TORTUGA CON HIJO EN EL RÍO CALI


Loco-mbiano

Cada día tiene un incentivo y una razón para levantar el ánimo. Las pequeñas cosas también llenan la vida con un solo sorbo – o sorbo y medio -.
Del saludable paseo diario con mi novia alrededor del Río Cali, como escrupulosos interventores, vamos haciendo en voz alta un inventario con número y especie, de árboles, flores, aves y reptiles o ardillas que frecuentan la humedad y la frescura y se han habituado a este sector de la ciudad.
Estábamos ansiosos desde hace unas semanas porque no divisábamos las iguanas y sospechábamos que muchachos hambrientos las habrían cazado y matado para comérselas al carbón. Hoy hemos logrado ver cuatro ejemplares y ha cesado la preocupación. Saber que corren por las ramas, que ejercen su territorio a dentelladas, que caen de las alturas por la lucha de la supervivencia nos da tranquilidad.
Vemos que a veces desaparecen los garrapateros de cara corva y cola enorme, que las ardillas no nos asaltan con la frecuencia que quisiéramos o extrañamos que los gavilanes no sobrevuelen y emitan su pitido de advertencia. Sin embargo, la presencia de canarios, petirrojos, mirlas y garzas blancas y negras con plumaje azulado nos acompaña siempre.
A veces Cirilo, el búho, se pierde o cambia de casa y nos hace gastar más tiempo buscándolo junto al Museo La Tertulia, pero tampoco esperamos que llegue a la misma casa siempre. Tendrá sus motivos para no hacerlo.
Pero desde hace unos tres días unos nuevos huéspedes nos han sorprendido. Se trata de dos tortugas de tamaño mediano. Parecen madre y cría. Hoy tuvimos otra sospecha por la posición en que los encontramos y logré tomar la foto. Ustedes dirán.
Estos dos quelonios han entrado al inventario y los disfrutaremos en adelante.



