Se derrumbó el aura de ídolo de Lucho Herrera

Se derrumbó el aura de ídolo de Lucho Herrera
Lo investigan por instigar crímenes de paramilitares

Luis Alberto «Lucho» Herrera fue, durante décadas, símbolo de tenacidad y orgullo nacional. Su hazaña en la Vuelta a España de 1987 elevó al ciclismo colombiano a la élite mundial y cimentó su figura en el panteón de los grandes.
Sin embargo, ese pedestal tambalea bajo el peso de una denuncia que no solo hiere la imagen de un ídolo, sino que revuelve las fibras más profundas de una nación que aún no ha cerrado las heridas del conflicto armado.
El Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Fusagasugá pidió formalmente a la Fiscalía General de la Nación investigar al exciclista por su presunta responsabilidad en la desaparición forzada y posterior asesinato de cuatro campesinos vecinos a su finca.
Los hechos ocurrieron el 23 de octubre de 2002 en zona rural de Fusagasugá, cuando un grupo armado secuestró a Gonzalo Guerrero Jiménez, Víctor Manuel Rodríguez Martínez, José del Carmen Rodríguez Martínez y Diuviseldo Torres Vega. Nunca más se supo de ellos. Hoy, se confirma que fueron ejecutados a sangre fría.
Tres exparamilitares aseguraron que Herrera habría proporcionado información falsa y recursos económicos para que criminales bajo las órdenes de alias “Martín Llanos” hicieran el trabajo sucio.
El motivo, según sus testimonios, habría sido el despojo de tierras: el excampeón habría querido apropiarse de las pequeñas parcelas colindantes a su propiedad, y para ello, habría acusado a las víctimas de ser milicianos, marcándolos para su eliminación.
El caso, que ha sido declarado crimen de lesa humanidad por la Fiscalía, pone sobre la mesa dos verdades dolorosas: que en Colombia el despojo de tierras ha sido sistemático y muchas veces legitimado por estructuras de poder; y que nadie, ni siquiera las figuras más queridas del deporte o la cultura, está por encima de la ley cuando se trata de responder por crímenes atroces.
Este proceso apenas comienza, y el principio de presunción de inocencia debe respetarse. Pero los testimonios, la gravedad de los hechos, y el reconocimiento judicial del carácter imprescriptible de los crímenes obligan al país a mirar de frente una verdad incómoda: los héroes también pueden tener cuentas pendientes con la justicia.
En Colombia, aún estamos aprendiendo que la memoria no debe servir para enaltecer únicamente, sino también para exigir verdad. Y esa verdad debe estar desprovista de pasiones, sin ídolos inmaculados, sin relatos cómodos. Si un símbolo cae, que caiga con todo el peso de los hechos. Solo así podremos construir una historia que, algún día, merezca ser contada sin miedo ni vergüenza.
Imagen destacada: https://www.elespectador.com/deportes/ciclismo/egan-bernal-y-todos-los-colombianos-que-han-ganado-grandes-vueltas/ y https://youtu.be/-13iKF3lr60
Otras publicaciones de este autor en Proclama del Pacífico:




