano. Porque: “Yo no sé hacer otra cosa que cantar / para dar gracias, cantar con el pequeño / inventario de palabras que los años / han puesto en mis labios rumorosos”, como expreso en una de mis creaciones. No sé qué sería de mí sin la palabra; ella me sostiene, restaña mis heridas y le da un sentido a mi vida.

Hay una eterna discusión sobre la poesía comprometida. Mejor, sobre el compromiso de los poetas. Roca desvirtúa la poesía de Benedetti, siendo incluso que los jóvenes leen más a Benedetti que a Roca. ¿Cuál es su compromiso en la poesía?

Pienso que el compromiso del creador es con el arte, con el humanismo, con la felicidad, con el planeta y ante todo con la sociedad. El poeta toma como suyo el sufrimiento del pueblo, se alimenta de sus triunfos y fracasos, de sus ansias de libertad y su lenguaje. Estos son sus veneros. Y luego, como un alquimista, entrega la greda moldeada, convertida en el oro. Octavio Paz con su hermoso texto “Lenguaje y poema”, nos cuenta que el poeta: “… opera de abajo para arriba: del lenguaje de su comunidad al poema. En seguida, la obra regresa a sus fuentes y se vuelve objeto de comunión. La relación entre el poeta y su pueblo es orgánica y espontánea”.

Háblenos un poco del desbalance que existe en la tasa de retorno de la poesía. ¿Es rentable ser poeta? ¿Da para comer? ¿Cómo vive un poeta dedicado el 100% a la labor de tejer versos?

Da grima decirlo, pero no es rentable ser poeta. La poesía no da para comer; se vive en medio de necesidades, de deudas y desasosiegos. En un mundo de tantas absurdidades, los más de los creadores son empujados por fuerzas hostiles a la pobreza, casi que a la indigencia. Hölderlin, uno de los más grandes poetas de la humanidad, murió pobrísimo, olvidado y esquizofrénico, en la humilde torre del carpintero Zimmer. A pocos les sonríe la fortuna y la felicidad. La poesía sólo da hambre y una fama vacía.

Directo. ¿Cómo ve la poesía actual colombiana en el contexto de la poesía mundial, cuando la poesía se destaca en países como Estados Unidos, Europa, China, Japón…?

Los que juegan en las grandes ligas y han sido publicados por editoriales de prestigio, están pasando por un buen momento. Los demás están mal, pues andan mendigando una publicación, en un medio donde el Estado es indiferente y han desaparecido las editoriales oficiales. Y a más de esto, los escasos concursos de poesía son cerrados; o sea que, las posibilidades son mínimas. Existen más oportunidades y más difusión de los autores en otros países, la poesía la encuentra uno en todas las librerías y hasta en los supermercados, como un producto de primera necesidad.

¿A qué aduce que nuestros enamorados olvidaron la poesía, nuestros soldados no levantan su valentía con un verso libertario, nuestros pastores no se santifican con un poema místico? ¿Mejor dicho, la poesía está jodida?

Esto tiene que ver quizás con los planes siniestros de la globalización, que andan construyéndole monumentos a la estolidez y al bollo y no a la ciencia y al arte; y también con los modelos educativos, que prácticamente sacaron la poesía de su pensum. Además al poeta lo ven como un loco y un enemigo peligroso del establecimiento, a quien hay que esquivar como chanda pegajosa.

En Popayán proliferan los poetas. ¿También en Riosucio… en Manizales?

Poetas hay en todas partes; unos buenos y muchos malos. Es triste, pero no tenemos un poeta continental de la dimensión de César Vallejo, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Walt Whitman, entre otros. Unos pocos están trabajando para eso. Recuerdo que alguna vez le oí decir a Mario Rivero que: “Colombia tiene poetas, pero no poesía”. “El poeta hubiese sido Guillermo Valencia con la sensibilidad de Julio Flórez o Julio Flórez con la inteligencia de Guillermo Valencia”, aseguraba Rivero. Nadie puede negar que el mundo sería mejor si todos fuésemos poetas.

¿Hay que ser raro para ser poeta? ¿Mejor dicho: ser homosexual, fumar marihuana, suicidarse, vivir en las cloacas del universo?

Esta es una creencia equivocada, un mito. Para ser poeta no se necesita ser mala persona. Una existencia procelosa sólo conduce a la extinción. Y no todos los que discurren por oscuros laberintos producen una buena obra. Podríamos nombrar algunos casos específicos, claro está. Yo creo que lo más sensato es hacer poesía y vida al mismo tiempo.

¿Denos un vermífugo para no empacharnos con un libro de poemas?

El secreto es entrar al libro muy despacio, con humildad, con respecto como se entraría a un bosque sagrado; es decir saborear cada palabra, cada verso, cada metáfora. Esto es lo que podríamos llamar hermenéutica poética. Si el libro no nos entrega felicidad, debemos soltarlo como aconsejaba Borges.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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