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Domingo, 11 de octubre de 2026

UN GIGANTESCO COSCORRÓN.

UN GIGANTESCO COSCORRÓN

Imagen por: https://gemini.google.com/

Por: Jaime Cárdenas

En uno de sus relatos el gran escritor brasileño João Guimarães Rosa- se trata del cuento Los hermanos Dagobé- refiere que en un pueblo del profundo sertao, de la región agreste y pobre del norte del Brasil, cuatro hermanos, los hermanos Dagobé eran quienes imponían su ley, por su crueldad y su temeridad, allá donde no había ley.

Un día de esos Liojorge, un joven del pueblo, en un acto de lo que suele llamarse la legítima defensa, mata al mayor de los hermanos, a Damastor Dagobé, el jefe de la banda, quien sin ton ni son había decidido que le cortaría las orejas.

Sus días están contados. El joven nordestino, como en ese otro relato excepcional: los Asesinos, de Hemingway, acepta su final, sabe que no podrá esconderse, que donde quiera que vaya será encontrado. Motivado por el mensaje de los hermanos sobrevivientes, ante el asombro de los pueblerinos, se le exige que les ayude a cargar el cajón rumbo al cementerio. Liojorge acude y cumple con el designio. Enterrado el mayor, todos esperan que los hermanos Dagobé maten a Liojorge, pero, en voz baja, uno de ellos le dice a Liojorge que se vaya, y agrega:

“Moço, o senhor vá, se recolha. Sucede que o meu saudoso irmão é que era um diabo de danado”

Y otro de los hermanos dirigiéndose a los presentes, cuando la lluvia volvía a caer en el cementerio les anuncia que todos ellos se van a vivir a ciudad grande.

El lector no puede tener otra explicación del final: el finado no solo era un peso insoportable para los pobladores de ese casi mítico rincón del Brasil, lo era así mismo para sus tres hermanos que le sobreviven. Es que, en el reparto del botín, en su trato, el finado Damastor Dagobé era tan cínico, tan arbitrario y tan cruel que los hermanos menores descansan cuando es muerto por Liojorge. (De contera el finado tenía buen dinero guardado fruto de las fechorías).

Con la muerte de Germán Vargas Lleras muchos de sus amigotes, de sus allegados, habrán sentido un alivio. Se sentirán liberados de un testigo incómodo, de un cómplice peligroso, de un Padrino que sabía demasiado sobre ellos y ese conocimiento estaba presente siempre, como una espada de Damocles, mientras estuviera vivo.

No puede llamar a sorpresas todos los elogios que desde la prensa del poder tradicional de Colombia le han dado, poco ha faltado   para que se lo compare con la madre Teresa de Calcuta. Lo que si llama la atención es el hecho de que el otro sector de la llamada polarización desde sus cúpulas, no se ha ahorrado los elogios dirigidos al difunto. Cierto es que mediando la muerte las conveniencias sociales llevan a la mesura, cuando no a la hipocresía, pero en el caso de Vargas Lleras, el silencio sobre su protagonismo en el saqueo y destrucción del país contradice las máximas de defensa de la vida y el anhelo de una sociedad ética. Mal se puede, en aras de las conveniencias políticas, sepultar a la verdad histórica necesaria precisamente para la edificación de este tipo de sociedad, de la sociedad moralmente viable a la que se aspira.

Germán Vargas Lleras fue el director de orquesta de la devastación del derecho fundamental a la salud. Los hermanos Vargas Lleras son responsables de las atrocidades que se han vivido con el robo de los recursos destinados a la salud pública.

Es un hecho que Petro y su exministra Carolina Corcho pretendieron transformar la realidad del sistema de salud al servicio de los hermanos Vargas Lleras y sus socios- Carolina Corcho mencionaba los favores que se extendieron con recursos de este sector a Santos y a Pastrana-, pero encontraron una oposición que tal vez no previeron o se encontraron  con que los facinerosos, -como llama Guimarães a los hermanos Dagobé- contaban con una fortaleza inexpugnable enraizada en lo institucional y en la comunicación. A cuatro años de estos nobles propósitos enfermarse estando afiliado a una EPS es una desgracia mayúscula, serán pocos los que puedan contrargumentar con hechos esta afirmación.

Pero hay más, mucho más. “El estadista que defendió la democracia”, como intitula El Tiempo cuando hace referencia a Vargas Lleras, sistemáticamente se opuso a cualquier favorecimiento estatal dirigido a las clases subalternas. Fue él quien fundó y se enorgulleció de dirigir el partido más corrupto, lo cual pareciera imposible como quiera que vivimos en un mar de venalidad. En los Llanos es conocido que se alió con las bandas mafiosas armadas; fue gran amigo del criminal esmeraldero Carranza, – como lo fue su superior cuando era vicepresidente, -, infiltró a la fiscalía para manipular los asuntos que lo comprometían y comprometían a los de su esfera imponiendo al Fiscal Martínez Neira de ingrata recordación; quiso revertir el artículo 90 de la constitución, norma que consagra la responsabilidad patrimonial del Estado.

Hay un extenso etcétera sobre esta lumbrera del neofascismo.

Germán Vargas Lleras: un gigantesco coscorrón que golpeó impunemente a Colombia.


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Jaime Cárdenas

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