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Sábado, 3 de octubre de 2026
sábado 11 junio, 2011 a las 7:07 pm

Pentecostés Político

Por: Luís Barrera
El mundo es de Dios, pero se lo alquila a los valientes. Es que Dios ha hecho al mundo, pero ha querido ponerlo en manos de los hombres para que lo perfeccionen y desarrollen buscando el bienestar y puedan tener vida en abundancia.
Por eso es preciso que los hombres y mujeres que participan en la actividad de la política cobren conciencia de esta su responsabilidad: que Dios no hará por sí lo que ha determinado hacer por los hombres.
Los políticos todos, quienes aspiren a gobernar un pueblo y a dirigir sus destinos deben llenarse, pues, de coraje; sumergirse en los tiempos y oportunidades de la democracia; transformándose en verdaderos apóstoles.
Quizá muchos no puedan contribuir a que el mundo y la sociedad se desarrolle y perfeccione en el campo de mejores condiciones de vida para sus coterráneos y conciudadanos, pero sí pueden contribuir en el campo de la justicia, de la verdad, de la bondad, la solidaridad y el interés colectivo.
Haciéndose apóstoles del bien común se les abrirán caminos para sus vocaciones de servicios y llegará la paz con su sonrisa y el amor se difundirá para todos como un río de amplias orillas; y habrá un mundo mejor, más perfecto, más justo; y habremos elegidos y electores colaborado con Dios en su obra creadora.
El presidente Santos al sancionar la Ley de Víctimas afirmó que los colombianos “No estamos condenados a 100 años de soledad ni a 100 años de violencia” y es que algún día al menos tenemos que imaginarnos a millones de hombres, mujeres y niños fundidos en un mismo y bello Espíritu.
Que podamos unirnos en una meditación de propósito nacional sincronizada para elevar la consciencia en toda Colombia. Que podamos afirmar que deseamos vivir una visión más luminosa que todo lo que está vivo pueda compartir.
Que podamos visualizar mil años de paz en este país a partir de este momento. Que podamos abrazar a todas las personas sin importar su raza, religión, creencias o credo político.
Que podamos recordar que en el corazón no hay división sino Unidad en el Espíritu.
Por ello el mundo Cristiano y en especial la Iglesia Católica celebramos la solemnidad de Pentecostés, con la cual concluimos las siete semanas de fiestas pascuales que iniciamos el domingo de resurrección.
La venida del Espíritu Santo tiene como objetivo hacer que Jesús resucitado continúe vivo y operante en su Iglesia. El Espíritu Santo es enviado por Dios Padre para que toda la obra redentora de Cristo se actualice en la historia, hasta el último rincón de la tierra, por medio de la Iglesia.
Debemos, pues, construir la unidad en las familias, en la sociedad y en la Iglesia, dentro de la pluralidad de legítimas diferencias. Hemos de pedir al Espíritu Santo que venga nuevamente como un viento impetuoso y se lleve lejos tanta división que hay en la política colombiana, en los partidos y en los hogares.
Que su fuego divino queme los odios y las envidias, los insultos y las calumnias, las desconfianzas y las descalificaciones. Que el fuego del Espíritu transforme los corazones egoístas en generosos, las actitudes agresivas y violentas en pacificadoras, las mentes perversas y desestabilizadoras en leales y constructivas.
Que el Espíritu Santo ilumine a los dirigentes sociales, políticos y económicos, para que tengan apertura de mente y de corazón y, así, promuevan unas estructuras más justas, humanas y solidarias.
Que el Espíritu Santo nos ayude a hacer posible la fraternidad y la reconciliación en este Cauca de contrariedades.
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