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miércoles 12 abril, 2017 a las 7:12 pm

JUDAS, OTRA VEZ

judas 2
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
http://www.televisionando.es/fotos/la-biblia-fotos-de-la-serie_1751_6.html

Cada Semana Santa vuelve, casi necesariamente a aparecer en escena la figura de Judas, con su sonrisa disimulada de apóstol de Jesús de Nazareth. Porque mañana es la fecha del banquete que organizó José de Arimatea en Emmaús en honor de su amigo. Sobre el mantel hay un membrete: Judas, a la derecha de Jesús. No muy junto a su discípulo amado.

Judas tiene su historia y, cada año, nos la recuerda el santoral en las ceremonias de Semana Santa. Todos los hombres, pescadores, recaudadores de impuestos o simples escogidos por la sabiduría del Maestro fueron elevados por la tradición como santos. Pero Judas pasó a la historia como el malo del rebaño.

Tenía un puesto importante entre los doce escogidos. Él era el encargado de la bolsa, de recoger las donaciones que – desde esa época – daban las gentes adictas a Jesús, el predicador, el milagrero, el hombre que recorría calles y caminos por Judea sanando enfermos, congregando alrededor de si a pequeños grupos, a quienes les hablaba de su Padre y les prometía otro cielo mejor que el terreno.

Judas era un discípulo discreto y callado. No figuraba aunque era el cajero mayor. Era un ave rara porque administrar los dineros con la imagen del César era un signo de confianza del Maestro. Más prestigio tenía Pedro y Juan y hasta Santiago. Pedro tuvo preeminencia sobre los demás porque lo elevó Jesús como fundamental cimiento de su grey, de su compañía. Juan era el apóstol amado. El predilecto. Aunque todos fueron elegidos con cuidado y fueron llamados a ser su corte diaria, los tres eran tenían ganado prestigio en el trato en consideración a su fidelidad.

En realidad Judas nunca tuvo una falla con el Maestro ni se aprovechó de su condición de administrador de los bienes pecuniarios que recogía de los donantes voluntarios. Qué sino tan especial éste de que la gente pague por favoritismo a quien habla bien y promete un lugar más allá del mundo que vivimos aquí en la tierra.

Judas, a ojos de todos, era un inmejorable recaudador de limosnas. Él pagaba las comidas en casas de familia y las fiestas ocasionales de los amigos de Jesús, como unas bodas cerca de Galilea, en Caná. No sabemos si había en esa época hoteles o restaurantes para comida corriente. Pero había para todos por cuenta del Jefe. Además, repartía limosnas a los pobres y enfermos.

¿Qué pasaría por la cabeza de Judas en esos días en que Jesús se retiró al Huerto de Getsemaní a orar? Él lo sintió aburrido y huidizo. Decía que algo iba a ocurrir y que volvía a su Padre. ¿Presintió acaso Judas que Jesús estaba enfermo y él quedaría dueño y señor de la Bolsa? Seguramente. Pero se cuidó y aseguró que todo sucediera como Él les había anunciado. Moriría y al tercer día resucitaría. Tomó de los ahorros 30 denarios y los dio al Sanedrín para que lo acusaran, procesaran y lo castigaran como se acostumbraba en la época. Clavado en una cruz por embaucador y llamarse el Hijo de Dios. Se aprovechó de su tristeza y se alzó con los bienes comunes que guardaba. Sin escrúpulos ni contemplaciones. De lo que sucedió después ya está escrito y no es necesario contarlo. Quedó como el traidor.

12-04-17                            12:00 m.

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