
Varios ciudadanos que se encontraban en la mañana de este 28 de marzo “disfrutando” de un descanso sabatino en una de las bancas del parque Francisco de Paula Santander se mostraron indignados cuando una rama seca de una de las palmas que rodean el citado parque, se desprendió repentinamente cayendo sobre la humanidad de una dama causándole lesiones que obligaron su inmediato traslado al hospital local para su evaluación. “No sabía dónde estaba, veía nublado”, dijo la afectada, quien además sostuvo: “yo la estoy contando, pero si le pasara a una persona mayor o a una criatura no sé si lo soportarían”.
El desprendimiento intempestivo de ramas ocurre frecuentemente en el parque por el estado de abandono en que se encuentra, lo cual ha causado contusiones y lesiones a varias personas pues las pesadas ramas caen rozando en su trayectoria a las personas e hiriendo a otras. Igual podría ocurrir en el parque Bolívar, donde algunas ramas del famoso samán de Quilichao se encuentran podridas y a punto de desprenderse, lo cual se constituye en un evidente riesgo especialmente para los niños que juegan en esos predios públicos.
Y es que, en opinión de muchos ciudadanos, «los árboles y los parques no están cuidados, inclusive no hay control sobre los numerosos hormigueros que destruyen los jardines”, como lo dijo a Proclama del Cauca uno de los indignados ciudadanos que ven con tristeza el parque principal de la segunda ciudad del Cauca.
Puede entonces deducirse que en Santander de Quilichao los parques perdieron su función social, al punto que, precisamente, frente a la Alcaldía Municipal, como un desafío a la autoridad –perdida- y al espacio público que debería ser de todos los ciudadanos, se instaló de manera permanente una librería que obstruye el libre tránsito, especialmente de niños, personas de la tercera edad e incapacitados que no pueden hacer uso del bien público porque fue concedido a un particular con el visto bueno (o malo) de la administración municipal. Los días de mercado – que ahora son casi todos – también se instalan en el parque desde ventas de vehículos nuevos por parte de algunos concesionarios que llegan de Cali, instalando mesas de atención al público sobre los andenes, hasta toda clase de cachivaches, aprovechando la absoluta falta de autoridad que así queda demostrada otra vez en esta ciudad.
Al parecer, la administración municipal desconoce que debe garantizar el uso público y libre acceso a los parques, además de que dentro de las funciones ecológicas deben procurar la retención de carbono, la formación de oxígeno y amortiguación de la temperatura y los ruidos.
Los parques deberían ser zonas de reunión social, creativa y recreativa, en los que se pueda pasear, leer un libro, practicar deporte, sin riesgos como los denunciados. Deberían tener también una función estética, mejorando la calidad paisajística a través de una visión mucho más cercana y amable, que ayuden a conectar con la naturaleza y a desconectar de lo inerte que son los elementos que forman la ciudad. Pero por lo visto, creo que esto también es mucho pedir a la actual administración de este municipio.



