De la crisis con Venezuela


Es posible que hayan logrado ingresar ilegalmente a Venezuela algunos paramilitares, como también la acción de personas poco recomendables, tanto del vecino país como de Colombia, dedicadas a una serie de actividades ilícitas, dentro de las cuales está el contrabando; acciones que conllevan a la violación de lo consagrado en el Derecho Internacional. Pero no se puede generalizar afirmando que todos los ilegales son paramilitares o delincuentes que están haciendo estragos en Venezuela. Nadie se traga estos argumentos del presidente Maduro.
Ejemplos frecuentes de deportación de ilegales indocumentados se ven a diario en el interior de muchos países por parte de las autoridades migratorias. El problema es que en el caso venezolano, no se debe pretender hacer uso del Derecho Internacional conculcando el mismo derecho. Son aberrantes los tratos crueles, inhumanos y degradantes cometidos por el régimen de Maduro y su Guardia Nacional en contra de colombianos indefensos, entre los cuales niños, mujeres y ancianos; situación que ha significado la indignación nacional y un llamado al pronunciamiento de parte de la comunidad internacional mediante organismos defensores de los derechos humanos.
El Derecho Internacional entre sus postulados, se refiere a la prohibición de hacer deportaciones masivas como es el caso de colombianos en Venezuela. También sostiene que si se producen deportaciones, darles a las personas un tratamiento acorde con la dignidad; nada de lo cual se ha visto en el caso de nuestros nacionales. Por eso las relaciones entre los dos países están en una condición supremamente crítica, tan grave está la situación que no se disimula el temor a una guerra entre los dos pueblos hermanos. Asunto que sería catastrófico para ambas naciones. Venezuela asfixiada por las múltiples contradicciones internas, con una economía en bancarrota y el enfrentamiento entre opositores y defensores del régimen. Analistas sostienen que en las elecciones de fin de año en Venezuela se evidenciaría el no respaldo a Maduro y pondría en peligro su continuidad en el poder. Que por esta razón Maduro pretende desviar la atención tratando de espantar el inconformismo social y evitar las elecciones.

Esto ha servido de argumento para que muchos piensen que Maduro quiere propiciar una crisis externa utilizando y arremetiendo contra Colombia. En otras palabras, hacer de Colombia el chivo expiatorio de todo lo malo que ocurre en Venezuela. Gusto que los colombianos no le podemos dar.
El Gobierno colombiano viene actuando con mesura y responsabilidad, asumiendo la única postura recomendable, la vía diplomática. Esto desde luego, puede chocar con los discursos incendiarios que le reclaman al presidente mayor contundencia, ser más radical contra Venezuela, como si el asunto de desatar una guerra con Venezuela fuera así de fácil. En primer lugar, porque tanto Colombia y Venezuela tienen sus propias guerras. Venezuela está en una situación socioeconómica lamentable y según expertos en crisis de legitimidad. Colombia con un conflicto interno de cinco décadas que está tratando de superar. Chávez dejó a Venezuela armada hasta los dientes y se duda mucho de las condiciones de nuestro país para sostener un enfrentamiento armado con Venezuela. Bastante tenemos con las guerras intestinas. Esto no quiere decir que se asuma una actitud sumisa y permisiva ante los atropellos de Venezuela. Agotar primero la vía política o democrática. Las soluciones mediante la fuerza y la violencia están en desuso en sociedades verdaderamente modernas. Hay que acorralar mediante las armas del Derecho a quienes utilizan la fuerza para dirimir los conflictos. Un buen comienzo de Maduro en la solución del conflicto es reabrir la frontera, cuyo cierre perjudica ostensiblemente a ambos países.
En circunstancias adversas como la actual debemos respaldar y rodear al presidente Santos, sin mezquindades, sin odios, sin resentimientos. Hay quienes sostienen que por fortuna, Santos está preparado no sólo para gobernar, sino también para sortear con racionalidad los momentos difíciles. Ha demostrado ser un caballero de la política y sabe qué decir y cómo actuar en los momentos indicados. Los gobiernos ilegítimos -como el de Maduro- acaban por el mismo influjo de sus acciones.
No sería justo que por la irracionalidad y el capricho de un tirano, terminemos atacándonos dos pueblos hermanos cuya historia ha sido más de semejanzas que de diferencias. Será muy complicado para Colombia afrontar dos guerras. Se están haciendo esfuerzos para acabar una que ha dejado en cinco décadas tanta sangre derramada y tanta pérdida a la infraestructura nacional, lo que hace un despropósito pensar en comenzar otra de carácter internacional. No hay que darle gusto al comportamiento paranóico de Maduro, ni a aquellos maniacos por el poder. Hay que moderar el discurso guerrerista por inconveniente. El presidente Santos no se debe dejar imponer las tentaciones del demonio. Al respecto, dice recientemente el columnista Felipe Zuleta que “El presidente Santos es un hombre tranquilo y eso produce confianza. Y mucha”.



