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Sábado, 3 de octubre de 2026
martes 7 mayo, 2013 a las 4:36 pm

POEMAS DE AMOR

Gloria Cepeda Vargas
Gloria Cepeda Vargas

I

Caracas, te saludo

a pesar de tus manos al revés

no te has hundido aun

ni eres ese acerico cruzado de alfileres.

Muchacha de clavel

marimba loca

un hilo de agua limpia

guía los titubeos del sonámbulo.

Bella como una joven desnuda entre las aguas

hecha toda de acero

de humanidad intacta

brindemos por tu traje del domingo

por tus pies insumisos

por lo que asoma

esquivando cabezas destroncadas

por lo difícil de escanciar el tiempo

en un envase roto.

II

Quizá no vuelva

ese color donde no logro asirme

todo es “tal vez”

“quién sabe”

“si acaso”

“de repente”.

Tal vez

no regrese la luna

los libros de las ventas callejeras

llenan la tarde de alas y graznidos

un cafetín resiste

una canción oída muchas veces

escala las paredes.

Quizá

tal vez

si acaso

el mundo es una caja ciega

¿caminamos o no?

baila la cuerda floja.

II

Nado y te alejas

corro y te encaramas

llamo y solo responde

el glu glu del invierno

y aquí me tienes

escuchando tus cuitas

saltándome tus baches

adelante y atrás

cofia de harina

para atrás y adelante

pase usted, comandante

sabor de vino rancio

globo roto.

En el aire tu pátina de menta

los niños

las mujeres

los hombres verdaderos

la cara de la luna que pretenden

espolvorear con cal

ellos mismos se inventan

se reciclan

se deshacen de espaldas al tsunami

no es para mí este verde

no quiero este café

se te cayeron todas las escamas

oscureció de pie.

III

Hay que llamar las cosas por su nombre

harta estoy de palabras con gorguera

todos a media voz. Los poderosos

es decir, los que tejen y destejen

son alacranes con ponzoña de oro

mientras los invisibles

se juegan la ceniza

en el macabro lance de la muerte.

Pasa la caravana

enana de alma y grande de impudicia

¿habrá tiempo

de rescatar el tiempo?

IV

Hay ciudades amables

que nos pertenecieron

alguna vez

sillas al sol de un día irrepetible

carpas para dormir con el amor.

Hay noches desatadas

bajo el látigo rojo del espanto

horas

azules y profundas

como para abrevarlas lentamente

momentos ensartados

en un hilo tan fino

que se rompe al mirarlo

ráfagas que guardamos

con llave y cerradura

minutos de papel

rodando por las calles del olvido

hay ciudades

jardines

trombas iluminadas

pájaros que murieron

pero siguen cantando.