16% de cumplimiento: Balboa tiene un Plan de Desarrollo que existe solo en el papel

- La administración de Fabio Andrés Rodríguez Muñoz obtuvo una de las calificaciones más bajas del Cauca en la medición del DNP. Más del 83 % de lo que prometió a los balboenses no tiene avance verificable. Un municipio donde las necesidades se acumulan y las respuestas no llegan.
Cuando un municipio obtiene un puntaje de eficacia del 16,4 % en la medición del Departamento Nacional de Planeación, la primera reacción debería ser de alarma. No de alarma técnica ni de alarma burocrática. De alarma ciudadana. Porque un 16,4 % significa que de cada diez compromisos medibles que el alcalde Fabio Andrés Rodríguez Muñoz incluyó en su Plan de Desarrollo Territorial, apenas uno o dos muestran avance verificable en los sistemas del Estado. El resto, más del 83 % no existe como ejecución trazable.
El dato proviene de la medición de eficacia para la vigencia 2025, elaborada por la Subdirección de Planeación Territorial del DNP y publicada el 3 de junio de 2026. Es el cruce verificado de tres plataformas oficiales —SisPT, PIIP y CUIPO— que comparan lo programado contra lo ejecutado, peso por peso, indicador por indicador. No hay espacio para interpretaciones generosas: Balboa tiene un Plan de Desarrollo que, según los sistemas del Estado colombiano, existe fundamentalmente en el papel.
La dimensión del fracaso en cifras

Foto: Facebook Alcaldía Balboa.
Un 16,4 % de eficacia ubica a Balboa en el puesto 20 de los 42 municipios del Cauca. Por debajo de la mitad de la tabla. Por debajo de municipios con condiciones similares o más difíciles. Y peligrosamente cerca de la franja de municipios que oscilan entre el 0 y el 6 %, donde se concentran las peores administraciones del departamento.
La comparación con otros municipios del mismo departamento no deja lugar a justificaciones:

El promedio de la tipología 3 —a la que pertenece Balboa— es de 26,5 %. Ni siquiera eso alcanzó la administración de Rodríguez Muñoz. Su municipio quedó 10 puntos por debajo del promedio de su propio grupo, un grupo que ya de por sí refleja resultados mediocres a nivel nacional. Mientras La Sierra y Silvia —municipios con condiciones igualmente complejas— superaron el 97 %, Balboa no llegó ni a la quinta parte de ese puntaje.
Lo que un 16,4 % significa para los balboenses
Balboa es un municipio del sur del Cauca con una población que supera los 25.000 habitantes, ubicado entre la Panamericana y el macizo colombiano. Sus comunidades campesinas dependen de la inversión pública para acceder a servicios básicos: agua potable, saneamiento, salud, educación, vías terciarias que conecten las veredas con la cabecera. Cada peso del Plan de Desarrollo tiene un destinatario concreto: una familia que espera un acueducto, un estudiante que necesita una escuela en condiciones dignas, un adulto mayor que depende de un programa de atención.
Cuando el 83 % de ese Plan de Desarrollo no tiene avance verificable, lo que se traduce en la vida real no es un dato estadístico: son acueductos que no se construyeron, vías que no se pavimentaron, programas sociales que no se implementaron, obras de infraestructura que se quedaron en la fase de promesa. Son familias que siguen esperando lo que les ofrecieron y que no tienen forma de verificar si sus recursos se están invirtiendo como se comprometió.
Las preguntas que Rodríguez Muñoz debe responder
Un puntaje de 16,4 % no se explica por mala suerte ni por factores externos incontrolables. Se explica por fallas en la gestión: en la planeación, en la ejecución, en el reporte, o en las tres. Y la responsabilidad de esas fallas recae directamente en el alcalde y en su equipo de gobierno.
El alcalde Fabio Andrés Rodríguez Muñoz debe explicarle a su comunidad:
¿Qué pasó con los recursos de inversión de la vigencia 2025? ¿Se comprometieron y ejecutaron conforme al Plan de Desarrollo, o se destinaron a rubros no programados?
¿Por qué la información entre las plataformas SisPT, PIIP y CUIPO de Balboa no guarda coherencia? ¿La administración no reportó, reportó mal, o simplemente no ejecutó?
¿Cuántos de los productos del Plan de Desarrollo tienen contratación iniciada y cuántos permanecen sin ningún tipo de avance?
¿Qué capacidad técnica tiene el equipo de planeación del municipio para gestionar las plataformas del DNP, y qué acciones se han tomado para fortalecerla?
¿Qué rendición de cuentas pública se ha hecho a la comunidad balboense sobre el estado real de la ejecución del Plan de Desarrollo?
Estas preguntas no son un ejercicio retórico. Son las preguntas mínimas que cualquier ciudadano de Balboa debería formular a una administración que, según la única medición oficial del Estado para evaluar el cumplimiento de los planes de desarrollo, no ejecutó ni la sexta parte de lo que prometió.
Un mandato que se agota sin resultados visibles

Foto: Facebook Alcalde.
El período de gobierno de Fabio Andrés Rodríguez Muñoz es 2024-2027. La medición del DNP corresponde a la vigencia 2025 —es decir, al segundo año de mandato—. Para cuando un alcalde cierra su segundo año, la gestión debería estar en plena velocidad de crucero: los contratos adjudicados, las obras en ejecución, los programas sociales entregando resultados medibles. Un 16,4 % en el segundo año no es el resultado de una administración que está arrancando. Es el resultado de una administración que no arrancó.
Si la tendencia se mantiene, Balboa llegará al cierre del cuatrienio con un balance de gestión que difícilmente superará lo que cualquier comunidad podría considerar aceptable. Y los más de 25.000 balboenses habrán pasado cuatro años esperando la ejecución de un Plan de Desarrollo que, según los números del DNP, existió más como documento que como realidad.
Los ciudadanos de Balboa tienen derecho a una administración que cumpla lo que promete, que reporte con transparencia lo que ejecuta y que rinda cuentas cuando los resultados no alcanzan ni el mínimo esperado. Un 16,4 % de eficacia no cumple ninguna de esas condiciones. Y la comunidad no debería necesitar una medición del DNP para exigir lo que debería ser obvio: que los recursos públicos se inviertan en lo que se prometió.



