Jóvenes investigadoras que hacen de la ciencia una herramienta social
Jóvenes investigadoras en Colombia transforman sus territorios con ciencia gracias al Programa Orquídeas: Mujeres en la Ciencia 2025.
Por: Laura Jiménez y Camilo Flórez
La ciencia ha sido históricamente un campo marcado por desigualdades de género, en el que las mujeres enfrentan barreras estructurales que limitan su acceso, permanencia y avance en diferentes etapas de su formación y ejercicio profesional. Reconocer y fortalecer la participación de las mujeres en la investigación científica no es solo una cuestión de justicia y equidad, sino también una estrategia clave para ampliar la diversidad de enfoques, enriquecer la generación de conocimiento y responder de manera más efectiva a los retos sociales, ambientales y tecnológicos de nuestros tiempos.
En Colombia, el Programa Orquídeas: Mujeres en la Ciencia, liderado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, es una de las iniciativas públicas más importantes para promover esta participación, especialmente entre las nuevas generaciones de investigadoras. Orquídeas impulsa el fortalecimiento de las vocaciones científicas en jóvenes investigadoras, fomenta su formación de alto nivel y promueve su inclusión, permanencia y avance dentro del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI).
El programa busca consolidar una comunidad científica más diversa, equitativa y representativa del talento femenino colombiano, con especial énfasis en la articulación de proyectos de investigación, desarrollo tecnológico y/o innovación a través de estancias postdoctorales que integran a una doctora colombiana y una joven investigadora o innovadora.
Para la convocatoria de 2025, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación destinó más de 38 mil millones de pesos para financiar hasta 150 proyectos de investigación, desarrollo tecnológico e innovación, beneficiando a 300 mujeres investigadoras en todo el país. En sus dos primeras ediciones (2023 y 2024), el programa ya había permitido la vinculación laboral de 470 mujeres y el desarrollo de 235 proyectos con una inversión aproximada de 49.313 millones de pesos, con cifras que crecieron de 214 a 256 beneficiarias y de 20.611 millones a 28.702 millones de pesos entre la primera y la segunda versión.
Desde su primera edición en 2023, y a lo largo de sus diferentes convocatorias, Orquídeas ha evolucionado incorporando enfoques territoriales, diferenciales e interseccionales, ampliando su alcance y apostando por áreas estratégicas como la inteligencia artificial, las ciencias y las tecnologías cuánticas. Pero más allá de las cifras y los lineamientos institucionales, el impacto del Programa se refleja en historias concretas de quienes hoy encuentran en la investigación un camino de vida y transformación. Dos jóvenes investigadoras ganadoras de la convocatoria 2025, nos comparten sus experiencias, motivaciones y los retos de abrirse paso en el mundo científico.
La ciencia es para todos, no solamente para el gremio científico: Ana María Delgado
Para Ana María Delgado Valenzuela, recién egresada de Química de la Universidad del Cauca, la investigación empezó como una curiosidad persistente por entender el porqué de las cosas. Ese interés la llevó a vincularse desde temprano a procesos investigativos y, más adelante, al grupo de Química de Productos Naturales (QPN), donde encontró un primer acercamiento al mundo de las convocatorias científicas y al trabajo en laboratorio bajo la tutoría de sus profesores.
Su llegada al Programa Orquídeas: Mujeres en la Ciencia no fue inmediata. Había participado antes en otras postulaciones sin resultar seleccionada, pero la constancia y el trabajo articulado entre varios grupos de investigación finalmente dieron frutos en la convocatoria 2025. El proyecto en el que participa integra equipos de química, biología molecular e inmunología, y propone estudiar el uso del cannabis cultivado por una comunidad campesina del municipio de Caloto.
El proyecto presentado “Fortalecimiento de las Capacidades de CTeI en una Comunidad del Norte del Cauca: Exploración de extractos de cannabis medicinal y su actividad inmunomoduladora, correlacionados con abordajes in silico e in vitro para valorar su potencial terapéutico”, se planteó con la intención de beneficiar a las comunidades dedicadas al cultivo de cannabis con fines medicinales y generar un cambio gradual en la percepción pública impulsado desde la investigación para fortalecer la ciencia y la tecnología centrándose especialmente en las variedades de Cannabis sativa que han demostrado adaptarse a las condiciones ambientales locales.

Se espera que con esta iniciativa, se genere y divulgue nuevo conocimiento científico de una planta que ha sido estigmatizada durante siglos e involucrar a la ciudadanía, especialmente a la comunidad campesina de Caloto, Cauca, a través de actividades de diálogo entre ciencia y tradición. En este proceso de divulgación del conocimiento, se busca hacer accesible la información científica, combinándola con el saber y la experiencia de la comunidad para fortalecer las actividades productivas locales. Este enfoque implica un análisis filosófico y conceptual de los resultados de la investigación, ya que este conocimiento puede en el futuro, contribuir al desarrollo de productos naturales con funciones específicas, mejorar la calidad y seguridad del cannabis, y promover la innovación, el desarrollo económico local y dar enfoque integral en las políticas de desarrollo, ya que los estudios científicos sobre los efectos medicinales del cannabis han sido limitados, en parte debido a las restricciones legales y la falta de financiación.
La investigación se desarrolla en varias etapas. Primero, un acercamiento social para reconocer las prácticas y saberes tradicionales alrededor de la planta; luego, la caracterización fotoquímica de sus compuestos; posteriormente, el uso de herramientas de inteligencia artificial para predecir posibles interacciones benéficas en el organismo; y, finalmente, estudios biológicos in vitro que permitan contrastar estos hallazgos.
Se trata, según explicó Ana María, de un estudio integral que no solo aborda la química, sino también la salud y el conocimiento comunitario, pues asegura que el propósito no es contradecir los saberes tradicionales, sino dialogar con ellos. Desde su perspectiva, la ciencia puede ayudar a explicar por qué ciertas prácticas funcionan, identificar los compuestos responsables y optimizar procesos, sin deslegitimar el conocimiento empírico de las comunidades. “La química está en muchas partes de la vida y nos ayuda a entender y valorar lo que nos rodea”, comentó.
Su interés por la ciencia nació en la infancia, viendo programas educativos y haciéndose preguntas constantes. Aunque reconoce que su carrera tuvo momentos de frustración y dudas, considera que ese camino fortaleció su disciplina y su deseo de seguir investigando. Ingresar a grupos de investigación le permitió, además, comprender que la investigación también es una forma de aportar soluciones concretas, como lo hizo en trabajos previos sobre reciclaje de aceite de cocina usado.

Ser beneficiaria de Orquídeas representa para ella su primera experiencia laboral como profesional en ciencia. Espera que el conocimiento generado pueda aportar, aunque sea de manera gradual, al bienestar de la comunidad con la que trabajan y a la desestigmatización de los cultivos legales de cannabis en la región.
También destaca la importancia de que existan programas que financien ciencia en Colombia, especialmente con enfoque de género. En su opinión no solo permiten desarrollar proyectos, sino que promueven la apropiación social del conocimiento y una ciencia más cercana a la ciudadanía. Considera que uno de los desafíos para las mujeres en este campo es la subestimación de sus propias capacidades, una barrera histórica que estos espacios ayudan a romper.
Para ella, hacer ciencia parte de una pregunta clara y de un desafío concreto por resolver. Aunque reconoce que en Colombia la investigación enfrenta limitaciones de recursos y financiación, valora que existan convocatorias que impulsen el talento joven. Insiste además en la necesidad de divulgar mejor los resultados científicos para que no se queden solo en círculos académicos.
Finalmente, deja un mensaje que resume su propia trayectoria: toda mujer científica empieza siendo una niña curiosa. Cultivar la curiosidad, hacer preguntas y no temer al interés por entender el mundo, dice, puede ser el primer paso hacia una vida dedicada a la ciencia.
El conocimiento solo cobra sentido cuando logra llegar a las personas: Carolina Castro
Angie Carolina Rosero Castro es comunicadora social de la Universidad del Cauca y ha construido su trayectoria en la locución, la redacción, la edición de podcast y la producción de contenidos digitales con enfoque comunitario. Su experiencia en el diagnóstico y diseño de campañas educativas la ha llevado a trabajar en proyectos radiales y digitales desde una perspectiva social.
En la propuesta investigativa que desarrolla para el Programa Orquídeas: Mujeres en la Ciencia, en donde fue seleccionada como joven investigadora, su papel se centra en diseñar e implementar la estrategia educomunicativa “ConCiencia: Ciencia y Educación para un Agua Segura”, una propuesta que busca involucrar activamente a la comunidad en los procesos científicos.
El proyecto fue titulado “Captura de contaminantes en agua mediante membranas basadas en nanofibras funcionalizadas con puntos cuánticos: un enfoque comunitario en Siberia”, que se desarrollará en el municipio de Caldono y busca generar conocimiento científico para la captura de contaminantes en el agua, promoviendo su apropiación social mediante procesos de formación y cocreación con actores locales. La investigación es liderada por Laura Margarita Valencia Osorio, investigadora en nanotecnología y materiales de filtración, y cuenta con el respaldo de Mónica Álvarez Laínez y de la Universidad EAFIT. Las investigadoras desarrollan el diseño experimental, la fabricación y validación de las membranas, el análisis de calidad del agua y el componente tecnológico, garantizando la rigurosidad científica de los contenidos que luego se transfieren a la comunidad.
Esta estrategia se alinea con el propósito de integrar participación ciudadana y comunicación pública de la ciencia en asuntos de interés social. A través de talleres formativos, el proyecto aborda la composición del agua, los posibles contaminantes y sus efectos en la salud. También promueve procesos de cocreación para producir cápsulas sonoras y un podcast en los que líderes, estudiantes y habitantes del territorio comparten experiencias y reflexiones sobre el cuidado del recurso hídrico. Como parte del fortalecimiento comunitario, se contempla la entrega de kits de filtración y capacitaciones dirigidas a adolescentes y adultos, en articulación con instituciones educativas, juntas de acción comunal y actores del acueducto local, con el objetivo de fomentar prácticas sostenibles en la gestión del agua.
Para Carolina, haber sido seleccionada en el Programa Orquídeas representa uno de los hitos más importantes de su vida profesional y personal. Lo asume como un reconocimiento al esfuerzo y a la constancia, pero también como una responsabilidad: la de abrir camino para que más mujeres jóvenes encuentren un lugar en la ciencia. Destaca que esta oportunidad le permite formarse junto a investigadoras de amplia trayectoria y comprender el conocimiento como una herramienta de transformación social. Desde su mirada, la ciencia no solo ocurre en laboratorios, sino también en diálogo permanente con las comunidades y sus necesidades.
Su motivación por este camino surgió durante el desarrollo de su tesis de grado para optar por el título de comunicadora social, cuando descubrió una afinidad por la educomunicación como forma de enseñar y despertar interés por la ciencia. Allí entendió el valor de la interdisciplinariedad para generar impacto social real y decidió continuar formándose en procesos científicos desde la comunicación. Afirma, que el programa amplió su visión sobre lo que significa investigar y reforzó la idea de que el conocimiento solo cobra sentido cuando logra llegar a las personas.
Carolina considera que programas como Orquídeas son clave para cerrar brechas de género en la investigación, pues generan oportunidades, financiamiento y referentes visibles. A su juicio, cuantas más mujeres lideran proyectos científicos, más niñas y jóvenes pueden imaginarse ocupando esos espacios en el futuro, y aunque reconoce avances, señala que aún existen retos relacionados con el acceso a oportunidades, la financiación y el reconocimiento del trabajo de las mujeres en la ciencia. Sin embargo, percibe un momento de transformación en el que cada vez más mujeres lideran procesos y abren camino a nuevas generaciones.
Asegura que su origen territorial, el departamento de Nariño, y haberse formado como profesional en el departamento del Cauca ha marcado su forma de entender la investigación. Crecer en contextos con problemáticas particulares a diferencia del resto del país, la impulsó a pensar en proyectos que respondan a necesidades reales. Desde su perspectiva, la investigación que nace en las regiones es más pertinente porque surge de problemáticas concretas y dialoga con los saberes locales.
En territorios como Nariño y Cauca, Carolina afirma que la ciencia puede ser una herramienta transformadora frente a problemas estructurales como el acceso a agua potable y el desconocimiento sobre su calidad. Es por esto que asegura que el proyecto de investigación puede contribuir a empoderar a las comunidades para que participen en la toma de decisiones y en la gestión de sus recursos, integrando conocimientos científicos y saberes locales. Convencida de que la comunicación es un puente entre el conocimiento y las personas, su apuesta es que la investigación no solo produzca datos, sino que genere transformaciones reales en la vida de las comunidades.