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Sábado, 3 de octubre de 2026
miércoles 23 mayo, 2012 a las 7:56 pm


UN CABALLO PARA SHAKESPEARE

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombiano

El caballo Rupert, de 15 años, se prepara para debutar en la Royal Opera House de Londres en una nueva producción de la obra «Falstaff», el nombre de un personaje ficticio que aparece en tres obras de Shakespeare.* Así trae rotulada la revista Semana la imagen de un caballo quinceañero que llevará en su grupa a un bajo de potente voz, de bastante altura y peso en el escenario de gala.

Para ser actor y llegar al Royal Opera House se necesitan años de escuela, acreditar como garantía haber recibido clases de solfeo y con vocalistas, de maestros de renombre y haber recorrido otros escenarios con aplausos y éxito. Así llegaron Carusso, Tagliavini, Lanza, Pavarotti como tenores o barítonos como Raimondi y Tita Ruffo y, ahora, Ambrogio Maestri o bajos profundos o bufos como Giaurov, Frick o Chaliapin o sopranos como María Callas, Edith Piaf, María Malibrán o Jessye Norman.

A las tablas han subido, es cierto, burros, jirafas, de piel burda y resoplidos, reales y revestidos, jocosos y burlescos, en presentaciones callejeras o en teatros de pueblo. Ahora se anuncia, como gran hazaña, que Rupert es el caballo de más caché, merecedor de entrar por bambalinas a una de las salas más famosas del mundo del espectáculo. Y le están acicalando las crines para que luzca como los otros actores y actrices. Hasta le están preparando pienso y un balde grande por si acaso le dan ganas de hacer popó cuando haga su entrada. Es un divo nuevo que merece estos honores y preocupaciones.

Si William Shakespeare todavía viviera, estaría feliz de que animales como Rupert también fueran puestos en escena. Que relincharan al par que los tenores y los tambores, que se pasearan solemnes por entre los cortesanos. No importa que los pisaran o los tumbaran de la silla o que hicieran fiesta orinándose sobre la alfombra roja. También las cantantes y los actores la embarran con frecuencia.

Sin haber entrado al paseíllo de la fama este alazán con una peca blanca en su testuz ya es toda una celebridad. Más que usted o yo. Así son las cosas de la vida. Más demora uno en abrir los ojos algún día cuando cualquier animal salta ante los ojos de la gran prensa y desde la TV mundial lo ve paseando por el foro.

Pero nos alegramos de que Rupert haya logrado ser seleccionado entre muchos para este papel tan digno y exigente. No tuvo que hacer dieta, ni hacer colas para esperar a la puerta del empresario. Eso sí, ha debido asistir a varias audiciones, ensayar los pasos y demostrar que las lecciones de etiqueta también son para caballos y yeguas. Quienes lo han presentado a los organizadores de la gala de Falstaff no dejan de alabar el buen genio, las finas maneras, la confiabilidad y la puntualidad del elegante equino. Esperaremos que le vaya bien en el estreno. De él dependerá que en adelante otros cuadrúpedos sigan siendo invitados a la ópera.

El medroso y vanidoso John Falstaff, podrá entrar orondo, sentado sobre Rupert y cantar con voz lírica y profunda desde sus lomos. Lucirá más alto y llenará balcones con su tono de barítono. Luego, cuando bajen los telones, sabremos si el noble equino mereció ovaciones y agachó solemne la testa ante el respetable público.

23-05-12 – 9:18 a.m.

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