Petro en cuenta regresiva

Petro en cuenta regresiva

Desde su llegada al poder, la administración Petro ha enarbolado las banderas de la justicia social, la paz total y la transición energética, prometiendo transformaciones estructurales en un país marcado por la desigualdad y los conflictos históricos.
En el ámbito de las reformas sociales, hemos sido testigos de una intensa batalla legislativa. Las reformas pensional y laboral, por ejemplo, han logrado sortear complejos obstáculos, a menudo bajo una fuerte presión política, como bien lo evidenció la posibilidad de una consulta popular.
Estos son triunfos agridulces, sí, pero que marcan un avance en una agenda que busca redefinir las relaciones laborales y la protección de la vejez, en un pulso constante con las fuerzas de oposición y, en ocasiones, con el pulso mismo del legislativo y las altas cortes.
Me dio hoy por hacer un ejercicio numérico: la regla de tres simple directa que nos enseñaban en la escuela. Si en 1046 días el cambio ha sido, en el mejor de los casos, parcial y accidentado, entonces en el tercio final del gobierno el margen de ejecución real será estrecho.
Sin embargo, yo confío en que la política no se deja dominar del todo por la aritmética. Estos 415 días que faltan pueden cambiar el tono del mandato Petro, claro que también podrían sellar su epitafio.
Petro llegó con la legitimidad inédita de ser el primer presidente de izquierda elegido democráticamente en Colombia. Ese solo hecho alteró el mapa político del continente.
Pero gobernar no es lo mismo que llegar al poder. Gobernar implica tejer, escuchar, acordar sin claudicar. Y ahí es donde las cuentas empiezan a desalinearse.
La promesa de la «Paz Total» se transformó en una cadena de diálogos rotos, cese al fuego unilaterales, disidencias que siguen matando, comunidades que no distinguen entre actores armados y Estado. El hambre sigue. La inversión rural estructural no despega. La informalidad laboral crece. El narcotráfico en el Cauca florece. La minería ilegal avanza como hiedra.
¿Y lo que sí se ha hecho?
Es justo decirlo: se ha aumentado el salario mínimo por encima de la inflación, se ha ejecutado el programa de transferencias «Renta Ciudadana», se han impulsado proyectos de energías renovables, se ha reorientado la política de drogas y se ha elevado la voz en foros internacionales contra el modelo extractivista global.
La gestión económica ha sido un terreno de contrastes. Si bien la inflación ha mostrado una tendencia a la baja, el desafío de atraer inversión productiva y generar empleo formal sigue siendo una asignatura pendiente, especialmente en un contexto global volátil y con sectores empresariales en alerta. La pugnacidad política, exacerbada por discursos polarizadores, ha permeado cada debate, desde el Congreso hasta las calles, generando un ambiente de crispación que, como advertimos, puede tener consecuencias nefastas.
Entonces, ¿qué puede pasar en los próximos 415 días?
Puede pasar lo que se decida construir desde una política que reconozca que el mandato popular no es una chequera en blanco, sino una hoja que se llena con trabajo, humildad y resultados.
Podría, por ejemplo, acelerarse la implementación del Acuerdo de Paz, no solo como bandera, sino como acción territorial. Podría dejarse instalada una verdadera transición energética justa, no cosmética. Podría hacer lo conveniente y adecuado para que el departamento del Cauca al fin pueda mirar su futuro con oprimismo. Podría cerrarse el gobierno con menos violencia, más salud comunitaria y más educación popular.
Pero para eso, Petro y su equipo deben asumir que el tiempo del discurso hace rato que pasó. Ahora manda el calendario. Y 415 días, aunque parezcan poco, son suficientes para escribir un legado… o un fracaso.
En resumidas cuentas, cuando el poder olvida que el reloj también gobierna, llega tarde a la historia. Entonces, debe gobernar con lo que tiene, no con lo que soñó; hablar menos y cumplir más:
- Consolidación de reformas: Es imperativo que las reformas pensional y laboral, así como la crucial reforma a la salud (si lograra resurgir), se afiancen y demuestren su efectividad en la vida de los ciudadanos. Superar los vicios de forma y asegurar su implementación será un desafío mayúsculo.
- Paz con resultados tangibles: Los diálogos de paz deben traducirse en una reducción significativa de la violencia y en la reintegración efectiva de los actores armados a la vida civil, con un control estatal reforzado en los territorios.
- Impulso económico y empleo: Es vital que se generen condiciones para la inversión, se reactive el empleo formal y se fortalezca el tejido productivo, especialmente en las regiones más vulnerables.
- Reducción de la polarización: El liderazgo del Ejecutivo y de todos los actores políticos debe propender por un diálogo constructivo, desescalando el lenguaje y buscando consensos mínimos que permitan avanzar como nación.
- Transición energética y ambiental: Acelerar la implementación de políticas que garanticen una transición energética justa y la protección efectiva de nuestros ecosistemas, ante la crisis climática global.
He querido decir que, la gestión que realice el gobierno del presidente Petro en los 415 días que le quedan definirá, en gran medida, el legado de esta administración y el punto de partida para los desafíos futuros del país.
La tarea es titánica y exige una capacidad de escucha, una voluntad de diálogo y una contundencia en la ejecución que superen las barreras ideológicas y los intereses particulares.
La ciudadanía, por su parte, tiene la responsabilidad de ser una veedora crítica y activa, exigiendo resultados y promoviendo la construcción de una Colombia más justa, equitativa y en paz.
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