¡Que vuelvan las sotanas…!
Por: Luís Barrera
En el Cauca y en toda Colombia ya es raro ver un cura luciendo una sotana. Uno de los últimos ordenados de mayor recordación en el clero caucano y que siempre usó orgullosamente sotana fue Monseñor Gersaín Marín Molano.
El Código de Derecho Canónico, es donde están sumadas las normatividad y leyes que gobiernan a estas cuestiones eclesiales para quienes son gente no de leyes sino de amor y acción, les dice a los sacerdotes que han de vestir con ropa distintiva.
Siempre he sido de la misma opinión que de la Iglesia y el Papa. Y como Benedicto XVI quien, ha resaltado la importancia de llevar los hombres consagrados y ordenados aunque sea siempre el ‘cleryman’.
La explicación es muy sencilla. Si un bombero tiene que llevar su uniforme para apagar el fuego de un incendio, puesto que está trabajando, y un policía o soldado sus distintivos y dotación oficial, el sacerdote, que trabaja las 24 horas del día al servicio del Señor debe llevar siempre su uniforme.
No es para distinguirlos de otras personas civiles, sino para que demuestren con la sotana o el cleryman que se han entregado a Cristo y que son ministros de la Iglesia.
La misión del sacerdote, y fiel cumplidor de la voluntad de Dios, es predicar la Palabra del Señor, incluso cuando camina por la calle, viaja, sin pronunciar palabra. La sotana, el traje eclesiástico, el vestido talar, se convierte como en una extensión de la palabra, así por razones de clima y seguridad sea una incomodidad.
Un sacerdote con sotana por la calle es como un grito para los paganos. Un grito que les dice: ¡Dios existe! Vean aquí a uno de sus siervos. Por eso Satanás tiene tanto interés de un tiempo para acá en que de la vía pública desaparezcan todos los signos que hacen referencia a Dios.
Aunque nos tilden de anticuados y conservadores, opino de la gran importancia de volver usar el hábito religioso, que es una gracia de Dios, un regalo del cielo, y que solamente, los buenos, santos y fieles sacerdotes saben sacar el mejor provecho para la salvación de las almas.
También estoy de acuerdo con mis amigas rezanderas que “para servir al Señor no se debe ir de cualquier manera”. Las vestiduras sagradas del sacerdote deben ser la que la misma Iglesia pronuncie y sugiera en los tiempos. Pero la desobediencia ofende mucho al Señor, y hace daño a los que están por ejemplo, en la celebración de la Santa Misa.
Claro que la fe, el amor y la caridad residen en el corazón, no en el vestido. Pero se desbordan en multitud de detalles externos: uno de ellos es una vestidura de consagración. Las vestiduras eclesiásticas son un constante recuerdo de la dignidad que nos ha sido conferida, del poder que con humildad deben ostentar quienes solo a través de ellos perdonar los pecados y transformar el vino y las ostias en el cuerpo, la sangre y divinidad de Cristo.
La sotana viene siendo entonces como una lámpara que nos ayuda a ver con más claridad las cosas de nuestra vida. La sotana y el hábito religioso, simboliza también una vida espiritual, con claros significados de una entrega generosa y total a Dios, por ello es bueno que vuelvan las sotanas.
Los santos siempre han procurado predicar, incluso en defensa de la sotana y del hábito religioso. Puesto cuanto más cerca están de Dios, más quiere compartir esas alegrías. Y somos muchísimas personas, seglares, piadosos y laicos comprometidos de distintas edades que quieren ver a los sacerdotes, tal como el Señor Jesucristo pide.
Son innumerables los peligros espirituales que pueden acarrear cuando se prescinde de la sotana o del hábito religioso para identificarse con el mundo y no con Cristo. Es por eso que decía, que al negar la sotana o el cleryman se corre el riesgo de caer en males mayores, pero el llevarlo con dignidad y recogimiento, reciben muy seguramente de Dios gracias especiales.
El problema no es usar o no usar sotana, es cierto que “el hábito no hace al monje”, pero lo distingue. Todas las alternativas a la sotana pueden ser una concesión al mundo.
Como quien dice “Estoy en el mundo sin ser del mundo… pero que parezca como que soy del mundo”. Y desde luego, el sacerdote que no lleve sotana, también merece tener respeto, admiración y nuestras oraciones.
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