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Lunes, 5 de octubre de 2026
lunes 4 junio, 2012 a las 7:58 pm

LA ANGUSTIA CAUCANA

CREPITACIONES 2012

POR LIC. JAVIER ENRIQUE DORADO MEDINA

Correo electrónico: [email protected]

Cuando era un niño que asistía religiosamente a mi querida Escuela Urbana en Bolívar (Cauca), a aprender con alegría mis primeras letras de parte de mis maestros Alcides Cajas y Alberto Molano, vivía con mucha intensidad esos días plenos de sabiduría y conocimiento, en medio de un paisaje andino color verde esmeralda, acompañado de unos cerros prodigiosos que circundaban al pueblo como vigías milenarios.

Ese ambiente pacífico y propicio para estudiar, se rompió abruptamente un día cualquiera, cuando los vientos montañeros trajeron el rumor acerca de la posible presencia de los llamados bandoleros, quienes según las noticias radiales estaban destruyendo medio país, asesinando a cualquier colombiano por tener distinto color político. En mi ingenuidad infantil, pensaba que esos inmensos cerros milenarios nos iban a proteger de esos bandoleros, pero no fue así ya que los habitantes del pueblo, por el miedo natural a encontrarse con esos matones, a las 6 de la tarde cerraban puertas y ventanas y Bolívar se convertía en un pueblo fantasma, en medio de una oscuridad total y el triste aullido de unos perros también temerosos.

Años después, esos rumores tenebrosos se hicieron realidad y una noche cualquiera los bandoleros se tomaron al pueblo y en medio del traqueteo y el enfrentamiento, mi angustiada madre Amelia (q.e.p.d) y nuestro padre José Antonio, nos abrazaban asustados y nos llevaban a escondernos debajo de las camas, aconsejándonos no hacer ningún ruido. Así nos quedábamos hasta el otro día, cuando ella se levantaba con todo el disimulo del caso y abría la ventana bien despacito, mirando en todas direcciones, comprobando que afuera todo estaba normal. Así pasaba el tiempo en esos peligrosos días.

Cansados de tantos miedos y angustias, otro día decidieron trasladarse a Popayán en busca de la tranquilidad y la paz perdidas en Bolívar, pero ocurrió algo inconcebible y contradictorio, producto de esta guerra absurda y sangrienta. Al año exacto, en un ataque de la guerrilla de las Farc, en las goteras de Popayán, el 8 de diciembre del 2000, en horas de la noche, iba en un colectivo urbano, siendo atacado por los guerrilleros, ella fue herida gravemente y conducida al Hospital, donde murió a los 65 años de edad. Dios quiso darle la paz eterna, que es la única que este conflicto armado nos está dando a los colombianos de bien y a los caucanos en particular.

Todo este recorderis se me vino a la mente en días pasados, cuando las pantallas de televisión mostraban esas escenas angustiosas de los habitantes del norte del Cauca, de los sectores de Caloto, Corinto y Miranda, corriendo presurosos y con miedo, para salvar sus vidas, en medio de los enfrentamientos armados de los dos bandos. No hay derecho a que los caucanos sigamos siendo carne de cañón, por toda la vida. ¿Hasta cuándo Dios mío?

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