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Jueves, 1 de octubre de 2026
jueves 13 abril, 2017 a las 8:20 am

PILATOS

pilatos
Rodrigo Valencia Q ©

Esa noche, Pilatos no podía dormir.

Su lecho era una sensación lacerante; hasta la oscuridad gritaba con mil voces acusantes. Con insistencia, su vigilia era nido de la pena, angustia y sudor de alma que quiere huir de sí misma.

Pero nadie huye de sí mismo sin pasar por el juicio de la vida, y la muerte es a veces la última esperanza; mas él no recurriría a ella; no era lo suficientemente fuerte para irse voluntariamente al mundo de las sombras.

“¿Qué soy yo? ¿Dónde está el poder, qué es un gobernador? ¿Una ficha del destino, un cruce de caminos para la impotencia? El agua no lavará mis manos de la culpa contra ese hombre santo. Y el Sanedrín, el sumo sacerdote, la presión del pueblo… ¿Dónde la justicia, la salud, el honor y la gloria?”

“¡Oh, Dios!, ¡qué soy yo, qué he hecho, qué soy yo!”, repetía, como alma atormentada…

Y entonces se levantó del lecho, y aunque caía un aguacero torrencial esa noche, salió al sereno, al patio interno de palacio.

Y nadie había. Sólo oscuridad sin luna. Sólo el vacilante resplandor de las teas iluminaba los pilares, que proyectaban sombras mezcladas con angustia.

Y entonces apareció Jesús, se acercaba penosamente. La lluvia empapaba su cuerpo semidesnudo; llaga viva, el dolor de los azotes era inminencia ante los ojos de Pilatos.

Y realmente Él apareció de la nada, como un espectro soberano, sutil presencia vaporosa.

“No vengo a reclamarte nada; el juicio del mundo aún está

por venir sobre mí, así son los designios de mi Padre Santo”, dijo, con voz de soledad, que agrandaba más la pena de esa noche.

Pilatos se arrodilló ante Él, trató de asir esa forma, pero tan sólo era un espectro.

Y entonces lloró como nunca había llorado, sintió en lo íntimo un desgarramiento…

Había desolación entre el cielo y la tierra.

Y el rostro de Jesús era inefable, aun marcado por las llagas y la sangre.

“Ecce Homo, dijiste; y realmente no soy otra cosa: soy el hombre, pero soy el Dios que está en tu interior. El dolor es mi gloria en el mundo, lo Inefable es mi esencia en el Padre; y cada quien hace lo que ha de hacer. Ve a tu Íntimo, al Anciano de los Días, allí conseguirás el perdón”, dijo el espectro de Jesús.

Y su rostro sonreía; y entonces levemente flotó, se desplazó despacio hacia atrás, su cuerpo marcado por los azotes poco a poco se esfumó.

Pilatos era un despojo tras la lluvia.

RVQ

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