PUERTO TEJADA: Hilda Myriam Lasso Largacha


Hilda Myriam Lasso Largacha, criada y educada con esmero por su familia para que colocase sus conocimientos al servicio de su pueblo natal, Puerto Tejada, fue ultimada en su casa a tiros, sin pudor alguno, por unos jovenzuelos que se movilizaban en bicicleta; los hombres de verdad no golpean mujeres y mucho menos las matan sicariadas, a menos que, los resortes morales de la formación social donde provengan estén destruidos.
Puerto Tejada es una población enclavada en la parte noroccidental del departamento del Cauca en los límites con el departamento del Valle, creada a finales del siglo XIX, llegando a tener una inusitada importancia en la segunda mitad del siglo XX, pues la fertilidad de sus tierras provocó un crecimiento en la agricultura que cualquier municipio de Colombia envidiaría, a tal punto que el cacao, plátano, maíz, sorgo, soya, que se producía en sus tierras perfectamente se podría decir que eran prototipos en Colombia de esos productos.
Se dieron las circunstancias de mercado y todo el valle geográfico del río Cauca a la altura de este municipio y sus vecinos fueron sembrados de caña de azúcar, presumiéndose que por ser un desarrollo más elevado de la agroindustria el progreso no se dejaría esperar, desapareciendo por contera pequeños y medianos colonos que se dedicaban a menesteres agrícolas atrás mencionados.
En Puerto Tejada y sus lugares aledaños, como en casi toda Colombia, se tejieron unos valores sociales y morales propios del Cristianismo, tales como no matar, no robar, respetar a la gente por edad, dignidad y gobierno. Y como pueblo recién constituido, trabajar en equipo para lograr beneficios comunitarios.
Pero la agroindustria trajo migración de pueblos pobres de la costa pacífica y del interior del país, ávidos de educación, salud y al menos un salario que les permitiese subsistir, estos servicios les han sido negados sempiternamente en sus lugares de origen, a los cuales podrían acceder más fácilmente en una vecindad aledaña a la gran urbe la ciudad de Cali.
La consecuencia no se ha dejado esperar y el tejido social que se ha construido durante tantos años está amenazado, porque, repito, la presencia estatal solo es policiva, aumentándose aritméticamente cada vez que se evidencia un problema, es decir, si teníamos 10 policías, nos mandarán 15, sin atender la reconstrucción social del tejido, cuyo daño no es aritmético, sino geométrico, produciendo desazón y desconcierto en los que profesan por una vida civilizada y en paz.
Esta nueva integración convino la pobreza extrema, sobre todo, para algunos sectores juveniles, donde a más de sus problemas: falta de empleo, adolescencia sin rumbo, deserción escolar; con una diabólica quimera; el pillaje, la solución es la anarquía, y el respeto, las armas, aunado a la posibilidad de daño.



