Rosa Elvira Cely
Gloria Cepeda Vargas
Es tan escalofriante el modus operandi del asesinato perpetrado en Bogotá en la humanidad de Rosa Elvira Cely, que hasta un país como Colombia, recocido en un caldo inmundo de atropellos perpetrados contra la dignidad de la mujer, se levanta en protestas hasta ahora no vistas.
La opinión de los foristas que funge como termómetro para medir la reacción ciudadana ante hechos como éste, registra un comentario que evidencia hasta dónde nos ha degradado su impune recurrencia: “Para cometer un crimen tan despreciable, sólo se necesita ser colombiano”.
Ni todos los colombianos son capaces de caer tan bajo ni todos permanecen insensibles ante semejante aberración pero todos, incluidas las mujeres y de manera prioritaria las autoridades, somos coautores silenciosos, cómplices abúlicos e inertes de un crimen con características tan despreciables que vegeta al margen de cualquier postulado racional.
Más de una vez me he preguntado qué resorte se activa en los abismos cerebrales de algunos machos humanoides impulsándolos a resolverse así. Cuál la superioridad (en ellos inexistente o inalcanzable) que avizoran en la contraparte femenina y los hace actuar como seres visceralmente envidiosos y cobardes. Son tantas y tan cotidianas las agresiones de que la hacen víctima (ácido aventado al rostro, golpes, mutilaciones, insultos con evidente cariz sexual o genital o ridiculización de sus actos, entre otras lindezas) que ni la sociedad ni los tribunales se dan por aludidos. Rosa Elvira Cely, martirizada protagonista de una violación ocurrida el 24 de mayo en el Parque Nacional, alcanzó a llamar al 123 pidiendo ayuda. Más de tres horas tardaron en llegar al sitio los funcionarios policiales, es decir, dieron tiempo a los asesinos para regodearse en un banquete de sevicia, lágrimas, gritos, sangre y destrucción física y moral, que avergonzaría al criminal más avezado. Faltaron gravemente al cumplimiento de su deber haciéndose cómplices del crimen, por consiguiente coautores del mismo y en consecuencia deberían ser investigados. El irrisorio monto de la suma ofrecida como recompensa en este caso, habla por sí sola. Ignoro si será demasiado tarde para rehacernos como seres convivientes. ¿Sería mucho pedir que dejaran a un lado las magnificadas histerias de los poderosos y se abocaran seriamente a la reconstrucción del país?
*******************************
COMENTARIO:
Alfonso: fuerte y en su sitio el artículo de Gloria Cepeda. No sé si en Colombia ya exista un Ministerio o una organizacióm como tal en defensa de la integridad y los derechos de la mujer, es más, soy de la opinión de que debería crearse un cuerpo militar o policial dirigido y controlado por las mujeres de uniforme que procedan con energía y sin titubeos en este campo. Te he enviado el poema de una poeta anónima, un hermoso poema que relata la odisea de ser mujer, de alguna manera Scherezada fue para mí en ese sentido una heroina y las poetas y escritoras del mundio árabe que libran su lucha sin cuartel. Cordial saludo, Paul Disnard
Leer más…




